Leonidas Montes: "El de Boric fue un buen gobierno; no por lo que hizo, sino por lo que no pudo hacer"

En diálogo con El País, el académico advierte que “no habrá cambios inmediatos” en la economía chilena y proyecta una recuperación gradual tras el triunfo de José Antonio Kast.

Leonidas Montes, director del Centro de Estudios Públicos (CEP) de Chile y Profesor de la cátedra Adam Smith en la Universidad Adolfo Ibáñez.
Leonidas Montes, director del Centro de Estudios Públicos (CEP) de Chile y Profesor de la cátedra Adam Smith en la Universidad Adolfo Ibáñez.
Foto: Leo Mainé.

Leonidas Montes es director del Centro de Estudios Públicos de Chile y profesor de la cátedra Adam Smith de la Universidad Adolfo Ibáñez. Ingeniero civil industrial, licenciado en Filosofía y magíster en Ciencia Política por la Universidad Católica de Chile, es reconocido por sus investigaciones sobre el pensamiento económico de Adam Smith. Es PhD y MPhil en Economía por la Universidad de Cambridge en el King’s College. Su visita a Montevideo se enmarcó en un panel realizado por el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED) al cumplirse 250 años de la publicación de La riqueza de las naciones.

En diálogo con El País, Montes se refirió al actual escenario político chileno, el fenómeno de la "permisología" y el impacto del estallido social en la configuración del mapa electoral. En ese sentido, anticipó que el presidente José Antonio Kast tiene "un gran desafío" en materia económica y planteó una "visión realista" sobre los tiempos de la recuperación: "Yo no creo que vaya a haber cambios muy instantáneos ni rápidos, pero espero que esto sea un proceso lento y gradual de reformas que nos permitan recuperar lo que fue Chile hace unos 12 años".

—La victoria de José Antonio Kast se ha descrito, tanto en la región y aún más en Europa, como un giro a la “extrema” derecha. ¿Cómo lo interpreta? ¿Qué derecha representa el presidente?

—Creo que eso es errado y es usual por parte de la izquierda de hablar de “ultraderecha” o “extrema derecha” o “derecha radical”. Pero la figura de Kast no es de extrema derecha. Él es conservador en muchos aspectos, muy tolerante; ha dado señales de apertura, de unidad con la centro-derecha, es muy respetuoso. Es católico, lo que también ayuda a que muchos progresistas lo tilden de “ultraderechista”. Y yo diría que lo económico es muy liberal. Una combinación entre un presidente conservador, y liberal en lo económico, me parece que es algo que Chile hoy necesita. El país tiene una tradición del liberalismo económico que se remonta a los Chicago Boys, que nos ha traído mucho éxito y progreso. De alguna manera, lo que quiere hacer José Antonio Kast es recuperar ese anhelo por el crecimiento y el progreso, ya que Chile ha estado económicamente estancado en los últimos 12 años.

—-Sobre su programa económico: desde que anunció en campaña el ajuste fiscal hasta la baja de impuestos para promover la inversión, ha dejado a algunos sectores preocupados por lo social. ¿Es un ciclo, de alguna manera, necesario? ¿Confía en la implementación del plan como se lo presenta?

—En Chile se habla mucho de permisología. En vez de hablar de burocracia, de trabas, de impedimentos del Estado, se habla de permisología. Y es un concepto que ha permeado en la sociedad. Cuando tú hablas de permiso, es algo que la sociedad entiende. La permisología o la burocracia no se aplican sólo a la empresa, sino al ciudadano común. Entonces hay un anhelo por destrabar y por agilizar las inversiones, no sólo a nivel de empresas, de la gran minería, de la agroindustria, de la banca, sino que también a la persona común y corriente que quiere, por ejemplo, abrir un almacén o un café y ve que de alguna manera tiene trabas. Esto es un tema que viene desde el ingreso a la OCDE. En esa época, cuando Chile celebraba el ingreso a la OCDE, a lo mejor se sintió un país desarrollado sin serlo. Emulamos todas las regulaciones que estaban tan vigentes en Europa y eso nos llenó de una carga que hoy día se está resintiendo. Y una de las tareas del gobierno del Kast es agilizar las inversiones, promoverlas y que haya más facilidad para hacer negocios.

