ESCÁNDALO INTERNACIONAL

La atleta que desnuda la represión en Bielorrusia

El caso de la atleta Krystsina Tsimanouskaya hizo que el mundo volviera a prestar atención a la represión del régimen en Bielorrusia.

Krystsina Tsimanouskaya con su equipaje dentro de la embajada de Polonia. Foto: AFP
Krystsina Tsimanouskaya con su equipaje dentro de la embajada de Polonia. Foto: AFP

El caso de la atleta bielorrusa que pidió asilo tras su participación en los Juegos Olímpicos de Tokio, puso los ojos del mundo otra vez sobre el régimen de Aleksandr Lukashenko, que hace exactamente un año, en agosto de 2020, se adjudicó la reelección en unas elecciones consideradas fraudulentas por la comunidad internacional.

Rusia, el único gran aliado que tiene Lukashenko, es de los pocos países que han reconocido su reelección. Desde entonces miles de opositores han sido detenidos o se exiliaron.

Krystsina Tsimanouskaya, de 24 años, pidió protección a la policía del aeropuerto de Haneda, en Tokio, cuando miembros del Comité Olímpico Bielorruso la llevaron hasta allí en contra de su voluntad para embarcarla en un avión de vuelta a su país, un acto que la propia deportista calificó de “secuestro”.

La atleta, que envió un mensaje en vídeo pidiendo ayuda al Comité Olímpico Internacional (COI) y a Tokio 2020, pasó la noche en un hotel del aeropuerto y se encontraba ayer lunes “en un sitio en el que se siente segura y están cuidando de ella”, dijo el portavoz del COI, Mark Adams.

El gobierno japonés también está siguiendo el tema. Su portavoz Katsunobu Kato aseguró que la atleta se encuentra “en una situación segura con la cooperación de las organizaciones pertinentes”.

Tsimanouskaya debía competir ayer lunes en la prueba de los 200 metros, tras haber participado el viernes en los 100.

La velocista fue anotada además en la carrera de relevos 4x400 de este jueves, una prueba en la que no estaba prevista su participación y para la que no había entrenado. El cambio fue porque otros dos atletas no habían superado los controles antidopaje, denunció ella.

La joven reflejó su insatisfacción en sus redes sociales, lo que detonó el intento de deportación.

“No regresaré a Bielorrusia”, declaró la atleta vía Telegram y, al mismo tiempo, pidió asilo político en el país que quisiera acogerla.

Tsimanouskaya dijo que temía por su seguridad si volvía a casa. “Me están presionando. Están tratando de sacarme del país sin mi consentimiento”, alertó la atleta. “Pido ayuda al COI”, reclamó.

“Temo que en Bielorrusia me puedan meter en la cárcel. No tengo miedo de ser despedida o expulsada de la selección nacional. Me preocupa mi seguridad. Y creo que en este momento no es seguro para mí volver a Bielorrusia”, declaró la atleta al medio bielorruso By.tribuna.com.

Tsimanouskaya fue una de las atletas que condenó la violencia en la represión de las protestas contra el régimen de Lukashenko y expresó su apoyo a las manifestaciones en favor de la democracia.

El incidente de Tsimanouskaya se produce pocos días después de que Lukashenko arremetiera duramente contra los deportistas bielorrusos por su rendimiento en Tokio y cuestionara la inversión que el país realiza en ellos.

El mandatario aseguró el pasado 29 de julio que Bielorrusia financia el deporte “más que cualquier otro país” y lamentó no ver resultados.

Bielorrusia ha cosechado hasta el momento dos medallas, un oro en gimnasia en trampolín, que obtuvo Ivan Litvinovich, y el bronce de Maxim Nedasekau en salto alto.

Tanto Lukashenko, que gobierna desde 1994, como su hijo, Viktor, presidente del Comité Olímpico Bielorruso, fueron vetados para asistir a los Juegos de Tokio 2020 debido a su actitud hacia los deportistas críticos.

La Unión Europea ha dicho que este episodio con la atleta es una prueba más de la “brutal represión” de Lukashenko. “El intento de repatriar por la fuerza a Krystsina Tsimanouskaya contra su propia voluntad es otro ejemplo de la brutalidad de la represión del régimen de Lukashenko que golpea a todas las categorías de la sociedad bielorrusa, incluyendo atletas, y no respeta ninguna tregua olímpica“, dijo Nabila Massrali, portavoz del jefe del Alto Representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell.

Asilo.

