VÍNCULOS ENTRE LOS PAÍSES

Cómo Cuba enseñó a Venezuela a sofocar la disidencia militar

Los países elaboraron dos acuerdos que dieron a Cuba un vasto acceso al sector militar de Venezuela y amplia libertad para espiarlo y reformarlo.

Nicolás Maduro. Foto: Reuters
Maduro se mantiene en el poder gracias a la estructura militar que le dejó Chávez. Foto: Reuters.

En diciembre del 2007, Hugo Chávez sufrió su primera derrota en las urnas. Aunque todavía era muy popular entre la clase trabajadora que lo había impulsado al poder casi una década antes, los votantes rechazaron un referéndum que le habría permitido postularse para la reelección indefinidamente.

Molesto, Chávez recurrió a un cercano confidente: Fidel Castro. El envejecido líder cubano había sido mentor de Chávez años antes de que fuera presidente, cuando lideró un fallido golpe de Estado.

Ahora, la profundización de los lazos económicos hacían que Cuba fuera más dependiente de la Venezuela rica en petróleo, y Castro estaba ansioso por ayudar a Chávez a mantenerse en el poder. El consejo de Castro: garantizar el control absoluto de los militares.

El ejército de Venezuela tenía un historial de levantamientos que a veces condujeron a golpes de Estado como el que Chávez, entonces teniente coronel, organizó en 1992. Una década más tarde, rivales protagonizaron un breve alzamiento contra el propio Chávez.

Las fuerzas armadas de Cuba, con Raúl, el hermano de Fidel al mando, han controlado todo durante décadas, desde la seguridad hasta sectores claves de la economía.

En cuestión de meses, los países elaboraron dos acuerdos, revisados recientemente por Reuters, que dieron a Cuba un vasto acceso al sector militar de Venezuela y amplia libertad para espiarlo y reformarlo.

Los acuerdos, cuyos detalles se informan aquí por primera vez, llevaron a la imposición de una estricta vigilancia de las tropas venezolanas a través de un servicio de inteligencia, ahora conocido como Dirección General de Contrainteligencia Militar, o DGCIM.

Fidel Castro y Hugo Chávez. Foto: AFP
Hugo Chávez y Fidel Castro. Foto: AFP

Bajo la asesoría de militares cubanos, Venezuela reformuló la unidad de inteligencia en un servicio que espía a sus propias fuerzas armadas, infundiendo miedo y paranoia y aplastando a la disidencia.

Según los documentos revisados por Reuters, los acuerdos, firmados en mayo de 2008, permitieron a las fuerzas armadas de Cuba:

• Entrenar a soldados en Venezuela.

• Revisar y reestructurar partes del ejército venezolano.

• Entrenar agentes de inteligencia venezolanos en La Habana.

• Cambiar la misión del servicio de inteligencia de espiar a rivales extranjeros a la de vigilar a los propios soldados y oficiales, incluso de alto rango.


La presencia de funcionarios cubanos en el ejército de Venezuela se conoce desde hace años. Pero ninguno de los dos países ha reconocido detalles de los acuerdos o el alcance de la participación de Cuba en el sector militar venezolano.

Once años después de su firma, los acuerdos militares han demostrado ser cruciales para la supervivencia de Nicolás Maduro como presidente.

Con la ayuda y el entrenamiento de Cuba, el ejército ha apoyado a Maduro y lo ha ayudado a navegar la crisis económica, el hambre y el crimen generalizado, así como la migración en los últimos años de más de 4 millones de personas, cerca de 10% de la población de Venezuela.

“La misión más importante que tenía el organismo de inteligencia era neutralizar aquello que afectara nuestra democracia”, dijo Raúl Salazar, un exministro de Defensa de Chávez que se opone a Maduro. “Ahora, bajo el mando de Cuba, el gobierno lo utiliza para mantenerse en el poder”.

La represión ha llevado a cientos de arrestos. Al menos 200 militares están detenidos actualmente, según la Asamblea Nacional liderada por la oposición. Control Ciudadano, una ONG venezolana que estudia a las fuerzas armadas, dice que el número supera los 300.

Nicolás Maduro habla en acto de las Fuerzas Armadas de Venezuela. Foto: Reuters
Nicolás Maduro habla en acto de las Fuerzas Armadas de Venezuela. Foto: Reuters

A partir de su reorganización, las filas de la DGCIM han aumentado, desde unos pocos cientos de agentes al principio de la administración de Chávez hasta al menos 1.500 ahora.

La represión, dicen líderes opositores, ha hecho que las fuerzas armadas sean impenetrables. “Hemos fallado”, dijo un alto funcionario de la oposición involucrado en los intentos de negociar con líderes militares. “No tenemos nada para ofrecerles, para convencerlos”.

Hombres de negro.

Cuando fracasó su golpe de Estado de 1992, los oficiales de la unidad, entonces conocidos como la Dirección de Inteligencia Militar, o DIM, fueron los encargados de arrestar a Chávez.

