La pelea por el control Groenlandia no es nueva. Volvió a estar sobre la mesa en los pirmeros meses del segundo mandato de Donald Trump, y volvió con fuerza en estas últimas semanas, pero Washington ya había intentado hacerse con este territorio estratégico varias veces en los siglos XIX y XX. Ahora, el punto cúlmine —o, mejor dicho, un nuevo punto de partida— es el anuncio del presidente estadounidense sobre un marco de acuerdo respecto a la isla con la OTAN. Trump lo anunció el miércoles, tras reunirse con el secretario general de la Alianza, Mark Rutte, en Davos (Suiza), y dijo que había conseguido “todo” lo que quería. Aseguró que se trata de “un acuerdo para la seguridad nacional e internacional” y “a largo plazo”.
En varias ocasiones, Trump ha afirmado que Estados Unidos debe actuar sobre Groenlandia porque, de lo contrario, “Rusia o China lo harán”, y ha enmarcado esa necesidad en términos de seguridad nacional estratégica. "Groenlandia es muy importante para la seguridad nacional, también para la seguridad de Dinamarca. El problema es que Dinamarca no puede hacer nada al respecto si Rusia o China quieren ocupar Groenlandia", dijo este mes.
Según el mandatario, el texto del preacuerdo anunciado el miércoles será publicado pronto. Agregó que todavía se está "trabajando en los detalles", aunque está en una "fase avanzada". El anuncio trajo un relativo alivio a los europeos, que no hace mucho debían dialogar con un presidente que pretendía comprar la estratégica isla que hoy controla Dinamarca.
Un poco de historia
La isla, separada de Canadá por apenas 26 kilómetros en su punto más cercano, se incorporó formalmente al Reino de Dinamarca en 1953, momento en que los groenlandeses obtuvieron la ciudadanía danesa. Pero el control danés sobre Groenlandia se remonta al 1721, cuando el misionero luterano Hans Egede encabezó una expedición del entonces Reino de Dinamarca y Noruega con fines evangelizadores.
A partir de ese viaje se iniciaron asentamientos daneses en torno a Nuuk, la capital, lo que dio paso al período de colonización. Así, la presencia de Copenhague se remonta a poco más de tres siglos, y no a quinientos años, como ha sugerido Trump. Groenlandia, sin embargo, estaba habitada mucho antes: los primeros pobladores amerindios llegaron hace unos 4.500 años, y desde el siglo X hubo asentamientos nórdicos en zonas costeras, que desaparecieron por completo hacia el final de la Edad Media.
Con una superficie de 2,16 millones de kilómetros cuadrados, Kalaallit Nunaat (Groenlandia en lengua kalaallisut, "tierra de los hombres") es la isla más grande del mundo.
Groenlandia tiene una población aproximada de 56.699 habitantes, según datos de la Oficina Estadística de Groenlandia a octubre de 2025. De ellos, 49.657 son nacidos en la isla. Nuuk, situada en la costa oeste, es la capital y el principal núcleo urbano, con unos 20.281 residentes. Para tomar dimensión, la ciudad uruguaya que más se le acerca en población a la capital groenlandesa es Young, (Río Negro), con una población de 17.814 habitantes. En cuanto a la población total de Groenlandia, Treinta y Tres es el departamento que más se acerca a la cifra, con una población total de 51.389 habitantes.
Desde el punto de vista administrativo, la isla se organiza actualmente en cinco municipios (tras la disolución de Qaasuitsup en 2018), con las siguientes poblaciones: Kujalleq, en el extremo sur (6.111); Qeqqata, en la zona centro-oeste (9.105); Avannaata, al noroeste (10.928); Qeqertalik, también en el oeste (5.859); y Sermersooq (el municipio que abarca Nuuk, la capital), al sureste, que concentra la mayor población del país (24.623).
Hay poblados como Sisimiut, con apenas 5.485 habitantes, Tasiilaq (1.758), Upernavik (1.067) y Narsarsuaq (132) a lo largo del sur de la isla, según datos de la Oficina Estadística.
Importancia estratégica y el viejo interés de Estados Unidos
Donald Trump volvió a colocar a Groenlandia en el centro del debate geopolítico en 2019, cuando canceló un viaje oficial a Copenhague tras la negativa de la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, a siquiera discutir una eventual venta de la isla. Pero antes de ese episodio, el interés de Estados Unidos por Groenlandia tenía antecedentes de larga data. Ya en 1867, un informe del Departamento de Estado subrayaba el valor estratégico de Groenlandia y de sus abundantes recursos naturales. “Deberíamos comprar Islandia y Groenlandia, especialmente la segunda. Las razones son políticas, militares y comerciales”, señalaba el documento.
El intento más concreto se produjo en 1946, cuando el presidente Harry Truman ofreció a Dinamarca 100 millones de dólares en oro por Groenlandia, una propuesta que fue rechazada. De haberse concretado, no habría sido un hecho inédito: en 1917, Dinamarca había vendido las islas caribeñas de Santo Tomás, San Juan y Santa Cruz, que pasaron a ser las Islas Vírgenes de Estados Unidos a cambio de 25 millones de dólares.
