LAS LIBRAS DE MAILHOS

Revelan documentos sobre el "robo del siglo" de los tupamaros

Libro de Diego Fischer arroja luz sobre el robo de las libras de Mailhos.

“Sediciosos” y “facciosos” eran términos empleados por la prensa para referirse a los tupamaros, ya que un decreto prohibía llamarlos por su nombre. Foto: Archivo El País
“Sediciosos” y “facciosos” eran términos empleados por la prensa para referirse a los tupamaros, ya que un decreto prohibía llamarlos por su nombre. Foto: Archivo El País

Hace cincuenta años los diarios de Uruguay y del mundo daban cuenta del atraco más audaz y espectacular cometido en la historia de nuestro país. “Sediciosos roban casi 100 millones. Se llevan 25.000 libras, transmisores, armas y máquinas”, titulaba El País el 6 de abril de 1970. Por aquel entonces, “sediciosos” y “facciosos” eran términos empleados por la prensa para referirse a los tupamaros, ya que un decreto del gobierno de Jorge Pacheco Areco, aprobado bajo las llamadas “Medidas prontas de seguridad”, había prohibido a los periodistas referirse a los guerrilleros del MLN-T por su nombre.

El robo tuvo como víctima a Luis Eduardo Mailhos, un poderoso empresario integrante de la familia más rica del Uruguay en ese entonces. Así como en el mundo se utilizaba la expresión “tiene más dinero que Rockefeller” para aludir a una persona acaudalada, en el imaginario uruguayo ponerle el apellido Mailhos a esa sentencia era también referenciar a quien poseía una gran fortuna.

El robo fue audaz por la forma en que los tupamaros concretaron su golpe y espectacular por el botín que obtuvieron.

La historia de la desaparición de nada menos que 240 kilogramos de oro de una mansión que se encontraba en 8 de Octubre y 18 de Julio, vuelve ahora al tapete en el nuevo libro de Diego Fischer El robo de la historia. La trama desconocida de las libras de Mailhos, una obra editada por Sudamericana que se pondrá a la venta mañana lunes y que será presentada el próximo miércoles en el Museo Zorrilla de Punta Carretas.

Como en otras publicaciones anteriores, Fischer realizó una minuciosa investigación periodística en la que revela hechos y documentos desconocidos hasta hoy. El autor hizo un paciente trabajo en archivos de Uruguay, Argentina y Francia (de donde era procedente la familia Mailhos), que demuestran cuál fue el verdadero origen del oro robado, cómo y por qué se introdujo al Uruguay en 1949 y por qué Luis Mailhos, luego de haberlo mantenido durante años en el tesoro del Banco Comercial, decidió llevarlo para la residencia en la que funcionaban varias de las empresas de su familia.

La casa Mailhos se encontraba en 8 de Octubre y 18 de Julio. Foto: Archivo El País
La casa Mailhos se encontraba en 8 de Octubre y 18 de Julio. Foto: Archivo El País

El gran golpe

Entre la noche del 4 y la madrugada del 5 de abril de 1970, un comando guerrillero copó la lujosa residencia Mailhos de la avenida 8 de Octubre 2285 y se alzó con una caja fuerte de más de una tonelada, que contenía 25.000 libras esterlinas y tres lingotes de oro.

Se trató de un golpe muy efectivo que les dio a los tupamaros, además de $100 millones de la época, enormes espacios en la prensa nacional y fama fuera de fronteras.

La forma, el método y el resultado del atraco sirvieron para que el grupo guerrillero se reposicionara ante la opinión pública, porque en el Uruguay de entonces, el apellido Mailhos era sinónimo de riqueza.

“Las personas con fortuna fueron siempre mal vistas y denostadas por los sectores populares y medios de la sociedad uruguaya. Por aquellos años el país vivía una conmoción política y social que tenía dividida y enfrentada a la sociedad, en buena medida por las acciones terroristas del MLN”, dice Fischer.

Un estudio que el autor hace de los diarios de la época, también confirma cómo el Uruguay se deslizaba por un despeñadero que parecía no tener fin.

