Miguel Abella recibió a El País en su despacho, donde una foto junto a Enrique Antía -ambos saliendo de la sede municipal- custodia una gestión que busca el equilibrio entre la herencia y la impronta propia. En esta entrevista, el intendente de Maldonado defiende su política de diálogo con el Frente Amplio, analiza un verano con cifras récord de eventos y lanza una dura advertencia a la dirigencia nacional de su partido: “No se puede hacer política de oposición desde una oficina en Montevideo sin saber cómo impacta en el territorio”. Además, explica por qué la experiencia de Yamandú Orsi como exintendente facilita hoy el vínculo con la Torre Ejecutiva.
-¿Qué es lo que se espera para esta temporada 2026?
-Lo primero que espero es que sea tranquila. Que no haya accidentes, que no tengamos dificultad y que nuestra gente pueda pasar bien. Pero sobre todo, espero trabajo. El trabajo en temporada es lo que nos va a dejar un muy buen invierno; es lo que deja en esta zona la tranquilidad de tener un pasar distinto durante los meses más fríos.
-Desde el gobierno nacional han dicho que se espera una temporada turística muy buena. ¿Ustedes en Maldonado qué expectativas tienen?
-Algunos se atreven a decir que será mejor que la de 2019, otros que será superior al año pasado. Yo me baso en lo que veo desde mi escritorio: por la cantidad de eventos y fiestas que vamos recibiendo en los papeles y los permisos solicitados, puedo adelantar que estamos muy por arriba de la temporada pasada.
-¿De cuántas fiestas estamos hablando?
-Sin miedo a equivocarme, puedo decir que tenemos más de 90 fiestas autorizadas.
-¿Son más que en la pasada temporada?
-Estábamos bastante por debajo. El salto es importante. También es cierto que cambiamos la modalidad: al ingresar sacamos una resolución aclarando que no íbamos a habilitar ninguna fiesta que no tuviera un trámite y un permiso con todas las habilitaciones correspondientes pedido con 15 días de antelación.
-¿Por qué se decidió imponer una mayor rigurosidad?
-Porque nos gusta prever. El tránsito, la movilidad, la seguridad, la limpieza del día después... eso es fundamental. Si hay una fiesta los organizadores saben que a las 6:30 de la mañana tienen que estar limpiando todo el entorno, no solo lo que tienen adentro de la carpa. Necesito que dejen todo prolijo para la mañana. Esto no es inventar nada; nosotros solo lo pusimos en contexto de resolución.
-Usted trabajó ya en las administraciones de Enrique Antía, pero este es su primer año como intendente, ¿lo pone nervioso la responsabilidad de tener a su cargo al departamento más turístico del país?
-No. Nervioso no, porque yo hago las cosas de forma natural y de frente. Por ejemplo, hoy recibí una nota de una gente de José Ignacio agradeciendo por la suspensión de una fiesta. Pero la fiesta no la suspendí yo, la suspendió el propio dueño. La gente de un boliche habló conmigo hace un mes, les dije que no se autorizaba y el mismo propietario decidió suspenderla. Hubo franqueza. En mi teléfono también tengo un agradecimiento de un boliche de La Barra por hablarles de frente.
-¿Cuál es el criterio para autorizar o no una fiesta?
-Hay distintas variantes. La primera es el lugar y el entorno. Tengo que entender qué hay alrededor de donde tú quieres hacer la fiesta: estacionamiento, seguridad, impacto acústico. Maldonado en ese sentido se ha movido bien. ¿Usted recuerda hace años las famosas “casitas de Manantiales”? Eso desapareció porque se fue persiguiendo, multando y hasta grabando la contribución inmobiliaria de quien alquilaba para fiestas clandestinas. El objetivo no es suspender la fiesta por suspender, sino que se haga en un lugar seguro para el que disfruta y para el que vive en el entorno.
-¿Reciben muchas denuncias por ruidos molestos?
-Hasta este momento, solo hemos recibido una de una fiesta el día 27. Tenemos un equipo de inspectores nocturnos que miden los decibeles tanto en el lugar como dentro de la casa del denunciante. Estamos aprendiendo cada año con la experiencia para que la diversión afecte lo menos posible al vecino.
