Arde París en un día de furia

Atacan el Arco de Triunfo; acción de “guerrilla urbana” deja 100 heridos y 288 detenidos.

Protesta en París por aumento de combustible. Foto: Reuters
Una manifestante agita la bandera de Francia. Foto: AFP
Reclamo: un grupo de manifestantes tomó la Place de I´Etoile. Foto: Reuters
Violenta protesta en París por aumento de combustibles. Foto:AFP
Foto:AFP

Coches incendiados, un monumento nacional asaltado, enfrentamientos en varios puntos neurálgicos de la capital francesa. Los chalecos amarillos desafiaron de nuevo ayer sábado al gobierno de Francia con una manifestación de la que participaron más de 75.000 personas y que terminó con graves desórdenes públicos.

Por tercer fin de semana consecutivo, el movimiento que nació para reclamar la bajada del precio de la nafta, menos impuestos y una mejora del poder adquisitivo, se manifestó en París y otras ciudades de Francia.

La primera jornada nacional de los chalecos amarillos, el 17 de noviembre, congregó en toda Francia a 282.000 personas y la segunda a 106.000 en todo el país, 8.000 de ellas en París.

La concentración realizada ayer en el Arco del Triunfo, al norte de la avenida de los Campos Elíseos de la capital francesa, pronto degeneró en enfrentamientos violentos con la policía. Un edificio en esa zona fue incendiado.

Violenta protesta en París por aumento de combustibles. Foto:AFP
Violenta protesta en París por aumento de combustibles. Foto:AFP

En el corazón de París se vieron escenas de guerrilla urbana, con hombres encapuchados que armaron barricadas, quemaron autos, hicieron estallar vidrieras y lanzaron objetos a la policía antimotines en varios de los barrios más lujosos y turísticos de la capital francesa.

El ministro del Interior, Christophe Castaner informó anoche que hay 100 heridos, incluyendo un manifestante en grave estado, y 288 detenidos. “Todos los medios de la policía, la gendarmería y de la seguridad civil estuvieron movilizados”, detalló Castaner que apuntó que 65.000 agentes habían sido desplegados en todo el país y 4.000 en París, una cifra que resultó insuficiente para enfrentar a los 3.000 violentos identificados por las autoridades.

Violencia cerca a los turistas

Viajaron a probar los apacibles encantos de París, que por estos días brilla de luces navideñas, pero los turistas terminaron inmersos en escenas de guerrillas urbanas, rodeados por autos en llamas y nubes de gases lacrimógenos en el barrio de la Ópera. En la plaza, una espesa columna de humo negro penetraba en la garganta y oscureció los ornamentos dorados del Palais Garnier de la Ópera de París. Uno de esos adornos históricos, frente al exclusivo Café de la Paix, fue incendiado por los manifestantes que tomaron las calles.

Afirmó que las autoridades han recuperado el control del Arco del Triunfo, ocupado y dañado por los alborotadores.

Castaner declaró haber dado orden a los agentes de retroceder en varias ocasiones, como en el caso del asalto al monumento, para no poner en peligro sus vidas.

Los bomberos tuvieron que apagar además 187 incendios y acudir a seis edificios que habían sido atacados por quienes Castaner calificó de “sediciosos”.

Violenta protesta en París por aumento de combustibles. Foto:AFP
Violenta protesta en París por aumento de combustibles. Foto:AFP

Un miembro de los “chalecos amarillos” resultó gravemente herido después de que un grupo de manifestantes intentó tirar abajo una de las verjas del jardín de las Tuilleries, que finalmente cayó encima de esta persona, que se debate ahora entre la vida y la muerte.

El presidente, Emmanuel Macron, que estaba en Argentina participando en la cumbre del G20, sigue sin encontrar la fórmula para desactivar una revuelta con un grito común: “Macron, dimisión”.

En París las escenas de tensión ya marcaron la protesta del 24 de noviembre. Esta vez fue a más.

La diferencia era que las fuerzas del orden controlaban todos los accesos a los Campos Elíseos. Los comercios, excepto los restaurantes de comida rápida, tapiaron los escaparates para protegerlos de la destrucción.

Muchos chalecos amarillos -la emblemática prenda fluorescente que deben tener todos los automovilistas en sus vehículos- prefirieron no entrar en la avenida, que hace una semana acabó convertida en un campo de barricadas y llamas. Apenas había unos centenares.

Toda la tensión se trasladó al Arco del Triunfo, el monumento en el extremo norte de los Campos Elíseos donde arde la llama al soldado desconocido. Por la mañana, grupos de manifestantes lanzaron objetos a la policía, que respondió con gases lacrimógenos. Hubo pintadas en el monumento. Los manifestantes -casi todos con chaleco amarillo- se dispersaron por las avenidas y calles aledañas.

