Columna de APPCU: Dineros ajenos y gobiernos

En función de cómo actúa el gobierno, los ciudadanos invertirán o no invertirán, tendrán el dinero a buen recaudo en una institución financiera o en algún ropero.

Aníbal Durán
Aníbal Durán

El tener poder determina una enorme responsabilidad. Porque entre otras cosas, el gobernante se hace “dueño” de decisiones ajenas, de decisiones de los ciudadanos. En función de cómo actúa el gobierno, los ciudadanos invertirán o no invertirán, tendrán el dinero a buen recaudo en una institución financiera o en algún ropero. Y los ejemplos se multiplican.

Y existen ejemplos lesivos recientes de fraudes en contratos privados, además.

Los gobernantes en muchas ocasiones creen gozar de un aura superior, poseen un ego desmedido, estiran la mano y poco menos que tocan a Dios…Lamentablemente es así en muchos ejemplos. Seguramente nuestro país, sea una atinada excepción.

¿Son conscientes los gobernantes de que es imperioso tener un espíritu que carezca de omnipotencia? ¿Son conscientes de que escuchar es una buena herramienta para actuar en consecuencia? ¿Son conscientes de que por más que el pueblo los haya ungido gobernantes con el voto, no alcanzarán jamás la cuadratura del círculo?

Aquí volvemos al tema recurrente que refiere al burócrata de turno que toma decisiones que repercuten en la actividad económica, en nuestro caso los promotores privados.

Hay inversiones que penden de un hilo porque no se genera la fluidez necesaria para tomar decisiones. Y se regula y se regula y se regula…porque regulando tienen poder y pareciera que dicho poder, los enaltece, les hincha el pecho, los hace casi que imprescindibles.

Hablo en términos generales y no corresponde ser específico, ya en la jerga cotidiana el tema se sabe y los jerarcas también.

No me compete hablar de mala fe; eso ya sería doloso, fue dicho, nefasto y al jerarca habría que eliminarlo.

APPCU

Pero el sentido común debería imperar: el promotor privado que va a invertir millones de dólares en un emprendimiento inmobiliario que lleva 3,4, 5 años, que debe comprar un terreno, que tiene que conseguir un grupo de obreros que estén acorde a la responsabilidad por venir, que debe guardar mucho recato por la seguridad de lo que suceda en la obra, sabiendo que la industria de la construcción es una industria que conlleva sus peculiaridades para trabajar, debe todavía esperar que los astros estén alineados para que de esa forma su proyecto fluya y lo pueda comenzar en tiempo y forma.

Tenemos bien claro que el actual gobierno es consciente de estas expresiones y estamos con un interesante optimismo, primero esperanzados en el diálogo que venimos manteniendo y segundo en que la fluidez impere en los trámites y regulaciones de distinta índole. Hablo a nivel de gobierno nacional y gobiernos departamentales. Estamos esperando el proyecto de ley que el Ministerio de Economía y Finanzas elevará al Parlamento, que precisamente encara estos aspectos que mencionamos.

Lo inconducente es la retórica “... el arte del buen decir...” y todo queda en esa instancia circunstancial con el jerarca de turno, donde un buen café fue el entorno de una respetuosa charla, pero que luego no se cristaliza en resultados. Y recordar que la respuesta negativa a nuestra requisitoria, también es válida y el promotor sabrá a qué atenerse.

Estamos expectantes con el nuevo decreto de ENTRE TODOS, vivienda promovida con tope de precio, encarada para deciles más bajos que la vivienda promovida tradicional.

Somos recurrentes y finalizando: el blasón de la libertad y la buena fe deben imperar y no se deberían exigir trámites burocráticos que impidan o ralenticen inversiones que es puro virtuosismo para el país. Se tiene conciencia del problema, afortunadamente.

El ropaje de la humildad, la mesura en los gobernantes, la voluntad de decidir apostando al “cliente inversor”, deberían ser materia exigible.

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