En 1994, meses después de su salida de prisión tras recibir un sobreseimiento presidencial, Chávez voló a La Habana. Castro vio en Chávez a un líder izquierdista de ideas afines, de un estilo difícil de hallar desde el final de la Guerra Fría. En la riqueza petrolera de Venezuela, Castro vio el potencial alimento para una economía cubana hambrienta por el colapso de la Unión Soviética.

Después de la visita, los dos hombres comenzaron a hablar frecuentemente.

A fines de la década de 1990, la alta inflación, el bajo crecimiento económico y el aumento de la pobreza hicieron que el mensaje socialista de Chávez fuera atractivo para un número creciente de venezolanos. En 1998, fue elegido presidente. Casi de inmediato, profundizó los lazos formales con Cuba.

Hugo Chávez y Nicolás Maduro en 2012.
Hugo Chávez y Nicolás Maduro en 2012. Foto: Archivo El País.

En octubre de 2000, Castro viajó a Caracas para firmar una serie de acuerdos económicos. Venezuela le daría a Cuba suficiente petróleo para satisfacer la mitad de sus necesidades energéticas. A cambio, Cuba mandó a miles de médicos, maestros y especialistas agrícolas para ayudar a diversificar la economía de Venezuela.

Para 2002, muchos en la elite venezolana se habían cansado de Chávez. Ese abril, los líderes de la oposición se unieron a jefes militares, incluidos altos funcionarios del DIM, y lo detuvieron. Pero el golpe naufragó en dos días, luego de un levantamiento popular masivo en su nombre.

De vuelta en el poder, y con la bendición de Castro, Chávez colocó a cubanos dentro de su círculo íntimo para reforzar la seguridad. Comenzó una purga del servicio de inteligencia y en la cúpula militar.

Ese diciembre de 2007, Chávez perdió el referéndum sobre los límites del mandato. Prometió una “nueva ofensiva” para perseguir su meta.

Comenzaron las conversaciones sobre defensa con Cuba. En una reunión en Caracas, el ministro de Defensa Gustavo Rangel y el general Álvaro López, viceministro primero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, firmaron los dos acuerdos.

Según los términos del primer acuerdo, el ministerio cubano supervisaría una reestructuración del DIM y asesoraría para la creación de “nuevos órganos” dentro del servicio. El DIM también enviaría grupos de hasta 40 oficiales a La Habana hasta por tres meses de entrenamiento en espionaje.

De acuerdo con los documentos, Venezuela enviaría currículos de los candidatos para que Cuba los examinara. Los cursos incluyeron: cómo manejar “colaboradores secretos”, cómo llevar a cabo investigaciones criminales y cómo seleccionar nuevos agentes de inteligencia.

La mayor parte del entrenamiento, según los documentos, se realizó en la Escuela Militar Superior Comandante Arides Estévez Sánchez, en el oeste de La Habana. En la academia, un grupo de edificios blancos de cuatro pisos y campos de desfiles, los instructores cubanos dijeron a los agentes del DIM que su misión en adelante sería infiltrarse y controlar al ejército, según cinco personas familiarizadas con los cursos.

El segundo acuerdo creó un comité conocido como el Grupo de Coordinación y Enlace de la República de Cuba o Gruce.

El Gruce, compuesto por ocho “especialistas militares” cubanos, enviaría asesores cubanos a Venezuela para inspeccionar unidades militares y entrenar soldados.

En 2011, Chávez cambió el nombre de la DIM para incluir el término “contrainteligencia”, lo que reflejaba su nueva misión de frustrar cualquier sabotaje surgido desde adentro.

Hugo Chávez. Foto: AFP
Hugo Chávez. Foto: AFP

Recién salidos del entrenamiento cubano, los nuevos agentes comenzaron a infiltrarse en los cuarteles. Algunos fingieron ser soldados regulares. Otros se pusieron sus uniformes DGCIM y solían alentar a los soldados a que informaran unos sobre otros. Llegaron a ser conocidos como “los hombres de negro”.

Historias de detenciones y torturas por parte de agentes de DGCIM, a veces con máscaras de esqueleto y pasamontañas, se extendieron por las filas.

Chávez, después de cuatro cirugías en Cuba, murió en 2013. Los votantes eligieron a Maduro para sucederlo.

En 2014, los precios del petróleo se desplomaron. El esfuerzo de Maduro por estimular la economía fracasó. El hambre y la escasez golpearon incluso a las fuerzas armadas.

A medida que un número creciente de tropas buscaba desertar, la DGCIM se volvió más agresiva. En el último piso de su sede, unos 40 agentes de su Dirección de Comunicaciones Operativas utilizan una plataforma llamada Genesi. El sistema, diseñado por la firma italiana IPS SpA, permite “interceptar, monitorear y analizar todo tipo de fuente de información”, según el sitio web de la compañía. La mayoría de las operaciones de la DGCIM nunca salen a la luz.

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