EL PLAN DEL MIDES

De la gerencia de un banco a trabajar por los más pobres

Los desafíos de Fernanda Ausperg, la nueva directora nacional de protección integral en situación de vulneración del Ministerio de Desarrollo Social (Mides).

Fernanda Ausperg, al frente de Vulnerabilidad del Mides. Foto: Leonardo Mainé
Fernanda Ausperg, al frente de Vulnerabilidad del Mides. Foto: Leonardo Mainé

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Hasta hace poco tiempo Fernanda Ausperg dirigía la oficina local de un banco alemán. Contadora de profesión, dedicó su vida a las finanzas. Ahora su oficina es un hueco minúsculo en el piso cinco y medio del edificio del Ministerio de Desarrollo Social (Mides).

Para cerrar la puerta apoya una silla donde antes había una cerradura. La única ventana que hay debió ser forzada ya que hasta hace 15 días estaba fija. Ahora hay que ventilar los ambientes. Sus días comienzan temprano y terminan tarde en la noche. Tiene 48 años de edad, tres hijos y una madre que no ve hace un mes.

Sin embargo, a pesar de las difíciles condiciones de trabajo, está feliz. Tiene a su cargo a los más desvalidos de la sociedad: desde el pasado 2 de marzo es la nueva directora nacional de protección integral en situación de vulneración del Mides.

“Tengo cero ambición política, estoy donde quiero estar”, asegura. Mantiene una profunda fe cristiana, católica. Luce unas sutiles pulseras y colgantes con imágenes religiosas. Sostiene que el servicio es una forma de estar más cerca de Dios. Se educó en el humilde colegio San Francisco de Asís de Nuevo París.

Viene del Hogar de Cristo, una organización de los jesuitas que trabaja con niños, jóvenes y ancianos. Eligió estar en el sector de las “ollas” para dar de comer a los más desamparados. De ese trabajo le quedó la vocación de estar en la calle.

“Doctora, ¿cuándo voy a volver a mi refugio?”, le pregunta un hombre que está viviendo en el Palacio Peñarol. Lo mira a los ojos y le responde con una sonrisa. “Ya te dijimos que todavía no sabemos, hay que esperar unos días”, le responde.

La directora nacional de protección integral en situación de vulneración del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) recorre el Palacio Peñarol. Foto: Leonardo Mainé
La directora nacional de protección integral en situación de vulneración del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) recorre el Palacio Peñarol. Foto: Leonardo Mainé

Sin militancia política previa, Ausperg se sumó al Partido Nacional desde las filas del diputado Rodrigo Goñi, de la lista 40. De hablar pausado, cuenta que durante un año trabajó en la planificación del nuevo Ministerio de Desarrollo Social.

El ministro Pablo Bartol pensó en Ausperg para que se ocupara de los números del organismo pero ella no tenía interés en volver a los números. En una reunión de mujeres políticas alguien recomendó que pidieran y exigieran los puestos de su preferencia. Aplicó lo aprendido y pidió para ir a la calle. Bartol aceptó.

La crisis sanitaria la encontró conociendo el lugar en el que iba a trabajar y tratando de desarrollar los proyectos planificados tiempo atrás. “Queríamos aplicar modelos autogestionados, visibilizando a las personas para que puedan salir adelante”, cuenta a El País.

Pero el COVID-19 llegó. “Desde el viernes 13 de marzo no duermo, todos esos planes se desmoronaron. De ahí a la asistencia directa, el gobierno puso en primer lugar el tema alimentario y la salud”, dice.

“Cuando escucho el ‘quedate en casa’ es como una puñalada en el corazón porque pienso en los que no tienen casa”, afirma. La epidemia “todavía no bajó a la calle, pero lo hará”, asegura. Por ello no apaga nunca el celular a la espera de que alguno de los usuarios de los servicios dé positivo. “Ahí hay que salir a armar un operativo de urgencia. No es solo el riesgo a las personas en situación de calle, son 30 a 40 vectores que salen por la ciudad”, explica.

Fue necesario separar a la población de riesgo. En pocos días transformó 1.000 plazas diurnas en centros capaces de funcionar las 24 horas.

“Muchos de esos lugares son casas de familias arrendadas en las que en un dormitorio duermen 12 personas en cuchetas. De eso se encargan organizaciones o cooperativas a los que el Mides les paga. Había hacinamiento”, cuenta Ausperg.

Logró aislar a la población más vulnerable, en particular los mayores de 65 años, después bajaron la edad porque es una población con “más deterioro que el resto”.

Ocho personas en situación presentaron la sintomatología del COVID-19. Sin embargo, ninguna resultó positiva.

“La estrategia fue trasladar a los más ancianos al Palacio Peñarol, a los jóvenes al Estadio Centenario y destinar la concentración del Estadio Charrúa para el momento en que surjan los casos positivos de Coronavirus o síntomas”, dice.

Por otro lado, se armó un dispositivo en la Rural del Prado para ser utilizado en caso de ser necesario aislar un centro.

Advierte que de su trabajo entre las ollas en el Hogar de Cristo extrajo algunas enseñanzas. “Me di cuenta que se estaban tomando decisiones que no tenían en cuenta a las personas. Si les preguntas, tal vez te digan que un refugio para ir a dormir y comer no es lo que precisan, quieren otra cosa, salir adelante”, asegura.

Cuando asumió este gobierno no había cupos para personas en situación de calle. Eso porque todos los servicios previstos para el invierno pasado se mantuvieron durante la primavera y el verano. Como si fuera poco, al cerrar los lugares habituales en los que circula esta población quedó sin actividad. Con ese sentido se está organizando un sistema de atención en tres plazas evitando aglomeraciones.

Ahora, mientras Ausperg y su equipo se ocupan de las urgencias de la epidemia, proyectan un nuevo sistema de asistencia. La directora recuerda que el 80% de los costos en los refugios se destinan a gastos de personal y que una sola organización administra siete centros de personas en situación de calle y otros programas del Mides.

Ausperg quiere apuntar a fortalecer los aspectos “autogestionarios” de los usuarios, creando con ellos emprendimientos productivos como panaderías y carpinterías. 

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