LA HABANA
La visita a Cuba del presidente chino, Hu Jintao, deja en la isla compromisos de inversiones por más de 500 millones de dólares y supone un fuerte espaldarazo político para el régimen de Fidel Castro.
Así, después de más de 12 años de soledad política y económica tras el derrumbe del bloque soviético, Cuba se pone a la sombra de otro poderoso aliado, aunque con una relación más pragmática e independiente que la que mantuvo durante 30 años con Moscú.
Pero más allá de los importantes acuerdos económicos —"nunca habíamos tenido tantos y tan importantes proyectos", explicó una funcionaria isleña— la visita ha permitido contrastar dos caras del modelo comunista: la apertura de China a los métodos empresariales del capitalismo frente a la centralización de Cuba, que está dando marcha atrás en las medidas liberalizadoras que impulsó tras la caída del bloque soviético en la década de 1990.
"COINCIDENCIAS". El líder chino se reunió el lunes durante varias horas con Fidel Castro en el Palacio de la Revolución, sede del gobierno cubano. Castro, que aún se recupera de la intervención en la rodilla a la que fue sometido tras su caída accidental de octubre, recibió a Hu Jintao en silla de ruedas, aunque se levantó por unos instantes para saludar a su invitado.
En la ocasión, ambos gobernantes, de riguroso smoking, destacaron la importancia de tener gobiernos con "identidad ideológica". "Contamos con una base sólida para profundizar nuestras relaciones debido a nuestras amplias coincidencias políticas. Ambos escogimos el camino socialista para nuestro desarrollo", dijo Hu ante un foro de empresarios.
El mandatario chino, que a su llegada a la isla expresó su deseo de que "el pueblo cubano avance sin tregua por el camino de la construcción socialista", elogió la figura de Fidel Castro, "bajo cuya dirección, el pueblo cubano ha podido resistir enormes presiones y lograr notables éxitos".
Raúl Castro, en su turno, saludó los avances logrados por el pueblo chino "guiado por el Partido Comunista". AFP, EFE y AP