Los indignados franceses

Macron busca poner orden al caos que halló en París

Los “chalecos amarillos” se mezclaron con ultras de izquierda y derecha.

La zona del Arco del Triunfo fue la más afectada por las manifestaciones del sábado. Foto: EFE
La zona del Arco del Triunfo fue la más afectada por las manifestaciones del sábado. Foto: EFE

Militantes aguerridos, indignados o pequeños delincuentes. Los autores de los destrozos del sábado en París presentan perfiles muy diversos. Para el gobierno francés, en palabras del ministro del Interior, Christophe Castaner, se trató de una "estrategia organizada por profesionales del desorden, profesionales de los destrozos".

Lo cierto es que además de los habituales agitadores, en la revuelta del sábado también participaron miembros de los "chalecos amarillos", un movimiento de indignados organizado a través de las redes sociales que inició sus protestas el 17 de noviembre contra el aumento de los impuestos sobre el combustible.

Según fuentes policiales, a su lado había militantes mucho más experimentados, procedentes tanto de la izquierda radical como de la ultraderecha. La mayoría con experiencia en confrontaciones con la policía o en técnicas para incendiar barricadas o vehículos.

La izquierda radical estaba presente, así lo reflejan numerosas proclamas anticapitalistas que gritaron los manifestantes y las pintadas en varias vitrinas del acrónimo ACAB (All Cops Are Bastards, "todos los policías son unos bastardos"), un eslogan utilizado habitualmente por la extrema izquierda.

Grupúsculos ultraderechistas, como Acción Francesa o Bastión Social, también participaron en las protestas. Además, pequeños grupos de delincuentes cometieron saqueos en la plaza de la Bastilla o en la zona de los Campos Elíseos.

El procesamiento judicial de las 412 personas que fueron detenidas servirá para conocer con mayor detalle el perfil de aquellos manifestantes implicados en los incidentes violentos del sábado, considerado los peores en París desde 1968, el año del "mayo francés".

Las protestas comenzaron como reacción contra los aumentos del impuesto al combustible, pero se han extendido y plantean el mayor desafío hasta ahora para el presidente Emmanuel Macron, con una escalada de violencia e insatisfacción pública contra sus reformas económicas que encuentran al líder de 40 años con la guardia baja y luchando para recuperar el control.

Los chalecos amarillos volverán el sábado 8. Foto: AFP
Los chalecos amarillos volverán el sábado 8. Foto: AFP

Después de una reunión con miembros de su gobierno ayer domingo, apenas llegó a París de la cumbre del G20 en Buenos Aires, Macron solicitó a su ministro del Interior que preparara fuerzas de seguridad para futuras protestas y a su primer ministro que mantuviera conversaciones con líderes políticos y representantes de los manifestantes.

Macron también visitó ayer el Arco del Triunfo, epicentro de las protestas del sábado, donde los manifestantes rayaron "Macron, renuncia" y "Los chalecos amarillos triunfarán". Durante esta visita, algunos "chalecos amarillos" lo abuchearon.

El sábado, cuando aún ardían automóviles en París, Macron declaró desde Buenos Aires que "no aceptará jamás la violencia", que "nada tiene que ver con la expresión de una legítima cólera" de los "chalecos amarillos".

La oposición.

Unas 136.000 personas participaron en el tercer sábado de protestas organizadas en toda Francia por los "chalecos amarillos", lo que representa un aumento en el número de manifestantes respecto a las protestas de la semana anterior, en las que participaron 106.000 personas, según cifras del gobierno francés.

La oposición francesa y una parte de los "chalecos amarillos" pide ante todo un "gesto" al gobierno, como aplazar o congelar el aumento de las tasas a los combustibles.

Macron recorrió ayer el Arco del Triunfo, hubo gente que le abucheó. Foto: Reuters
Macron recorrió ayer el Arco del Triunfo, hubo gente que le abucheó. Foto: Reuters

El presidente de Los Republicanos, Laurent Wauquiez (derecha), reiteró su petición de convocar un referéndum sobre la política ecológica y fiscal de Macron. Marine Le Pen (extrema derecha) pidió ser recibida por Macron junto a otros jefes de partidos de oposición. En la izquierda radical, Jean-Luc Mélenchon, jefe de la Francia Insumisa, exhortó a restablecer el impuesto sobre la fortuna, y aplaudió la "insurrección ciudadana" que "hace temblar el mundo de Macron y el mundo del dinero".

Anarquía en el corazón de París
María D. Valderrama / EFE
Protesta en París por aumento de combustible. Foto: Reuters

Los vecinos de la plaza Étoile, donde se encuentra el Arco del Triunfo que sirvió el sábado de escenario para el campo de batalla en que se convirtió la capital francesa, comprobaron ayer domingo las secuelas de la revuelta, impotentes ante la anarquía que nadie supo parar.

"En los Campos Elíseos hay comercios de millonarios, grandes marcas, nosotros somos pequeños comerciantes, no pensábamos que nos encontraríamos durante horas sin ninguna protección en una situación así", lamenta Frédéric Perrier, propietario de una tienda de accesorios de motos en la Avenida de la Grande-Armée.

Perrier describe la escena y la impotencia con la que trató de proteger su negocio implorando a un joven "de unos 15 años" que no incendiara las motos. "Me da igual, esta es la avenida de los ricos", le dijo.

"Este es un barrio de alta gama pero nosotros no ganamos millones, mis ingresos no son mucho más altos que los de los chalecos amarillos. Claro que hay dificultades económicas pero yo hoy no puedo apoyar a los manifestantes. No sé cómo será Bagdad o Damasco, pero esto ayer era una guerra", relata.

A pocos metros, otro comerciante hace balance de las pérdidas de su bar que fue completamente saqueado. Se llevaron hasta el último paquete de tabaco.

Algunos vecinos aseguran que siguieron la situación durante horas desde sus balcones aterrorizados.

"En mi calle prendieron fuego a los árboles de navidad, trataron de destrozar las rejas de un comercio y entonces un chico gritó ¡reagrupación!, y todos se fueron. Uno se quedó y se ensañó contra la vitrina hasta que logró hacer un boquete y tirar una especie de granada dentro pese a que las vendedoras estaban allí", describe Catherine Louis.

Louis comparte la versión del ministro de Interior, Christophe Castaner, que denunció los destrozos de "reventadores profesionales", y opina que estos grupos habían inspeccionado la zona el día anterior, pero que también había "oportunistas" y amantes del caos.

"Somos los franceses los que vamos a pagar estos destrozos. Estos jovenes son anarquistas, no tienen valores, solo quieren destrozar, y de hecho cuando se fueron los grupos aún quedaban algunos sueltos, completamente borrachos, que robaban en los coches y después les prendían fuego", narra Louis.

Ayer domingo esta zona acomodada del centro de París ve sus edificios con grafitis anti-Macron y mientras la policía y los bomberos retiran los últimos vehículos calcinados, los obreros intervienen barriendo los cristales rotos que se amontonan en las calles.

De regreso de la cumbre del G20 en Buenos Aires, Macron recorrió ayer domingo el barrio junto a Castaner para visitar los lugares más afectados.

Un fuerte dispositivo de seguridad les rodeaba y separaba de una decena de "chalecos amarillos" venidos para abuchearlo mientras algunos vecinos los señalaban como corresponsables de los daños y aplaudían a Macron. Otros no levantaban la mirada y continuaban barriendo cristales, resignados a la idea de que el próximo sábado volverán a pagar los platos rotos de esta crisis nacional.

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