Durante el pasado mes de julio, dos mujeres debieron ser atendidas por cirujanos del mismo hospital de California (Estados Unidos) y por el mismo síntoma: hemorragias cerebrales, similares a las encontradas en accidentes de tránsito violentos por impactos a gran velocidad.
La razón, sin embargo, es que ambas subieron a la mayor atracción del parque Six Flags: la montaña rusa extrema X2. Es conocida por sus caídas prácticamente verticales, sus sillas giratorias y la alta adrenalina que provoca a quienes se atreven.
No son casos aislados. Una investigación de la cadena de noticias CNN develó un largo historial de lesiones graves e incluso muertes acumuladas durante dos décadas en ese mismo lugar.
A causa de lesiones en la cabeza y cuello, varias víctimas “sufrieron discapacidades permanentes, entraron en coma y dos fallecieron a causa de sus lesiones”, relataron en base a registros internos citados en las demandas judiciales.
Durante unos dos minutos, los carros de la montaña rusa X2 alcanzan hasta 130 kilómetros por hora, mientras los asientos giran 360 grados. Una atracción similar en Japón debió cerrar un tiempo el año pasado, luego de que un empleado del parque tuviera allí un accidente mortal.
A pesar de las denuncias a lo largo de los años, los responsables del parque situado en el barrio Valencia de la ciudad de Santa Clarita (Los Ángeles, California) y las autoridades estatales enteradas no detuvieron la atracción.
Luego del último accidente, registrado el pasado 12 de julio, Six Flags cerró la montaña rusa sin mayores explicaciones. Por su parte, las autoridades de California encargadas de inspeccionar estos parques, no respondieron las preguntas de CNN.
Lyndia Wu, profesora de ingeniería mecánica en la Universidad de Columbia Británica, junto a otros expertos, señalaron que el riesgo de lesiones cerebrales traumáticas asociadas con las montañas rusas suele ser bajo según investigaciones anteriores, pero que hoy en día pueden existir más atracciones del tipo de X2 que podrían requerir un nuevo relevamiento.
Algunos de los casos
CNN constató cientos de demandantes por lesiones en la montaña rusa. En muchos de ellos, los abogados de Six Flags argumentaron que las personas conocían del riesgo al que estaban expuestos.
En el 2014, Selena O’Neill, una adolescente completamente sana de 17 años, sufrió dolores de cabeza, problemas para ver y caminar luego de bajar de la montaña rusa X2. Al día siguiente fue al médico, y sufrió una convulsión durante la consulta. Al examinarla, los doctores le constataron un hematoma subdural, que en ocasiones puede provocar la muerte. Se genera cuando se acumula sangre en la superficie del cerebro.
En el 2020, previo a la pandemia, Sheila Katerelos de 50 años sintió un “dolor agudo y pulsátil” -10 de 10 en una escala de dolor- cuando su cabeza golpeó contra el asiento. Luego de tener las mismas dificultades que O’Neill, terminó en una emergencia donde estuvo internada cinco días con un diagnóstico de lesión cerebral traumática y múltiples hematomas subdurales.
En el 2021, Lucy Alvarez de 46 años sufrió el mismo episodio y hasta el día de hoy sufre de pérdida de memoria, problemas de equilibrio y migraña crónica.
En el 2022, Christopher Hawley de 22 años subió al X2 como un joven sano, pero su cabeza golpeó varias veces el respaldo del asiento. Bajó, se mareó y se desvaneció. En el hospital le descubrieron una hemorragia cerebral “tan grave que le comprimía el cerebro hacia un lado del cráneo”. Falleció menos de diez horas después.
Hay por lo menos un antecedente de muerte en 2010; Hilda Farias, una madre soltera de 28 años, también se había subido al X2.
Pamela Guillén, de 40 años y residente de Hawai, experimentó en julio de este 2026 lo mismo que sus antecesores fue intubada en el hospital por un hematoma subdural grave y compresión cerebral. Despertó dos semanas después, y debió aprender de nuevo a hablar y caminar. Todavía sufre de migrañas, confusión mental, y precisa de medicación para no convulsionar.
Naomi Greer-Wilkinson, de 25 años y residente de Los Ángeles, perdió el conocimiento también en julio y ahora permanece en estado crítico, en coma, conectada a un respirador y a una sonda de alimentación que la mantienen con vida.