Tratativas para rescatar histórico velero

Naufragio del Lord Clive. Se cumplen hoy 250 años de una de las más cruentas batallas del Río de la Plata, que pudo haber cambiado la historia. "Hoy, todos podríamos estar hablando inglés"

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ANDRÉS LÓPEZ REILLY

Se cumplen hoy 250 años de una batalla que podría haber cambiado la historia. El buque Lord Clive se hundía frente a Colonia, en la primera invasión británica al Río de la Plata. "Si hubieran ganado, hoy hablaríamos en inglés", dice el rescatador de tesoros Rubén Collado.

Doscientos cincuenta años del naufragio del Lord Clive y 333 de la fundación de la Colonia del Sacramento. Este 2013 tiene una significación muy especial para la ciudad "Patrimonio Histórico de la Humanidad", según resolución de Unesco de 1995.

El buscador de tesoros Rubén Collado opina: "si el Lord Clive no se hubiera hundido en batalla con los españoles frente a Colonia, hoy podríamos estar todos hablando en inglés".

"Si ellos tomaban Buenos Aires, que podrían haberlo hecho, después tomaban Malvinas, Chile, Perú, Bolivia y todo el Sur. Dos meses antes la Marina de guerra inglesa había tomado Cuba. Y no hay que olvidarse que Norteamérica, en ese momento, estaba en poder de los ingleses. Todo el continente podría haber sido inglés", indicó Collado, quien desde hace años tiene su museo de naufragios y tesoros en la zona del Real de San Carlos.

El rescatista ubicó al Lord Clive hace muchos años y se enfrentó a una situación paradójica: si bien le otorgaron un permiso de búsqueda, nunca le autorizaron el rescate.

"El contrato está vigente e incumplido, falta que nos den la autorización. Y el barco está entero, es un navío de 64 cañones, un gemelo del Agamemnon que se encuentra hundido en Punta del Este", indicó Collado, quien ha retomado las conversaciones para recuperar el emblemático buque de guerra.

LA MISIÓN. A principios del verano de 1762, en un aviso aparecido en las lóbregas calles londinenses, se solicitaban tripulantes aventureros para una expedición al Río de la Plata asegurando "libertad absoluta para el saqueo".

El Almirantazgo proveyó los fondos y con el aporte de juntas comerciales del imperio se fletaron dos naves: el HMS Kingston (bautizado luego como Lord Clive), de 60 cañones, y el Ambuscade, de 40 cañones.

Se sabe que existieron diez naves con el nombre Kingston dentro de la Marina Real Británica entre 1697 y 1869. El cambio de nombre a Lord Clive se debió a que el buque fue vendido, al igual que el Ambuscade, fuera de la Marina en 1762. Para entonces, ya había pasado por dos reconstrucciones.

Ambos buques fueron puestos a las órdenes del Capitán Robert MacNamara, un oficial de la East India Company, y partieron para Lisboa en agosto de 1762, donde se les unieron otras dos naves (una de ellas la fragata portuguesa Gloria) y 600 hombres más. Con MacNamara viajaba su amigo y socio Joseph Reed, quien moriría al inicio del combate frente a Colonia del Sacramento.

Tras una larga travesía hacia el continente americano, la flota arribó a Río de Janeiro, donde por disposición de su gobernador, Gomes Freire de Andrade, conde de la Bobadela, se le agregaron otras cinco naves auxiliares y 400 marineros.

El 15 de diciembre de ese mismo año la expedición partió de Río de Janeiro rumbo al Río de la Plata para atacar Buenos Aires, teniendo previsto hacer una previa escala por Colonia, que todavía creían en manos de los portugueses.

EL COMBATE. "En los primeros días de enero de 1763, en un consejo de capitanes que se realiza en el mismo Lord Clive, se decide cambiar el rumbo de la expedición: primero recuperar Colonia y luego conquistar Buenos Aires", recuerda el investigador y guía turístico de Colonia Alberto Pintos.

"Los buques de gran porte tienen que tirar anclas para atacar tierra. Y el Lord Clive queda anclado frente a lo que es hoy el Bastión de Santa Rita, con 500 tripulantes entre marinería y artilleros", añade Pintos.

MacNamara decidió en la tarde del 5 de enero de 1763 el plan de ataque, que debía realizarse ni bien amaneciese el día 6. El día clareaba con un cielo totalmente despejado y elevada temperatura; era día de Reyes y el capitán previó que la población estaría entregada a la liturgia que se celebraba en la festividad católica.

Los dos barcos cardinales de la escuadra, el Lord Clive y el Ambuscade, quedaron a escasos 350 metros de la costa.

A las 6 de la mañana en punto MacNamara disparó la primera descarga que levantó una furiosa polvareda y una nube blanca que se elevó al cielo al dar de lleno en un terraplén de defensa. Bastó este primer disparo para que un atronador cañoneo, que se prolongaría por cuatro horas, pusiera fuera de combate al Lord Clive, que recibió varias andanadas declarando un incendio que corrió de popa a proa. Por el enorme porte y altura del barco, le era imposible bajar la mira de sus cañones y muchas de sus balas se perdían por encima de la ciudadela, desde la cual, con una batería corta, los españoles no tenían mayor problema en impactar contra el imponente navío inglés, utilizando incluso "balas rojas", que se calentaban previamente para provocar incendios a bordo.

