Los conflictos en Sudán de ayer, sábado, que han degenerado en una de las peores escala- das de violencia en los últimos años en el país, han causado al menos 30 muertos y 400 heridos, según Naciones Unidas.
La capital de Sudán, Jartum, se vio sacudida por varias explosiones y disparos ayer por la noche, tras una jornada de combates callejeros, ataques aéreos y amenazas mutuas entre los dos generales que dirigen el país desde el golpe de 2021. En Jartum, se vieron humaredas por encima de los cuarteles de los paramilitares y del aeropuerto internacional, en un día de violencia.
Por la mañana de ayer, el grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) del general Mohamed Hamdan Daglo, también conocido como “Hemedti”, anunció la toma del aeropuerto internacional y del palacio presidencial, y llamó a la población y a los soldados a levantarse contra el ejército.
Los paramilitares de las FAR “no se detendrán antes de haber tomado el control de todas las bases militares”, amenazó Hemedti, en una llamada a la cadena catarí Al-Jazeera.
Frente a él, el ejército regular, encabezado por el general Abdel Fatah al Burhan, dirigente de facto de Sudán desde el golpe de Estado del 25 de octubre de 2021, anunció que movilizó las fuerzas aéreas contra “el enemigo”.
El ejército desmintió que las FAR hubieran tomado el aeropuerto internacional y aseguró que unos paramilitares se “infiltraron e incendiaron aviones civiles, incluyendo uno de Saudi Airlines”, un incidente confirmado por Riad.
Por la noche de ayer, en la cadena emiratí Sky News Arabia, Hemedti reiteró que se vio “forzado” a actuar. “No somos nosotros quienes empezamos”, recalcó, e instó a “rendirse” al general Al Burhan. Por su parte, el ejército publicó en su página de Facebook un “aviso de búsqueda” contra Hemedti. “Este criminal fugado está buscado por la justicia”, rezaba el mensaje, acompañado de un fotomontaje. Ambos bandos se enfrentan también por el control de los medios estatales, según testigos. La señal de la televisión parece haber cesado.
Llamados a la calma
Los habitantes de Jartum están atrincherados en sus casas. “Como todos los sudaneses, estamos bajo resguardo”, escribió en Twitter el embajador estadounidense John Godfrey.
“Hago un llamamiento a los altos mandos militares para que pongan fin inmediatamente a los enfrentamientos”, añadió. Los llamados al alto el fuego, que llegaron desde la ONU, Estados Unidos, Rusia, Francia, Italia, Brasil, la Unión Africana, la Liga Árabe, la Unión Europea e, incluso, del ex primer ministro civil Abdalá Hamdok, no fueron escuchados.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, advirtió a través de su portavoz que una “escalada en el conflicto tendrá un impacto devastador en los civiles y agravará aún más la ya precaria situación humanitaria del país”.
Antecedentes
Durante el golpe de hace dos años, Hemedti y Burhan habían unido sus fuerzas para expulsar a los civiles del poder. Pero con el tiempo los desacuerdos entre ambos fueron creciendo hasta degenerar en violencia.
Hemedti, que hace poco se puso del lado de los civiles y por lo tanto contra los militares en las negociaciones políticas, calificó a su otrora aliado y ahora rival de “criminal que ha destruido el país” y dijo al canal catarí Al-Jazeera que sus hombres “no se detendrán hasta tomar el control de todas las bases militares”.
Las FAR, que agrupan a los exmilicianos de la guerra de Darfur, aseguran que fueron “sorprendidos por la mañana por la llegada de un gran contingente del ejército que asedió su campamento en Soba”, en el sur de Jartum, que los “atacó con todo tipo de armas pesadas y ligeras”. El ejército regular denunció “mentiras” y acusó a las FAR de haber iniciado la hostilidades.
Los desacuerdos se centran principalmente en el futuro de los paramilitares y su integración dentro de las Fuerzas Armadas. Aunque el ejército no rechaza su integración, quiere imponer sus condiciones y limitar su incorporación en el tiempo.
El general Daglo, por su parte, exige una amplia inclusión y, sobre todo, un puesto para él en el Estado Mayor.
AFP, EFE