Por otro lado, Washington construyó durante la Segunda Guerra Mundial 17 bases en Groenlandia, que además operaban como puntos de reabastecimiento clave para las rutas aéreas transatlánticas. Tras la derrota alemana, la mayoría de esas instalaciones fueron cerradas. Hoy en día, la única que queda en pie es la base espacial de Pituffik, situada en el noroeste de Groenlandia, que desempeña desde hace décadas un papel central en el sistema estadounidense de alerta temprana para la detección de ataques con misiles.
Seguridad, recursos naturales y rutas estratégicas
En pocas palabras, hay tres factores que hacen que Washington esté interesado en la isla: seguridad, recursos naturales y rutas marítimas. Groenlandia ocupa una posición geopolítica de primer orden: se sitúa entre Estados Unidos y Europa y se extiende sobre la denominada brecha GIUK, el corredor marítimo que une Groenlandia, Islandia y el Reino Unido y que funciona como punto de conexión entre el Ártico y el océano Atlántico.
Esta brecha está situada en la ruta transatlántica norte, crucial para la vigilancia y la seguridad de las líneas de comunicación marítimas. Esa ruta, "imaginaria" geográficamente pero operativamente real en términos de navegación y planificación estratégica, atraviesa zonas sensibles del Ártico. En la aviación, por ejemplo, se utiliza desde la Guerra Fría para vuelos de largo alcance debido a que reduce distancias entre continentes.
Por otro lado, a medida que la crisis climática acelera el deshielo del Ártico, las rutas marítimas septentrionales tienden a ganar accesibilidad, incluso durante períodos más prolongados del año, lo que refuerza el peso estratégico de la región.
Trump ha minimizado la importancia de los recursos naturales de Groenlandia, incluso durante su intervención del miércoles ante el Foro Económico Mundial en Davos, cuando afirmó que la obtención de minerales de tierras raras no era el motivo por el que Estados Unidos necesitaba el territorio. “Todo el mundo habla de los minerales. Hay muchísimos”, dijo Trump. “No existen las tierras raras. Existe el procesamiento de tierras raras. Pero hay muchísimas tierras raras. Y para llegar a estas tierras raras, hay que atravesar cientos de metros de hielo. No las necesitamos por eso. Las necesitamos para la seguridad nacional estratégica y la seguridad internacional”, remarcó.
Sin embargo, aunque la extracción de minerales en Groenlandia presenta serias dificultades, que muchos yacimientos se encuentran en zonas remotas situadas al norte del Círculo Polar Ártico, la riqueza mineral de la isla no puede ser ignorada. Por ejemplo, un informe del Geological Survey of Denmark and Greenland (GEUS), publicado en 2023, evaluó el potencial de materias primas en las áreas libres de hielo de Groenlandia (unos 400 000 km cuadrados) y concluyó que el territorio tiene potencial para numerosos minerales críticos incluidos en la lista de materias primas esenciales de la Comisión Europea.
El informe evaluó 38 materias primas en total (incluyendo algunos materiales que no están estrictamente en la lista oficial de críticos de la UE, pero que son relevantes desde una perspectiva de suministro), y la mayoría presentaba potencial moderado o elevado en Groenlandia, según esa evaluación.
El GEUS evaluó, por ejemplo, los recursos de grafito en 6 millones de toneladas, es decir, 0,75% del total mundial calculado por United States Geological Service (USGS). Y según un informe de la International Energy Agency (IEA), a mayo de 2024 China "dominaba toda la cadena de producción" de este mineral, utilizado tanto en baterías como en la industria nuclear.
En general, en toda la isla, además de aparentes concentraciones significativas de cobre, grafito, niobio, titanio y rodio, Groenlandia también albergaría importantes depósitos de las denominadas tierras raras, como el neodimio y el praseodimio. Sus propiedades magnéticas específicas las convierten en insumos clave para la fabricación de motores de vehículos eléctricos y turbinas eólicas.
Más allá de los recursos minerales, los científicos estiman que Groenlandia posee enormes reservas de petróleo y gas natural. Según estimaciones basadas en datos de la industria, elaboradas por el GEUS, la Compañía Petrolera Nacional de Groenlandia (Nunaoil) y la Autoridad de Recursos Minerales de Groenlandia (MRA), la isla podría albergar hidrocarburos con un potencial energético equivalente a 28.430 millones de barriles de petróleo.
Aun así, incluso si se confirmara ese potencial, su contribución sería limitada a escala global: solo Estados Unidos consumió más de 7.000 millones de barriles de petróleo en 2023, según datos de la Energy Information Administration (EIA) de ese país. Hasta ahora, Groenlandia no ha desarrollado ninguna explotación industrial de petróleo o gas. No obstante, existen tres licencias de exploración petrolera actualmente activas en el este del territorio.