El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, lleva meses recortando distancias con el vicepresidente JD Vance en las encuestas como posible sucesor de Donald Trump, pero la impopular guerra de Irán podría truncar sus aspiraciones presidenciales si el conflicto se estanca.
Hace un año, el vicepresidente parecía el sucesor indiscutible y sigue siendo el favorito, pero el ascenso de Rubio ha sido fulgurante y ha acaparado la atención nacional tras la exitosa operación para capturar a Nicolás Maduro en Venezuela.
Según un sondeo de febrero del Centro Pew, Rubio alcanzó una opinión favorable del 64% entre los republicanos, acercándose al 75% de Vance. Su gran prueba de fuego, sin embargo, es la guerra de Irán, iniciada el pasado 28 de febrero con un ataque conjunto con Israel.
La ofensiva, que carece de un objetivo y una duración claros, ha causado ya la muerte de al menos 13 soldados estadounidenses y ha provocado gran incremento en el precio de la gasolina. Según un sondeo de la CNN, un 60 % de los estadounidenses rechaza el conflicto.
“El principal obstáculo para la candidatura de Rubio es su vínculo con la guerra. No puede desvincularse completamente de ella, y Trump podría terminar culpándolo”, advierte Seth Masket, politólogo de la Universidad de Denver. Parte de las bases trumpistas ve en este conflicto una traición al lema “Estados Unidos primero”, que prometía mantener al país alejado de prolongados conflictos en el exterior.
JD Vance, muy cercano al movimiento MAGA (”Hacer Estados Unidos Grande Otra Vez”), ha mantenido un perfil más bajo ante el conflicto y, aunque evita contradecir en público al presidente, expresó en privado sus reservas sobre la ofensiva, como ha revelado el propio Trump.
Aunque Rubio cuenta con el respaldo de megadonantes de Florida, las primarias las deciden las bases del partido, muy influenciadas por las palabras del presidente.
EFE