El espíritu griego que estalla en rebeliones

CLAUDIO FANTINI

Los griegos tienen la más antigua tradición de rebeliones. Empezando por la irrupción de la física con los filósofos jónicos, Tales, Anaxímenes y Anaximandro, quienes empezaron a rebelar el pensamiento contra la mitología al atreverse a explicar los fenómenos de la naturaleza, ya no desde el Olimpo y la genealogía de los dioses, sino desde la naturaleza misma. Y también con la aparición del razonamiento argumental, con que filósofos y sofistas se rebelaron contra las costumbres y las creencias como saber convencional. La isonomía y la isegoría (igualdad ante la ley y en el derecho a la opinión), bases de la democracia ateniense, implicó una rebelión contra la justificación religiosa del orden jerárquico imperante en el período micénico. Pero en aquella polis hubo quienes llegaron a rebeldías aún más inverosímiles. Atenas tuvo a los primeros ateos militantes de la historia y algunos llegaron al extremo de formar ligas de adoradores del mal que, como provocación, organizaban fiestas y banquetes en las fechas religiosas. Aunque el golpe que más aterró a los atenienses fue el ocurrido en el 415 AC, en plena guerra del Peloponeso, cuando la ciudad amaneció espeluznada porque todas las estatuas de los dioses habían sido mutiladas.

También hubo anarquistas en aquella polis pensante y transgresora. Proponían una sociedad sin gobierno, porque concebían el poder como una violencia. Por eso soñaban con crear la "acracia", el lugar donde no existe la coacción. Sobre ácratas y anarquismo ha vuelto a hablarse en la Grecia de estos días, convulsionada por la rebelión juvenil que puso a Atenas en estado catatónico. El último levantamiento juvenil semejante ocurrió en 1973, cuando Papadópulos ordenó reprimir con tanques una protesta estudiantil de la Universidad Técnica. Eso fue el comienzo del fin del "régimen de los coroneles", iniciado con el golpe militar de 1967.

Esa rebelión juvenil fue democrática. La actual está sacudiendo a una democracia. Las protestas que sacudieron Atenas en estos días tuvieron un origen ácrata, en la medida en que las originó el asesinato de un adolescente perpetrado por un policía. Pero más allá del legítimo reclamo contra una fuerza con vocación represiva, la prolongación de las violencia callejera muestra algo más, que es difícil desentrañar en una sociedad con buena distribución de riqueza, sin miseria ni exclusión.

Es cierto que el sistema educativo griego es caduco y conservador. No obstante, la rebelión juvenil parece apuntar a una clase dirigente convertida en una casta. Constantinos Karmanlis, actual gobernante conservador, es hijo y nieto de otros conservadores que han gobernado Grecia. Los liberales siguen en manos de un miembro de la familia Mitsotakis y al PASOK lo lidera Papandreu, hijo de Andreas y nieto de Giorgios, quienes también gobernaron y lideraron a los socialdemócratas. Con la desocupación en ascenso y las universidades colapsadas, la casta política que maneja Grecia actúa como un combustible muy inflamable.

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