Leonidas Montes, director del Centro de Estudios Públicos (CEP) de Chile y Profesor de la cátedra Adam Smith en la Universidad Adolfo Ibáñez.
Leonidas Montes, director del Centro de Estudios Públicos (CEP) de Chile y Profesor de la cátedra Adam Smith en la Universidad Adolfo Ibáñez.
Foto: Leo Mainé

Yo me atrevo a decir que en una época, Chile se creyó el jaguar de Latinoamérica y realmente éramos el país líder en una serie de aspectos, pero en los últimos 12 años, a partir del gobierno de Michelle Bachelet, se hicieron tres reformas que a mi juicio fueron bastante nocivas. Una de ellas fue la reforma electoral, que abrió las puertas para que haya una fragmentación y atomización de partidos; lo segundo fue la reforma tributaria: Chile fue el único país de la OCDE que aumentó su impuesto corporativo y hoy día hay un anhelo de bajarlo. Y tercero: una reforma educacional que también generó bastantes inconvenientes para la clase media, que yo creo que es algo que estamos sufriendo. Esto es un tema que viene desde el ingreso a la OCDE. En esa época, a lo mejor Chile se sintió un país desarrollado sin serlo. Emulamos todas las regulaciones que estaban tan vigentes en Europa y eso nos llenó de una carga que hoy día se está resintiendo. Y una de las tareas del gobierno del Kast es agilizar las inversiones, promoverlas y que haya más facilidad para hacer negocios.

—¿Cómo interpreta que la victoria de Kast haya sido tan contundente? No deja de sorprender el contraste entre dos representantes de ideas tan disímiles. ¿Cómo fue que viró tanto la sociedad chilena en tan pocos años?

—Esto fue un fenómeno que sucedió durante el segundo gobierno del presidente Sebastián Piñera, que fue lo que se conoce como el “estallido social”. Fue un periodo sumamente tenso y ese fue un momento muy difícil para el presidente Piñera, que abrió la compuerta a una Asamblea Constituyente. Se le acusa de haber entregado la Constitución, que no era la Constitución de (Augusto) Pinochet, sino que era la que había sido reformada muchas veces, sobre todo por el presidente (Ricardo) Lagos. Y eso, de alguna manera, gatilló un resurgimiento de una izquierda más radical, donde en un momento nos vimos enfrentados al Partido Comunista chileno que, creo yo, no se ha dado cuenta de que cayó el muro de Berlín. Nos vimos enfrentados a un presidente comunista con ideas bastante obsoletas y poco propias. (Gabriel) Boric, que era el candidato del Frente Amplio, venía de un grupo de movimientos estudiantiles que se había formado en la universidad, en la asamblea, en una cultura muy distinta a lo que era la política tradicional.

Las palabras “crecimiento económico” no existían en el programa de gobierno de Boric. Ellos hablaban de no reintegrarse a los tratados de libre comercio, de un “crecimiento verde turquesa". Las políticas decoloniales estaban en boga también. Y el programa de Boric estuvo sujeto a esta nueva Constitución que ellos promovían. Chile, con una clase media muy sólida, dio un contundente rechazo a esa propuesta radical de una nueva Constitución. Con eso, el gobierno de Boric se quedó, por así decirlo, sin programa de gobierno. Y Boric tuvo que asumir una realidad social y política en la que no le permitieron hacer lo que el Frente Amplio o lo que ese gobierno quería hacer. En cierto sentido, creo que el gobierno de Boric fue una suerte de paréntesis. Y fue, algunos dicen, un buen gobierno. Yo digo que sí: no por lo que hizo, sino por lo que no pudo hacer. Y eso fue un gran incentivo para que volviera la derecha. Había tres candidatos de derecha, y finalmente ganó esta derecha conservadora, liberal en lo económico. Y por la izquierda, la candidata que ellos eligieron era del Partido Comunista, algo que obviamente en Chile no es un buen precedente, hay resistencia. Pero fíjate que era tal la pulsión social por volver a crecer que incluso la candidata del Partido Comunista promovía el crecimiento, algo que nadie hubiera imaginado. Habla muy bien de la sociedad chilena de que en el fondo, a través del voto, a través de la institucionalidad, se pudo llevar adelante este cambio que desde afuera parece radical: saltamos de Gabriel Boric a José Antonio Kast.

