FALLO JUDICIAL, 10 AÑOS DESPUÉS

El caso Blanquita Filippini: "El dolor de mi hija dejó un surco en mi vida", dice su padre

Hace una década que Blanquita Filippini (14) aguarda un fallo de la Justicia Civil del departamento de Salto ante una presunta mala praxis médica. En una semana, la Justicia se expedirá.

Blanquita Filippini. Foto El País
Blanquita Filippini. Foto El País

El caso conmovió a los uruguayos hace una década. Blanquita Filippini, entonces de tres años, sufrió amputaciones de sus dos piernas, el antebrazo izquierdo y dos dedos de su mano derecho tras una infección generalizada sufrida por un apendicitis. Se salvó de milagro.

Posteriormente, la familia Filippini inició una demanda civil contra Salud Pública reclamando daños y perjuicios por entender que la menor sufrió una mala praxis en el Hospital de Salto que le generó la infección generalizada.

La demanda, que supera ampliamente el millón de dólares, sostiene que el médico que la atendió no le ordenó estudios para determinar si la niña sufría una apendicitis. Le diagnosticó una gripe y la envió a casa.

El escrito agrega que, en una segunda ocasión, Blanquita fue revisada y dada de alta por una practicante sin autorización de un pediatra de guardia. Ya presentaba los síntomas de la apendicitis: vómitos, dolores abdominales y fiebre. Finalmente, la niña volvió al hospital con mucha fiebre, y dolor abdominal. Otros médicos le diagnosticaron apendicitis.

El monto reclamado se compone por los costos de prótesis, el daño ocasionado por Salud Pública desde los tres años hasta que muera, su asistencia, lucro cesante, entre otros, según el reclamo.

Omar Filippini, padre de Blanquita, tiene hoy 72 años. Cuando Blanquita cumplió los cinco años, Omar se divorció y crió solo a sus cuatro hijos durante los últimos ocho años.

Él se encarga de llevarla al hospital para que le realicen las curaciones y la acompañó en las veinte operaciones que sufrió la hoy adolescente, la última hace una semana atrás.

“Yo fui papá y mamá de todos ellos”, dice Omar con una sonrisa con un dejo de dolor.

Se separó de su esposa por un tema que considera clave: “ella golpeó mal a uno de mis hijos. Yo no estaba de acuerdo con eso y le dije que no iba a ser cómplice de actitudes de ese tipo. Ahí le pedí el divorcio”.

Los últimos diez años no fueron fáciles para Pablo y sus hijos. “He vivido muchas pesadillas tremendas. La lucha fue enorme. Hasta ahora cuesta mucho convencerla (a Blanquita) y convencerse uno de lo ocurrido. Fue muy difícil, pero seguimos tirando. A esta altura del partido seguimos empujando: la semana pasada fue operada de vuelta y continúan con las curas y los traslados a Montevideo”, dice Omar.

Y agrega: “Son rastros, surcos en la vida de uno que son difíciles de sacarlos. Lo que ella vivió y sufrió fue enorme”.

Hoy Blanquita tiene 14 años. Pasó a tercer año del liceo. Ha logrado sortear otras dolencias generadas por la infección generalizada sufrida con tres años de edad. Y su estado anímico es excelente, según los psicólogos que la atienden.

Blanquita trata que su vida sea como la de cualquier adolescente. A su padre ya le transmitió que quiere tener novio. A menudo habla por teléfono con un adolescente que conoció en uno de sus viajes a Montevideo.

Informes de peritos en el expediente judicial

Dentro de una semana, la Justicia se expedirá sobre si es pertinente o no el pago de una indemnización por daños y perjuicios por parte del MSP.

El abogado de la familia Filippini, Pablo Perna, dijo a El País que lo ocurrido a Blanquita es un claro ejemplo de responsabilidad médica, ya que no solo se demoró varios días en diagnosticar una apendicitis pese a los síntomas, sino también que, en la segunda concurrencia al hospital, fue revisada por una practicante y dada de alta por ésta sin una autorización de un médico de guardia como corresponde.

A través de Perna, la familia Filippini incluyó en el expediente un informe técnico que concluye que sí existió mala praxis en la atención de Blanquita en el Hospital de Salto. Por su parte los abogados de ASSE presentaron un escrito negando la responsabilidad médica. Posteriormente, Perna anexó al expediente una pericia que señalaba que sí hubo error por parte de los profesionales.

En tanto, otra pericia presentada por ASSE sostuvo que no la hubo. Es decir, hay en el expediente dos informes técnicos y dos pericias antagónicas.

Perna interrogó a dos peritos que concluyeron que no había responsabilidad médica preguntándoles si sabían que, en la segunda visita al hospital, la entonces menor había sido revisada y dada de alta por una practicante sin aval de un profesional. Esa practicante, según Perna, reconoció su error cuando declaró en el Juzgado Civil alegando que no se dio cuenta que se trataba de una segunda asistencia a Blanquita. “Ambos peritos dijeron que no tuvieron en cuenta esa consideración o no lo valoraron”, explicó Perna.

En algún momento, la ministra de Salud Pública, María Julia Muñoz, se expidió sobre el caso Blanquita, señalando que no se trataba de un caso de mala praxis, sino de una diagnóstico tardío.

Según Perna, las autoridades estatales trataron de transferir la culpa de lo ocurrido a la familia Filippini señalando que la infección se debió a que Blanquita estaba desnutrida.

“Se trató de ensuciar a la familia diciendo que era una desnutrida crónica cuando su peso mermó por las amputaciones”, explicó el abogado.

En el expediente, el jefe del CTI de Salto de esa época dijo que una practicante fue procesada por la Justicia por diagnosticar y dar de alta a una paciente sin la autorización de un médico de guardia, recordó. Y agregó que la concatenación de hechos muestran que “el sistema falló” y provocó una “disminución” de las chances de Blanquita de tener un resultado favorable en materia de salud.

Blanquita habla sobre su historia: “Mi vida pudo haber sido distinta”

Desde los tres años, Blanquita Filippini debió lidiar con la falta de sus piernas y de uno de sus brazos. Con esa carencia creció. De todas formas se las arregló para concurrir a una escuela y ahora cursa tercer año de Ciclo Básico.

Hoy, con 14 años, Blanquita es una joven acostumbrada al dolor.

“Ha sufrido más de una operación por año. Fue algo duro para ella”, dijo su padre Omar Filippini a El País.

Blanquita con una amiga.
Blanquita con una amiga.

Cada tanto Blanquita piensa en lo que le ocurrió cuando era muy pequeña. También piensa cuando observa su cuerpo mutilado.

“Pienso mucho sobre verme así. Y pienso también sobre la injusticia que sufrí”, dijo la adolescente a el País.

Blanquita espera con ansiedad el fallo judicial.

“También quiero que se haga justicia porque estoy así por una irresponsabilidad medica”, expresó. Y agregó que cada tanto piensa que su vida pudo haber sido distinta.

Reconoció que logró superar con fortaleza la adversidad que le tocó vivir. “Pero no me gustaría tener que soportar todos los años dolores causados por operaciones”, expresó.

Omar apuntó que Blanquita cuenta con un entorno que la apoya y la cura luego de las intervenciones médicas.

“Ella -dijo- tiene una familia con hermanos que son papá y mamá. Ella abre la boca y todos corremos”.

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