Mientras el buque se hundía, un marinero se aproximó a MacNamara, quien quería morir con su nave, lo arrastró consigo y lo obligó a echarse al río. Una vez entregados a las olas aquellos dos hombres, la fuerza de la corriente y el cansancio del combate hicieron desfallecer al soldado. MacNamara le pidió que lo soltara y le dijo que él nadaría solo. Le entregó su espada por encima de las olas y se hundió en ellas, encontrando allí su muerte.

EL RESCATE. Collado asegura que el barco se encuentra identificado a 350 metros de la costa y a 6 metros de profundidad, en un antiguo canal de ingreso a la bahía de Colonia.

"Fue un error del capitán MacNamara anclar tan cerca de la costa. Ese barco, a 2.000 metros, se cansaba de hacerle agujeros a la ciudad de Colonia con los cañones que tenía. Los españoles bajaron los cañones a la playa y de ahí le tiraron. Lo agujerearon, se incendió y se empezó a hundir", recordó el buscador de tesoros.

El buque fue luego tapado con piedras para evitar su reflotamiento. "Lo taparon con piedras de las murallas porque podía ser rescatado, al estar a poca profundidad. Nosotros sacamos parte de la muralla, un ancla enorme, jarrones, botellas de cerveza y de ron. Y después hubo que poner todo de vuelta en su lugar", añadió.

Frente a la posibilidad de que pueda concretarse el tan postergado rescate, Pintos declaró: "Hace más de 25 años que se vienen sacando piezas del Lord Clive y otras cosas de la bahía de Colonia, que no sabemos donde están, que están en colecciones privadas".

"En cambio, en el Museo de los Naufragios (de Collado) se exhiben las piezas. Sería maravilloso como atractivo turístico tener en Colonia del Sacramento un museo techado como el del Vasa, de Estocolmo (Suecia), donde hay un buque hundido recuperado que se trajo a superficie", añadió el investigador y guía de Turismo.

Cuando las noticias viajaban a vela

En la actualidad, cuando una noticia se difunde con un click, puede llegar a ser difícil entender cómo funcionaban las comunicaciones en el siglo XVIII. Tras un larguísimo viaje, el Lord Clive llegó a Colonia del Sacramento sin saber que, varios meses antes, la plaza había pasado a mano de los españoles, acérrimos enemigos de los ingleses. La ciudad había sido tomada por Pedro de Cevallos y estaba guarnecida con tropas españolas que en cuatro horas de combate hicieron volar la nave capitana inglesa y acribillaron al Ambuscade, de 40 cañones.

Del Lord Clive solo se salvaron 6 oficiales y 72 marineros, de cerca de 500 tripulantes. En la ocasión murieron el capitán MacNamara y Joseph Reed, el hábil agente que durante siete años preparó la expedición al Río de la Plata.

"Increíblemente, el que había diseñado todo este plan, Joseph Reed, un inglés que había estado trabajando en el Asiento de Negros de Buenos Aires, muere con el segundo disparo desde tierra", recuerda el investigador Alberto Pintos.

"Cevallos tiene 100 cañones en tierra, muy bien instalados, contra los más de 100 de los tres buques. Hay que imaginarse lo que puede haber sido esa mañana en Colonia, con un centenar de cañones disparando desde el agua y toda la artillería de la Colonia fortificada y restaurada por Cevallos haciéndolo desde tierra", añadió.

LAS AGUAS TEÑIDAS DE SANGRE

Según algunas crónicas, en la tragedia murieron cerca de 300 tripulantes, aunque podrían ser más. Solo 78 marineros se salvaron, lanzándose al agua y ganando la costa a nado mientras Pedro de Cevallos ordenaba disparar a los enemigos aún estando éstos en el agua.

El navío Ambuscade y la fragata Gloria, maltrechos y en rápida fuga, se alejaron de la línea de fuego para volverse a Río de Janeiro con la carga de la derrota.

El Lord Clive, consumido por el fuego y las explosiones de la santabárbara (pañol de pólvora) desapareció al poco tiempo bajo las aguas.

Los náufragos fueron de inmediato interrogados por las autoridades y luego de un sumarísimo juicio, los oficiales fueron ahorcados sin miramientos en la plaza del fuerte. La mayoría de la tripulación sin rango fue trasladada a Buenos Aires y recluida en el interior del país, muy lejos de la capital.

El exgobernador de Buenos Aires y primer virrey del Río de la Plata, Pedro de Cevallos, persuadido de que éste no sería el último intento de ataque, dispuso una férrea custodia de los súbditos ingleses y portugueses afincados en la ciudad. El enérgico general, que tenía como cometido invadir todas las posiciones portuguesas, se dirigió luego a la frontera del Este, donde tomó las fortalezas de Santa Teresa y San Miguel.

En un interesante aporte a la historiografía marítima del Río de la Plata, Adolfo Kunsch Oelkers recuerda en su libro Incendio y naufragio del Lord Clive que las características del ataque naval en el que se perdió este buque en la ensenada de Colonia, permiten considerarlo como la primera invasión inglesa al Río de la Plata, antecedente de las llevadas a cabo en 1806 y 1807.

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