CLAUDIO FANTINI
Su vida se parece a la del héroe de la literatura quechua del que proviene su nombre. Ollantay era un victorioso general de los ejércitos incas, pero enamorarse de la princesa siendo plebeyo le implicó el desprecio y castigo del rey Pachacútec. Con dignidad de guerrero, resistió hasta que por fin le fue reconocida su razón, dándosele el poder merecido y la mujer amada.
Hasta acá, el trayecto de Ollanta Humala refleja el del personaje de la obra más antigua escrita en la lengua de los incas. El mítico jefe militar había vencido en los campos de batalla, pero sufrió el desprecio y el aislamiento hasta que, finalmente, lo abrazó la ventura y pudo alcanzar sus metas.
También Humala conoció victorias militares, como la que logró contra Sendero Luminoso en Huánuco, y derrotas como la del levantamiento contra Alberto Fujimori que protagonizó en Tacna y la del comicio presidencial que perdió frente a Alán García.
Su victoria del domingo, acrecentó el parecido con la historia de Ollantay. Los próximos años develarán si el final del trayecto político del presidente electo es tan feliz como el de la gesta inca. Develarán también cómo resuelve Humala su dilema político: ser fiel a su ideología o ser fiel a su discurso de campaña.
Al nacionalismo de izquierda lo heredó de su padre, Isaac Humala, ideólogo del "etno-cacerismo", una mezcla radical de indigenismo con el legado nacionalista y anti-chileno del general Andrés Cáceres, presidente decimonónico y héroe peruano de la Guerra del Cobre. Ser fiel a esa herencia que comparte con su hermano Antauro, lo acercó a la órbita chavista, donde recibió el abrazo político del exuberante líder caribeño.
La derrota pese al mal antecedente gubernamental del candidato aprista, le mostró que aquel fue el abrazo del oso. Por eso su discurso en ésta campaña electoral fue muy diferente. Tanto como para haber podido conquistar el respaldo de Alejandro Toledo y de Vargas Llosa.
Si pudo convencer a dos liberales emblemáticos como lo son el expresidente y el célebre escritor, era obvio que también convencería al grueso de los votos centristas que en la primera vuelta se repartieron entre el ex presidente Toledo y el ex ministro de Economía Pedro Pablo Kuzcynski.
Humala deberá decidir qué abandonar y a qué mantenerse fiel. Si elige la fidelidad a la ideología que lo llevó a la rebelión militar y a fundar el Partido Nacionalista, entonces traicionará el discurso de campaña en el que prometió buscar distribución de riqueza sin clausurar el mercado, ni renunciar a los TLC con Estados Unidos ni reemplazar el pluralismo por el liderazgo hegemónico. En cambio si se mantiene fiel a ese giro centrista y democrático, estará abandonando el nacional-populismo que lo acercaba a Chávez.
De momento, lo único seguro es que su historia se parece a la de Ollantay, el mítico guerrero del que proviene su nombre.