GUERRA ENTRE RUSIA Y UCRANIA
Con cadáveres en las calles, sus pobladores derriten nieve para beber agua.
Con tres millones de refugiados en tres semanas de guerra, la invasión de Rusia a Ucrania ya ha provocado la crisis más grande que ha enfrentado la Unión Europea (UE).
“Esta es la operación de protección civil más grande de la historia (...) De largo, la más grande”, asegura el comisario europeo de Gestión de Crisis, Janez Lenarcic, desde el centro de operaciones que la UE tiene en Bruselas para coordinar la ayuda humanitaria a Ucrania y a sus países vecinos, principalmente Polonia.
Desde que empezó la agresión en la madrugada del 24 de febrero, el Gobierno de Ucrania ha solicitado comida, material de primeros auxilios para niños, medicinas y equipos médicos, pasando por ambulancias, facilidades para el refugio o incluso gasolina.
Todas las peticiones se centralizan en el Centro de Coordinación de Respuesta a Emergencias, donde un equipo de unas veinticinco personas pone en marcha la logística para que el material llegue desde los distintos rincones de la UE a Ucrania, en los puntos fronterizos situados en Polonia y Rumanía.
Desde ahí, el material se carga en camiones que el Gobierno ucraniano distribuye por el país según las necesidades o bien lo reparten las organizaciones humanitarias.
En el vigésimo primer día de guerra, los países de la UE, junto a Noruega y Turquía -que también dan apoyo- han ofrecido cerca de 100 millones de euros en material y otros 93 millones en concepto de ayuda humanitaria para que Naciones Unidas, el Comité Internacional de la Cruz Roja y diversas ONG compren el equipo necesario.
“Un gran reto”, debido a la “inseguridad” sobre el terreno, explica Lenarcic, porque “las fuerzas rusas, en violación del derecho internacional humanitario no están protegiendo a los civiles, están destruyendo las infraestructuras civiles y no se da acceso a los trabajadores humanitarios”.
La entrega es especialmente difícil en el este de Ucrania, donde hay restricciones para que puedan acceder las organizaciones, sobre todo en ciudades como Mariúpol o Jarkov, que están sufriendo los mayores bombardeos rusos, explica Martin Taschner, director general de la Comisión Europea de la unidad de Protección Civil y Operaciones de Ayuda Humanitaria para el sur y el este de Europa.
Mariúpol, un infierno
En Mariúpol, bajo asedio ruso desde hace 16 días, se calcula que el 80% de las viviendas han quedado destruidas, mientras 30.000 personas han abandonado la ciudad solo en los dos últimos días con su propio transporte.
“Según estimaciones preliminares, alrededor del 80% del parque de viviendas de la ciudad ha sido destruido, de las cuales casi el 30% no se puede restaurar. La situación en Mariúpol es crítica”, escribió el municipio local en su canal de Telegram.
Recordó que la ciudad ha estado bajo bloqueo durante 16 días y que más de 350.000 residentes de Mariupol continúan escondidos en almacenes y sótanos ante el continuo bombardeo de las fuerzas de ocupación rusas que lanzan, como media, de 50 a 100 bombas aéreas por día.
En los últimos dos días, los habitantes de Mariúpol comenzaron a evacuar la ciudad en transporte privado, en dirección a Berdyansk y a Zaporiyia, tras la apertura de un corredor.
“En total, unos 6.500 coches salieron de la sitiada Mariúpol... En total, unas 30.000 personas salieron en su transporte propio”, afirmó.
Por otra parte, el Ayuntamiento señala que sigue sin haber información sobre posibles víctimas del bombardeo ruso del miércoles contra un teatro en la ciudad, donde más de un millar de mujeres y niños estaban refugiados y que quedó reducido a escombros, pero donde el refugio antiaéreo del edificio resistió al ataque.
Ucrania acusó a Rusia del bombardear al teatro pese a que se había escrito la palabra “niños” en la parte delantera y trasera del edificio, según imágenes satelitales captadas el 14 de marzo por la empresa privada Maxar.
La ciudad apenas cuenta con agua, medicinas o alimentos básicos y carece de gas y electricidad debido a los bombardeos.
Las familias ucranianas evacuadas de Mariúpol describen como un “infierno” la situación. Los cadáveres se acumulan en las calles mientras la gente busca refugio en las frías noches en los sótanos para protegerse de las bombas, con temperaturas bajo cero.
Mientras las fuerzas rusas bombardeaban la ciudad, cuentan que tuvieron que derretir nieve para beber agua mientras escaseaba la comida.
“Dispararon tantos cohetes”, recuerda Tamara Kavunenko, de 58 años, en declaraciones a la AFP. Es parte de los 4.300 habitantes de Mariúpol que escaparon esta semana hacia Zaporiyia, en el centro de Ucrania. “Cuando llegó la nieve, la recolectamos y la derretimos para el agua. Cuando no, hervimos agua del río para beberla”, dice.
“En las calles están los cuerpos de muchos civiles muertos”, agrega, antes de sentenciar: “Ya no es Mariúpol. Es el infierno”.
Más de 2.000 personas han muerto hasta ahora en esta ciudad portuaria.
“Vivíamos bajo tierra y si hacía -4º era una buena temperatura”, dice Dima, con las manos negras de suciedad, al llegar el martes a Zaporiyia con su mujer y dos hijos. “A veces, había cuerpos en la calle durante tres días”, recuerda. “El olor está en el aire y no quieres que tus hijos lo huelan”, agrega. (Con información de AFP y EFE)
Casi un millón sin luz y miles están sin gas
Al menos 928.000 ucranianos están sin suministro eléctrico por culpa de la guerra desatada tras la invasión rusa, dijo ayer jueves el portavoz de la ONU, Stéphane Dujarric. La cifra fue comunicada por el mismo ministerio de Energía de Ucrania a las agencias humanitarias que siguen trabajando en el país, precisó Dujarric. Además, 259.000 personas han perdido la conexión al gas natural. La situación es especialmente crítica en las ciudades de Chernihiv, Donetsk, Mykolaiv, Zaporizha y Kabatsa, especificó el portavoz. Además, citó un informe de la Organización Mundial de la Salud que denunció que 43 instalaciones médicas han sido atacadas durante la guerra, algo que condenó con rotundidad al recordar que según el derecho internacional “los recintos médicos y sus trabajadores y transportistas deben ser respetados”. Ayer jueves, el presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Peter Maurer, dijo que la situación en la ciudad deMariúpol no debe convertirse en el futuro de Ucrania”.