—¿Cómo interpreta la afinidad política entre Kast y Javier Milei? ¿Se trata de una alianza ideológica o es más coyuntural?

-—Es distinto, porque dentro del liberalismo también están los libertarios. Yo creo que Milei es un libertario más radical. No compararía a Kast con Milei, creo que son animales políticos distintos. El caso Kast es mucho más conservador, no es vociferante, es muy respetuoso, no lo va a escuchar diciendo groserías. Es más conservador en ese aspecto. Pero a futuro existe una gran oportunidad económica de reapertura, tanto para Chile como para Argentina. Lo que uno ve, lo que me gustaría a mí como liberal, es que ojalá el Cono Sur se convirtiera en una zona de libre comercio, ya que estamos amenazados por las tarifas y demás. Yo entiendo que Brasil es el hermano mayor de Latinoamérica, pero preferiría que Argentina, en vez de estar en el Mercosur, se uniera a ese sueño del presidente Piñera de la Alianza del Pacífico, donde países más afines fueran los que dieran ese ese ejemplo de lo que es el libre comercio. En ese sentido, yo creo que Argentina y Chile pueden jugar un rol en el que Uruguay, por supuesto, sería otro socio estratégico.

El presidente de Chile, José Antonio Kast, y el presidente de Argentina, Javier Milei, se saludan en el balcón de la Casa Rosada.
El presidente de Chile, José Antonio Kast, y el presidente de Argentina, Javier Milei, se saludan en el balcón de la Casa Rosada.
AFP

—Uruguay, ¿con o a pesar de este gobierno?

—Hay una diferencia: Uruguay tiene una institucionalidad política muy única, donde hay dos grandes bloques, donde hay partidos sólidos, donde la gente puede despotricar contra los políticos, pero hay identificación con los partidos. Esto que quiere decir que las demandas ciudadanas se canalizan a través de los grandes partidos. Desde afuera, el caso de Uruguay, no veo el riesgo que corrió Chile con Boric antes de la Convención (Constitucional), donde Boric era un convencido de que había que hacer reformas muy radicales. Yo creo que este gobierno de Uruguay emprende una suerte de navegación donde tiene que compensar las distintas agendas, por así decirlo: navegando sin producir grandes desvíos. No es un radical de izquierda el actual presidente, pero lo que hay que empujar son las grandes reformas económicas que se necesitan en Uruguay. Este país tiene un tremendo potencial. Y ha sufrido lo mismo que Chile, un estancamiento del crecimiento económico que impide que se desaten los animal spirits y se retome el sendero del crecimiento económico y el progreso, que es lo que esperamos que en Chile hoy se active.

—¿Anticipa en Chile un crecimiento económico, entonces, con una sociedad que acompañe?

—Los desafíos que tiene Kast son muy difíciles. El problema es que nosotros venimos creciendo a tasas del 2% desde hace 12 años, en promedio. Los cuatro años de gobierno de Boric rasparon el 1,9; 2% de crecimiento. La inflación, afortunadamente, se está controlando porque tenemos un Banco Central muy sólido. Pero no va a ser fácil. Creo que se han generado muchas expectativas, porque cuando hay un crecimiento tendencial del 2%, revertirlo es muy difícil. El anhelo de este gobierno, y siendo pragmático, es volver a crecer durante todo el período. No hay cambios mágicos. Esto no va a ser cosa de que vayamos a crecer mucho más en uno o dos años. Va a ser un proceso donde el gobierno va a tener que recuperar lo que fue la responsabilidad fiscal en Chile, que ahora se ha visto afectada.

Chile sigue teniendo cifras macroeconómicas muy sólidas, con un endeudamiento aproximadamente del 42%, del que nosotros nos quejamos de mucho —aunque recuerda que hace 12 años Chile era un país acreedor neto: tenía más ahorros que deuda, y ahora tenemos mucho más deuda—. Todavía existe eso. Pero ahora hay un llamado a la austeridad. No creo que vaya a haber cambios inmediatos ni rápidos. Más bien, espero un proceso gradual de reformas que permitan recuperar lo que fue Chile hace unos 12 años. En ese sentido, considero que el presidente Kast y su equipo tienen claro ese objetivo.

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