Más castigo

Para encontrar una coalición militar de países árabes como la que está bombardeando a los rebeldes en Yemen, hay que remontarse a las guerras contra Israel en los años 1948, 1967 y 1973.

Después de la guerra del Yom Kipur, nunca más tantos ejércitos árabes se juntaron para actuar contra un solo enemigo.

Lo vergonzoso es que semejante alianza no es para derrotar a ISIS y detener el cruel genocidio que está perpetrando en el vasto territorio que controla entre Irak y Siria. Es para salvar al régimen despótico y corrupto, pero sunita, que lidera Abdrabo Manzur Hadi en Yemen y está jaqueado por la rebelión de los hutíes.

En ese país del sur de la península arábiga, tanto Al Qaeda como grupos aliados a ISIS cometen espantosas masacres en mezquitas y otros blancos urbanos atestados de gente. Los hutíes, en cambio, priorizan atacar blancos militares y gubernamentales en su guerra contra el gobierno.

Por cierto, son parte del caos que desató la caída del dictador Alí Abdulá Salé y alimentan un nocivo, anárquico y disolvente feudalismo desde que la organización religiosa creada por los hermanos Mohamed y Husein al Huthi, derivó en la milicia Ansarullah (partidarios de Dios) para enfrentar a la tribu Al-Hashid, que también profesa el chiismo zaydí. Ansarullah se inspira en el partido milicia Hizbolá, que lidera el jeque Hasan Nasrala. Pero a diferencia de los chiitas libaneses, los miembros de la tribu Huthi practican el chiismo zaydí.

Igual que sus hermanos árabes y persas, los zaydis son seguidores del profeta Alí Ibn al Taleb, primo y yerno de Mahoma que engendró a Hussein, el hijo del profeta. Pero a diferencia de los demás chiitas, los zaydis veneran como quinto imán a Zayd Ibn Alí, en lugar de Mohamed Al Bakr. Los huthis son fuertes en el norte de ese país pobre que domina la desembocadura del Mar Rojo en el Golfo de Adén.

Pero la razón por la que Arabia Saudita sumó ejércitos desde Marruecos hasta Paquistán para aniquilarlos, es que son chiitas y los apoyan Irán y sus aliados sirios y libaneses.

Mientras los bombardean masivamente por levantarse en rebelión contra un corrupto y autoritario déspota sunita, en Irak y Siria los yihadistas de ISIS masacran a caldeos, asirios y siriacos por ser cristianos, extermina a los yazidíes del Monte Sinjar por practicar un culto pre-islámico basado en el zoroastrismo, y aniquila a los kurdos iraquíes y sirios por no ser de etnia árabe.

ISIS comete un genocidio mediante los métodos más crueles. Decapitaciones, crucifixiones, lapidaciones y fusilamientos en masa. Arroja homosexuales desde edificios, ponen niños a disparar contra personas atadas de pies y manos, devasta los museos de Mosul que guardan la milenaria arqueología asiria, por mostrar culturas anteriores al islam, y destruye lápidas en los cementerios para que los musulmanes no veneren nada que no sea Alá y su profeta.

Sin embargo, a semejante delirio criminal los sauditas y sus aliados sunitas no dedican el devastador esfuerzo militar que están dedicando, en cambio, a los chiitas de Yemen.

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