Una monarquía que se adapta para sobrevivir

Futuro. La crisis tras la muerte de Diana es una etapa superada, coinciden los analistas. Señalan que la princesa Catalina será clave en que logre reinventarse

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LONDRES

La monarquía, cuyos cimientos fueron sacudidos tras la muerte de la princesa Diana, que puso en evidencia su desconocimiento y lejanía del pueblo británico, demostró con esta boda del príncipe con una universitaria cuyos antepasados fueron mineros que ha aprendido a adaptarse para sobrevivir.

Hace catorce años, tras la muerte de Diana en un túnel en París, la medieval Abadía de Westminster tembló con el elogio pronunciado por el hermano de la princesa, el conde Spencer, que impugnó la legitimidad moral de la corona por la frialdad que demostró ante la muerte de la "princesa del pueblo".

La monarquía británica mostró en ese entonces su fragilidad, como también en 1992, un "annus horribilis" para la Casa de Windsor, en palabras de la propia reina Isabel II. Los tres hijos de la soberana habían protagonizado escándalos públicos que terminaron en separación y divorcio, y el castillo de la corona en Windsor, a una hora de Londres, fue presa ese año de las llamas.

Con la boda del futuro rey de Inglaterra con la hija de una ex azafata y un ex despachador de vuelos, millonarios propietarios ahora de una tienda de artículos para fiestas, la monarquía pasa la página y aspira a olvidar la etapa en la que vislumbró el abismo.

Porque aunque nadie duda de que los príncipes Guillermo y Catalina, que se conocieron hace ocho años en la Universidad de Saint Andrews, en Escocia, se quieren -lo que no fue el caso para los padres del novio, Diana y Carlos-, para la monarquía, este enlace tiene una trascendencia que va más allá del romance.

Kate, que tras su boda se llama Catalina, duquesa de Cambridge, es la sangre nueva que necesita la monarquía británica para reinventarse.

Un símbolo de que esa etapa oscura ya fue superada, y casi olvidada, es que ayer el conde Spencer, el hermano de Diana, pasó casi desapercibido entre los 1.900 convidados que asistieron a la ceremonia nupcial en la abadía de Westminster.

En cambio, la reina, vestida con un traje y sombrero primaverales, ambos de color amarillo, fue ovacionada por el millón de personas que convergieron en las calles de Londres.

La popularidad de la Soberana, de 85 años, se mantiene alta. Aunque una buena parte de la población ha ignorado la boda, un reciente sondeo Ipsos-Mori señala que un 75% de los británicos están en favor de que se mantenga una monarquía.

La realeza británica, que en ojos de muchos es una institución anacrónica en el siglo XXI, parece tener muchos años por delante. Un indicio de ello es que los republicanos lograron congregar a tan sólo unas 200 personas en la gran fiesta "no boda" a la que habían convocado en el centro de Londres.

La monarquía se ha adaptado a los tiempos que se viven, y el palacio real se ufana de que es miembro de redes sociales, como Facebook, y que usa Twitter -cambios que apuntan a un nuevo enfoque de las operaciones públicas-, pero aún falta por ver qué pasará en lo que se refiere a quién debe heredar la corona.

Ayer, los principales diarios europeos dedicaron sus editoriales a la situación de la monarquía. "El fin de semana pasado una encuesta nos mostró como un pueblo nacido de una larga historia de mayorías moderadas, más que de monárquicos exagerados, y una significativa minoría de republicanos poco feroces. Pero estos sentimientos no están grabados en piedra. El lugar de la monarquía en el sentir nacional de los británicos es contingente. En una democracia, nada debe ser dado por sentado. El príncipe Guillermo y la señorita Middleton, cuya generación es menos monárquica, parecen más cercanos a ese sentir que la generación del príncipe Carlos y Andrés", consideró en su editorial "The Guardian".

Mientras, "El País" de Madrid recordó que hay siete casas reinantes en Europa (alguna más si se les suman los grandes duques): tres escandinavas, dos en los Países Bajos, Gran Bretaña y España. "Isabel II de Inglaterra lleva 58 años en el trono y a Guillermo, pensando en que algún día le puede llegar el turno, le convendría meditar sobre cómo se justifica la monarquía en el siglo XXI", escribió.

Y agregó: "El rey Faruk de Egipto, destronado en 1952, dijo en su exilio de la Costa Azul que en 25 años en Europa no habría más reyes que los de la baraja y el británico. La condición para que algunos más se salvaran ha sido la mesocratización de la realeza. Y, quizá, la que menos ha progresado en esa línea ha sido la monarquía británica. Guillermo y Catalina pueden trabajar por la dinastía o alejar algo más a los británicos de su extraordinario pasado". (En base a AFP)

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