Varios países europeos han ofrecido asilo a Tsimanouskaya. Entre ellos se encuentra el gobierno polaco, que le ha propuesto tramitar un visado humanitario para que sea “libre para continuar su carrera deportiva en Polonia si así lo desea”, dijo el ministro de Exteriores, Marcin Przydacz, en Twitter.

Las autoridades checas también se han mostrado dispuestas a ayudar a la velocista, cuya situación tildaron de “escandalosa”.

“Krystsina es bienvenida en Eslovenia”, publicó por su parte el primer ministro esloveno, Janez Jansa, en respuesta a un comentario de la líder de la oposición bielorrusa en el exilio, Sviatlana Tsikhanouskaya, que pidió al COI que investigue la gestión del Comité Olímpico de Bielorrusia.

Arseni Zdanevitch, esposo de la atleta, se fue a Ucrania debido a las amenazabas del régimen a la pareja. Tiene previsto reunirse con ella en Polonia.

En Bielorrusia, la televisión estatal criticó a la atleta, diciendo que había “convertido su aparición en Tokio en un escándalo grandioso”.

El Comité Olímpico de Bielorrusia, por su lado, dijo que había retirado a Tsimanouskaya de los Juegos debido a su “estado emocional y psicológico” después de consultar con los médicos del equipo. Sin embargo, la atleta aseguró que nadie la había examinado. (EFE, AFP y El País de Madrid)

Secuestro del avión y otros atletas detenidos

El intento de sacar de Japón a la fuerza a la atleta Krystsina Tsimanuskaia es uno de los últimos incidentes internacionales del régimen bielorruso, cada vez más aislado internacionalmente y bajo sanciones de la Unión Europea. El pasado mayo, el régimen forzó el aterrizaje en la capital Minsk, cuando sobrevolaba el espacio aéreo de Bielorrusia, de un avión de Ryanair que volaba de Grecia a Lituania para detener al periodista critico Roman Protasevich y a su novia.

El régimen bielorruso ha detenido además a destacados deportistas olímpicos. La basquebolista Yelena Leuchanka y el decatleta Andréi Krauchanka, medallista de plata de 2008, fueron arrestados tras criticar la violencia policial contra los manifestantes pacíficos. Las organizaciones de derechos civiles cuentan hasta 600 presos políticos en Bielorrusia. El COI no ha reconocido la elección de Víktor Lukashenko como presidente del comité olímpico bielorruso, y lo suspendió de todos los eventos, entre ellos, los Juegos de Tokio.

El régimen habilitaría ingreso de tropas rusas
Alexander Lukashenko presta juramento como presidente de Bielorrusia durante una ceremonia "en secreto" en Minsk. Foto: Reuters

El presidente de Bielorrusia, Alexandr Lukashenko, expresó que está dispuesto a que tropas rusas ingresen a su país. “Si es necesario emplazar todas las fuerzas armadas (rusas) para garantizar la seguridad (...) de Bielorrusia y Rusia, las emplazaremos inmediatamente”, declaró en referencia a la posibilidad de invitar al país contingentes militares rusos, según la agencia oficial BELTA.

Sin embargo, señaló que “ahora no existe ninguna necesidad de esto”, ya que Bielorrusia cuenta con unas Fuerzas Armadas “suficientemente fuertes, unidas y compactas” para defenderse por sí misma.

“Podemos en caso de necesidad armar en poco tiempo a 500.000 personas, y eso ya es una fuerza”, indicó. Pero, alertó, “si eso resulta poco, emplazaremos aquí todas las Fuerzas Armadas de Rusia”.

Lukashenko se refirió a las críticas internacionales a las maniobras militares ruso-bielorrusas Zapad 2021, previstas para septiembre próximo.

“Da gracia escuchar todo esto. ¿Cuántas maniobras han hecho (los países de la OTAN) junto a nuestras fronteras? Nos critican: Lukashenko quiere emplazar bases rusas en Bielorrusia. Escúchennos: nosotros no nos calentamos la cabeza porque ustedes hayan emplazado un montón de bases en Europa”, dijo.

El presidente bielorruso negó haber debatido con aliado Vladímir Putin el emplazamiento de bases rusas en su país.

Después de las elecciones presidenciales de agosto de 2020, cientos de miles de bielorrusos protestaron pacíficamente durante meses contra Lukashenko, al que acusaron de amañar los comicios, manifestaciones que fueron reprimidas violentamente por las autoridades.

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