Los obispos le entregaron a León XIV más de 900 cartas que plantean las preocupaciones de los uruguayos

Las adicciones, la salud mental, el suicidio, la baja natalidad, la fe, la situación de los adultos mayores y de las familias, fueron algunos de los asuntos abordados en las misivas contenidas en dos tomos encuadernados

Cruz pectoral que regaló el papa León XIV a los obispos uruguayos
Cruz pectoral que regaló el papa León XIV a los obispos uruguayos
Foto: cedida a El País

La soledad, las adicciones, el suicidio, la inmigración, la baja natalidad, la fe vivida de manera silenciosa, los adultos mayores, los abusos en la Iglesia, fueron algunos de los temas planteados en más de 900 cartas que los obispos uruguayos le entregaron al papa León XIV este viernes por la mañana en una reunión que mantuvieron durante una hora en el Vaticano.

En ese encuentro, el pontífice habló de sus “ansias” de regresar a América Latina ya que fue obispo de Chiclayo, en el norte de Perú, e incluso tiene la ciudadanía de ese país.

Las cartas fueron entregadas encuadernadas en dos tomos al pontífice y los obispos difundieron un resumen ya que se habían comprometido a no divulgarlas individualmente para respetar la privacidad de quienes las escribieron. “No todas las cartas son un elogio. Con la misma sinceridad con que agradecen, algunos uruguayos le piden a la Iglesia que se mire a sí misma: que los abusos cometidos por algunos de los suyos no vuelvan a ocultarse, que la catequesis sea más honesta y menos superficial, y que las distintas comunidades dentro de la Iglesia dejen de mirarse con recelo entre sí”, se señaló en un pasaje del resumen que divulgó la Conferencia Episcopal Uruguaya. “Son reclamos que nacen también del deseo de una Iglesia más fiel, más cercana y capaz de aprender de sus heridas”, se agregó.

“Una herida atraviesa todas las edades: la salud mental y, en particular, el suicidio. No pedimos explicaciones fáciles, pedimos compañía. Muchas familias han perdido a alguien joven y buscan en la fe no una respuesta, sino un lugar donde ese dolor pueda ser sostenido. Y quizá también por eso su visita despierta tanta esperanza: porque necesitamos recordar, juntos, que ninguna vida es indiferente y que siempre vale la pena volver a tender una mano”, se añadió en la misiva.

Las cartas fueron presentadas con una carátula que decía “Lo que Uruguay quiere contarte. Un retrato colectivo para el Santo Padre” y fueron acompañadas de dibujos de niños. Con ellas, la iglesia local intentó trasladarle al pontífice algunas de las inquietudes frecuentes en la sociedad uruguaya en las semanas previas a su visita al país que comienza el 6 de noviembre y se extenderá hasta el 8. La visita abarcará Montevideo, Paysandú y Florida.

“No es la voz de la Iglesia la que le escribe: es un retrato colectivo del país, tejido con muchas voces distintas, a veces contradictorias entre sí, siempre sinceras”, se sostuvo en la introducción. “La familia aparece una y otra vez como la primera preocupación y la primera esperanza. Se habla de la baja natalidad, de matrimonios que se deshacen, de hijos que crecen lejos de la fe de sus padres, pero también de conversiones que reconstruyen hogares y de abuelos que sostienen la transmisión cuando todo lo demás falla. Aun en medio de las dificultades, muchas cartas muestran familias que siguen intentando cuidarse, encontrarse y empezar de nuevo”, se detalló en el resumen.

La problemática de los adultos mayores fue planteada. “Los adultos mayores ocupan un lugar central y, por momentos, doloroso o preocupante: muchas cartas describen el abandono, la soledad y la precariedad de quienes, como escribió una nieta, sostienen la Iglesia mientras la sociedad corre el riesgo de dejarlos de lado. Pero también aparecen hijos, nietos, comunidades y vecinos que no se resignan a esa soledad y siguen haciendo del cuidado una forma concreta de esperanza”, se narró.

Otra de las preocupaciones que se manifestó es “que las diferencias puedan tramitarse sin rompernos y que la convivencia siga siendo un bien que cuidamos entre todos”. “Uruguay lo espera, Santo Padre, no solo como jefe de Estado y Pastor de la Iglesia, sino como a alguien que, según muchos de nosotros sospechamos, ya vive un poco entre nosotros: cercano, sencillo, atento a lo humano antes que a lo protocolar. Lo esperamos con nuestras heridas y nuestras fortalezas, con preguntas que todavía no sabemos responder y con muchas ganas de encontrarnos. Porque, detrás de preocupaciones muy distintas, aparece una convicción que se repite una y otra vez: todavía creemos que es posible cuidarnos más, escucharnos mejor y construir juntos”, se concluyó en el resumen.

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