-Durante el gobierno de Alberto Fernández se habló de un “aluvión” de argentinos viniendo a vivir a Uruguay, especialmente a Maldonado. ¿Esto sigue siendo así?
-Siguen viniendo. Cuando uno mira la cantidad de metros cuadrados que se presentan para construir en barrios privados sabe que es gente que va a pasar al menos seis meses del año aquí. No es como antes, que venían solo de veraneo. Cuando la inversión va a barrios privados y no a edificios de apartamentos, es porque traen a su familia. El crecimiento en los colegios privados es otra señal clara; hay cuatro o cinco nuevos funcionando muy bien.
-Eso cambia el perfil del departamento...
-Nos da la tranquilidad de que podemos pensar en un Maldonado que no sea solo “Punta del Este de playa”. Queremos apostar a las sierras. Por ejemplo, Bulgheroni en su bodega está proyectando un barrio y ahora le suma un hotel de alta calidad. Esa gente está a más de media hora de la costa, del otro lado de la Ruta 9. Invierten porque ven que hay un público para eso. Mi plan es explotar lo que tenemos de sierras y también a las bodegas boutique, que hoy mueven solo 60 cubiertos por noche porque ellos deciden ir hasta ahí. Maldonado creció un 23% en los últimos 10 años, diez veces más que el promedio del país. Tenemos la población más joven y la tasa de empleo más alta.
-Con tanto crecimiento, ¿cómo controlan la construcción y la posible evasión?
-Hoy la tecnología es una herramienta impensada hace 20 años. Tenemos más control con menos costo humano. Estamos actualizando el catastro y seremos la primera intendencia en hacerlo en un plazo de dos años. Además, en el presupuesto incluimos una medida para que casas de hasta 200 metros puedan ser regularizadas de forma ágil por el propio arquitecto mediante un formulario. No estamos inventando nada, lo copiamos de Montevideo y Canelones porque dio resultado.
-Usted ha tenido críticas internas por su cercanía con el Frente Amplio, incluso por visitar su sede local. ¿Cómo convive con eso?
-Yo convivo con mi cabeza. Me siento muy tranquilo. Mis compañeros de partido sabían cuál era mi objetivo: el diálogo y el respeto. Mi discurso no cambió de la interna a las municipales. Los que me conocen saben que no iba a cambiar al asumir.
-Pero, ¿y eso genera algún fruto? El Frente no le votó la línea de crédito de 38 millones de dólares al principio...
-Algo que es importante entender, se aprobó sí una línea de crédito, pero para ser cancelada dentro de mi propio período. No dejé deuda para el que venga después. Segundo, el 99% del presupuesto actual sí lo votó el Frente Amplio. Logramos una línea de diálogo abierta y respeto, que es lo que pedí. No necesito que me voten todo, necesito que podamos conversar.
-¿Cómo definiría su gestión respecto a los 10 años de Antía? ¿Continuidad o cambio?
- Todos tenemos perfiles distintos. Antía es una figura política nacional, con una espalda política muy grande. Yo vengo encarado directamente a la gestión y a la apertura. Él también intentó la apertura en 2015, pero algunos actores no quisieron venir. Hoy el 85% del equipo es el mismo que trabajó con él, pero la manera de llevar el trabajo es la mía.
-En los últimos meses han salido artículos, por ejemplo en el semanario Búsqueda, hablando de ciertos “cortocircuitos”. Se dijo concretamente que Antía llegó a una inauguración manifestando que usted no lo había invitado. ¿Se ha vuelto áspero el vínculo?
-Mire, yo creo que en esto hay mucho de ruido mediático y poco de realidad administrativa. Vamos a los hechos: esa inauguración que tanto se comentó no era una obra de la intendencia, era del Municipio de Maldonado. El que cortaba la cinta y organizaba el protocolo era el alcalde, no el intendente. Es más, le voy a revelar algo: fui yo quien, dos días antes, levantó el teléfono para llamar al alcalde y decirle: “Che, no te olvides de invitar a Coque”.
-Pero si hay un vínculo estrecho, ¿no se esperaba un llamado directo suyo?