Otros se dirigieron por calles paralelas hacia el barrio de la Ópera y la calle Rivoli, en el otro extremo de los Campos Elíseos, junto a las Tullerías, los jardines del palacio real del Louvre. Allí se reprodujeron los choques. Al mismo tiempo, se celebraba una manifestación sindical en la plaza de la República, a cinco kilómetros de la convocatoria amarilla.

Al atardecer, centenares de chalecos amarillos volvieron a congregarse junto al Arco del Triunfo. En las pintadas se leía: “Macron, dimisión” o “Por menos que esto hemos cortado cabezas”. La taquilla del monumento estaba vandalizada. La tumba del soldado desconocido fue la única parte protegida.

Los incidentes y focos de violencia al margen de las concentraciones de los chalecos también estremecieron a otras ciudades francesas, entre ellas Lille, Charleville-Mezieres, Estrasburgo, Toulouse y Nantes, donde medio centenar de manifestantes irrumpió en el aeropuerto.

Violenta protesta en París por aumento de combustibles. Foto:AFP
 Foto:AFP

Lo que inquieta al gobierno francés no es tanto la dimensión de la protesta como su popularidad entre el resto de la población. En torno al 75% de franceses simpatizan con los chalecos amarillos.

El mensaje de Macron, hasta ahora, ha sido doble. Por un lado, dice comprender el malestar de los chalecos amarillos por la erosión del poder adquisitivo y las desigualdades sociales y territoriales. Del otro, se reafirma en sus reformas y se niega a ceder, tanto en la reclamación original del movimiento -la supresión el aumento de la fiscalidad sobre el diésel en enero de 2019- como en el abanico de reivindicaciones variopintas y en gran parte irrealistas, que van desde la bajada de todas las tasas hasta la dimisión del presidente.

Daño.

El gobierno cruza los dedos para que el movimiento se agote o los elementos violentos acaben desacreditándolo. Los grafitis ofensivos contra Macron en el mismo Arco del Triunfo, y el caos alrededor de este templo republicano, pueden dañar la imagen del movimiento.

“La voluntad declarada y asumida de atacar a nuestras fuerzas del orden, a los símbolos de nuestros países, son un insulto a la República”, dijo el ministro Castaner. “Individuos equipados y decididos, desde muy temprano, actuaron de forma muy violenta. Las fuerzas de seguridad informaron haber sufrido ataques de una violencia rara vez alcanzada”.

Algunos chalecos amarillos y políticos que simpatizan con ellos denuncian a los violentos como grupos externos y culpan al gobierno de poner el foco en ellos para demonizarlos a todos. Al ser un movimiento tan heterogéneo y sin la organización de un sindicato o un partido -para ser chaleco amarillo solo hace falta ponerse uno-, cualquier grupo violento puede reclamarse de él.

Varios dirigentes políticos se han acercado a los manifestantes para hablar de sus reclamos.

Al gobierno también le gustaría hablar con ellos, pero le está resultando difícil. El viernes, el primer ministro, Édouard Philippe invitó a una delegación al palacio de Matignon, sede gubernamental. Solo acudieron dos representantes. Y uno de ellos se marchó antes de la reunión, porque reclamaba que se transmitiese en directo por las redes sociales. Philippe se negó.

Reclamos por caída del poder adquisitivo

(Fuente: AFP)

El movimiento de los chalecos amarillos en Francia, que nació contra el aumento del precio de la nafta, se convirtió rápidamente en una protesta general contra la pérdida de poder adquisitivo y los impuestos excesivos, en línea con la larga tradición francesa de protesta social. El movimiento nació a mediados de octubre en las redes sociales.

Un estudio del Observatorio de Coyunturas Económicas (OFCE) señala que el ingreso anual de los hogares franceses ha retrocedido. “El problema es que antes de la crisis teníamos un aumento, pero desde 2008 hay una ruptura. Y el nivel de vuida promedio por hogar no ha vuelto a su nivel anterior a la crisis”, explicó Mathieu Plane, economista del OFCE.

Emmanuel Jessua, director de estudios del Instituto Rexecode sostiene: “Durante el año 2018, se estima que habrá un incremento global del poder adquisitivo de todos los hogares, que será del orden de 1,3%”.

Esa mejora no beneficará a los más modestos, que incluso deberían ver su ingreso disponible disminuir ligeramente este año y en 2019, según un estudio del Instituo de Políticas Públicas.

El aumento del 23% en el precio de la nafta en el último año fue la gota que colmó el vaso para muchas familias que luchaban para llegar a fin de mes.

El movimiento de los chalecos amarillos se inscribe en la larga historia de contestación social contra los impuestos.

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