El líder que quiere cambiar a Italia

Renzi busca cambiar la imagen política de Italia promoviendo reformas. Foto: Reuters.

Vistiendo un traje negro a la medida, el primer ministro Matteo Renzi se paró ante el Senado de Italia en fecha reciente y aplaudió a los legisladores por haber votado, en una decisión difícil, las reformas que, alardeó, le darían un impulso al país después del bache más largo en su historia moderna.

Sin embargo, lo que no sacó a colación es que él les está pidiendo a ellos que asuman una votación incluso más dura, enfocada esencialmente a abolir al propio Senado, al que Renzi y muchos otros consideran emblemático de un sistema político que no funciona y que, con frecuencia, parece diseñado para que no se hagan las cosas.

El discurso fue típico de Renzi: insolente y presumido, enmarcado en un optimismo de "por delante vienen días mejores", incluso al tiempo que senadores ya entendieron la puñalada de la realidad de este programa de reforma.

A los 40 años de edad, Renzi es el primer ministro más joven en la historia de Italia, habiendo asumido el cargo bajo promesas de que echaría por tierra la osificada estructura política y reconstruiría el país para una generación más joven.

Con movimientos populistas de izquierda y derecha buscando derrocar a los círculos dominantes en política de Londres a Madrid y París, Renzi se ha posicionado como el dirigente insurgente de Europa. Ha intentado capitalizar la ira popular argumentando que el sistema debería ser modificado desde adentro y ofreciéndose —como hicieron Tony Blair y Bill Clinton en una era anterior— como una forma de progresar para partidos tradicionales de centro izquierda que luchan por mantener su relevancia.

En Europa, Renzi ha desafiado con frecuencia la austeridad fiscal, advirtiendo de funestos problemas si los dirigentes no logran cambiar las políticas para apuntalar el crecimiento económico, tema que seguramente será discutido cuando se reúna con el presidente Barack Obama, este mes, en la Casa Blanca. Ha cultivado una relación con la canciller de Alemania, Angela Merkel —fue su anfitrión en Florencia para una visita llena de arte— y ahora argumenta que la gustosa aceptación del quantitative easing (compra de bonospor el Banco Central como esímulo a la economía) y el gasto en infraestructura de Europa demuestra que está en marcha un cambio estratégico.

"Reviste importancia poner de relieve la nueva dirección de la Unión Europea", dijo Renzi durante una entrevista reciente en su oficina de Roma, notando que Europa necesitaba alejarse de meramente "discutir presupuestos y austeridad". Agregó: "Tenemos una identidad, sueños, esperanza y estrategia".

A fin de cuentas, su éxito o fracaso será medido en función de si él puede revivir a Italia. La economía del país —la tercera mayor de Europa— ha estado estancada a lo largo de dos décadas. El desempleo subió a 12,7%, en tanto el desempleo juvenil es mucho mayor. La deuda nacional de Italia asciende a casi US$ 2,9 billones, una cifra estremecedora, en tanto la economía está luchando por salir de una recesión de doble caída.

Furiosos.

"Italia puede cuajar o romper la Unión Europea", dijo Roberto DAlimonte, analista político en Florencia. "Miren a Italia desde Berlín. ¿En qué otro líder puede confiar Merkel? Renzi es el único".

El estilo de operar de Renzi es una mezcla de energía de alto octanaje, diestras comunicaciones públicas y despiadadas maniobras políticas. Aún no se ha probado como administrador y su impulso por la reforma ha enojado a segmentos de la oposición, así como a intereses enquistados en su Partido Democrático, de centro-izquierda.

Aliados tradicionales, como los sindicatos, están furiosos con respecto a cambios en el mercado laboral que, afirman, favorecen a las empresas. Políticos de la vieja guardia, de la derecha y la izquierda, desconfían de que busca ejercer demasiado poder en la rama ejecutiva.

"Él está destruyendo todos los controles y contrapesos", dijo Renato Brunetta, legislador en la cámara baja del Parlamento italiano por el partido opositor Forza Italia. "Renzi está llevando a la estructura institucional del país en una dirección autoritaria".