Los tupamaros decían luchar contra la oligarquía y defender los intereses del pueblo. En ese escenario de violencia y enfrentamiento, el robo a Mailhos fue celebrado por gente que vio en él un gran golpe a la oligarquía. La visión cambiaría pocos meses después, cuando los terroristas provocaran decenas de muertes de inocentes, secuestros, atentados con bombas contra edificios y casas particulares, y habilitarán la irrupción de los militares en la vida política del país. Era el fin de la democracia en Uruguay”, señala el escritor.

El misterio.

¿Cuál fue el destino de las libras de los Mailhos que se robaron los tupamaros? Nadie lo sabe. Es un misterio, como el paradero de la bandera de los Treinta y Tres Orientales que también fue robada por el grupo guerrillero. Pero Fischer ofrece las claves para entender lo que él considera fue “una historia mal contada”, y de la que algunos protagonistas siguen siendo hoy referentes de la política nacional.

Los tupamaros identificaron la operación como “La burra”, nombre con que bautizaron a la caja fuerte. Eran conscientes de que se trataba de su jugada más audaz hasta entonces. Como en todos los atracos anteriores, hablaban de apropiación, nunca de robo. Para ellos, el botín era dinero que le sacaban a la oligarquía para devolvérselo al pueblo. O el daño ocasionado a este “sector” de la sociedad. No importaba si era un banco, una empresa, un particular o el mismísimo Estado, como el caso del atraco al Casino San Rafael, ocurrido en febrero de 1969.

Tras su reaparición ante la opinión pública, el extupamaro Héctor Amodio Pérez dijo que fue el último en tener las libras de los Mailhos en su poder (antes de ser detenido); que se las había entregado en una bolsa Raúl Sendic (padre del exvicepresidente) y que así las escondió entre dos paredes.

Una lectura al libro de Fischer revela que esto es difícil de sostener, sobre todo si se habla de la totalidad del botín: eran 240 kilogramos de oro, difíciles de maniobrar por una sola persona De hecho, el día del robo, 12 tupamaros fueron necesarios para levantar y violar la caja fuerte en la que se encontraban las libras. Y esa misma caja, ya vacía, debió ser izada después por una grúa que la Policía tuvo que pedir prestada a Bomberos.

La víctima, a la cárcel

El robo de las libras se perpetró el fin de semana del 4 y el 5 de abril de 1970. Ese domingo, sobre las 10 y 30 de la mañana, la Policía se presentó en la casa de Luis Eduardo Mailhos. Y por orden judicial, lo detuvo.

-Esto parece una broma de mal gusto. Soy víctima de un robo y me detienen a mí -dijo Mailhos cuando el comisario Macchi fue personalmente a su casa de Pereira de la Luz (Pocitos) a cumplir con la orden del juez.

La peripecia judicial de Mailhos, que debió permanecer en la Cárcel Central por algún tiempo, y fue defendido por la doctora Adela Reta, por entonces ya catedrática de Derecho Penal de la Facultad de Derecho de la Udelar, es narrada por el autor en base a documentos obtenidos de los expedientes judiciales y de cartas del entorno más cercano a Mailhos.

Mucho antes del robo de las libras realizado por los Tupamaros, la familia Mailhos había sido víctima de ladrones de guante blanco, cuando le fueron sustraídos de su residencia de Pocitos varios de los cuadros más valiosos de su extraordinaria pinacoteca.

El robo de la historia, se remonta también al siglo XIX y narra cuándo y en qué circunstancias llegó a Uruguay, en 1835, Luis Mailhos Lavadan, un republicano francés proveniente de los altos Pirineos, de profesión mecánico y cerrajero.

Junto a uno de sus hijos, Julio Mailhos Baleix, echarán las bases de la fortuna más grande que hubo en el Uruguay y una de las más importantes de América del Sur hasta promediar la década de 1950.

Fischer también relata la vida de Mailhos en París luego de que el proceso judicial se cerró y se marchó del país. Su regreso a Uruguay, su muerte y cómo se repartió su herencia, también son parte de esta historia narrada a lo largo de 280 páginas.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)