Enquistados líderes dominaron durante años el centro-izquierda de Italia y siguieron un modelo enfocado en consensos que, con base en sus detractores, dejó al partido paralizado y en deuda con intereses especiales. Desde sus días como el alcalde de Florencia, Renzi ha desafiado abiertamente a la generación anterior de políticos, describiéndose como el "Demoledor" que arrojaría a la dirigencia establecida a la pila de desechos; postura que resonó entre los jóvenes que anhelan oportunidades.

"Existe un gran conflicto entre generaciones", dijo Tommaso Giuntella, de 30 años de edad, el presidente de la división del Partido Democrático en Roma. "Renzi lo sabe y empezó a ser la cara de la nueva generación, la generación de los hijos. Él dijo: Nosotros no podemos permitir que el hijo pague por los privilegios del padre".

Alcanzó un histórico 41% de votos al Parlamento Europeo

Matteo Renzi ha asumido el poder en momentos en que la política italiana está mayormente exhausta de otras opciones. En respuesta, Renzi intenta impulsar al Partido Democrático hacia el medio para que se convierta en lo que analistas llaman un partido "atrapa a todos".

Las encuestas revelan que Renzi es fácilmente el político más popular de Italia, lo cual, a su vez, ha mejorado su estatura en Europa. Pugnas internas impidieron durante años que el Partido Democrático se uniera a la coalición política de centro-izquierda en Europa, los socialistas europeos. Bajo Renzi, el partido se sumó de inmediato y ahora es mucho más influyente en el ámbito europeo.

En mayo pasado, el partido dominó las elecciones italianas para el Parlamento Europeo, ganando un histórico 41% por ciento del voto, notable resultado teniendo en cuenta que el otro partido a favor de Europa que obtuvo firmes resultados fue la Unión Democristiana de Merkel en Alemania.

Terminó el apartheid laboral

Sentado a su escritorio en el Palazzo Chigi, su residencia oficial en Roma, el primer ministro Matteo Renzi revisaba mensajes periódicamente en dos teléfonos celulares mientras describía las críticas provenientes de aliados tradicionales como nada sorprendentes. Comparó su agenda con lo que hizo Tony Blair con el Partido Laborista de Gran Bretaña durante los años 90 y citó una famosa broma de Blair, quien prometió que seguiría las tradiciones del partido, con la excepción de la tradición de perder elecciones.

"El riesgo era transformar el Partido Laborista de un partido perdedor a un partido ganador", dijo Renzi, hablando en inglés con un acento que ha generado burlas en medios sociales pero ha mejorado rápidamente en meses recientes.

"¿Cuál es la identidad de la izquierda en Italia? Prosiguió. "Es la de darle más derechos a los jóvenes, darles posibilidades a una nueva generación. En Italia, teníamos un apartheid laboral. La Ley de empleos es el acto más izquierdista que he llevado a cabo".

Un choque fuerte con sindicatos

El tema de las diferencias entre generaciones aparece como el eje central del logro legislativo más concreto de Renzi desde que accedió al gobierno: una nueva normativa laboral, conocida como la Ley de empleos, que él argumenta dará equidad gradualmente al sistema de contratos laborales permanentes y temporales de Italia.

Él primer ministro chocó intensamente con los sindicatos de empleados públicos, argumentando que estaban defendiendo un sistema con falta de equidad, debido a que atrapaba a jóvenes trabajadores en un gueto, al tiempo que los trabajadores con más años se aferraban a contratos protegidos y permanentes.

Los sindicatos replicaron que la ley impulsada por Renzi elimina importantes protecciones de tipo laboral y facilita a los empresarios el despido de trabajadores.

"Él ha elegido representar a empresarios, y a los empleadores, no a los trabajadores", afirmó Serena Sorrentino, prominente dirigente del CGIL, el mayor sindicato de trabajadores del país. "Él ha roto con las tradiciones de la izquierda demócrata".

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