-Es que yo no puedo ser un atrevido. Yo no voy a invitar a nadie a un acto que yo no organizo. Si el acto es de un municipio, el dueño de casa es el alcalde. Yo no sé si el alcalde quiere invitar a tal o cual persona, aunque por supuesto en este caso correspondía. Lo mismo pasó con el lanzamiento del “Verano Azul”: la intendencia no invita, lo hace el Ministro del Interior porque es su operativo. En lo formal, hay que ser respetuoso de las autonomías. Con Coque hablo siempre, consulto temas cuando es necesario, pero yo tengo mi impronta. Son estilos, nada más.
- Pasando a la arena nacional, tras las elecciones se dio un proceso de autocrítica dentro del Partido Nacional. ¿Cómo lo vivió?
-Si le soy sincero, no me gustó para nada. No creo que fuera necesario hacerlo. El análisis que hay que hacer es mucho más profundo: ¿cómo puede ser que el partido gane por 80.000 en octubre, pierda por 100.000 a los veinte días y a los cuatro meses pueda ganar por 300.000 votos en las municipales?
-¿Y qué quiere decir? ¿El problema son los dirigentes nacionales y no los locales?
-No es una realidad solo de Maldonado. Pasa lo mismo en Cerro Largo, Treinta y Tres y Paysandú, por nombrar solo tres. Ese es el análisis que hay que hacer. Es como que lo que se tracciona en mayo con la cercanía, no se puede lograr. En mi opinión es porque no se tiene en cuenta al dirigente local como se tiene que considerar cuando se va a trabajar en lo nacional.
-El Frente parece haber hecho sí ese trabajo con su estrategia “pueblo a pueblo”...
-Y ahí está el resultado…
-Hay quienes sostienen desde Montevideo que eso podría tener que ver con una falta de militancia a nivel local para noviembre…
-Esa lectura me choca, porque parece que nos olvidamos de que hoy hay 15 intendentes blancos gobernando. No puede cambiar tanto. Y esto me lleva a señalar otro aspecto: está bien ser oposición, pero también está bien pensar de qué manera somos oposición.
-¿Cree, por ejemplo, que la dirigencia de Montevideo ha sido muy dura con el gobierno de Yamandú Orsi?
- Siento que falta sintonía. Yo creo que si tú tienes un compañero del partido ocupando un cargo ejecutivo, una intendencia, y vas a salir a criticar algo del gobierno nacional, lo mínimo que deberías hacer es llamarlo. Preguntarle: “Che, ¿cómo es el relacionamiento?, ¿te están dando bolilla?, ¿están considerando los proyectos de tu departamento?”.
-¿No lo han llamado?
-A mí, al menos, nadie del Parlamento me ha llamado nunca para consultarme antes de tomar estas posturas que han tomado. Y es un error, porque nosotros tenemos que gestionar el día a día con el gobierno central. Hay que cuidar a quienes estamos gobernando en el territorio.
-Cuando hay elecciones nacionales, ¿se consulta a los dirigentes del interior?
-Y... un ratito antes. Un ratito antes. Esta es una historia que se viene repitiendo desde que estoy en política, la vengo viviendo desde el año 89.
-Mucho se debate en Montevideo sobre el futuro de la Coalición Republicana como lema, y cómo debe estructurarse a nivel nacional y en el interior. ¿Usted qué opina?
-Mire, yo en eso soy muy tajante: no te pueden traer de Montevideo el tipo de coalición que se necesita en cada departamento. La realidad de Maldonado no es la misma que la de la capital, ni la de Rivera o Colonia. Aquí la coalición se construye en el día a día, en el mostrador de la intendencia y en el territorio, conociendo a los vecinos. Una coalición no es solo un acuerdo de cúpulas; es una forma de gobernar. Y tiene que nacer del conocimiento de la zona.
- Esa gestión diaria de la que habla lo obliga a entenderse con Orsi. ¿Cómo evalúa estos primeros meses de gobierno?
-Lo veo bien. Obviamente con las dificultades lógicas que trae cualquier cambio de mando y de signo político en la cabeza del país. Pero veo a un presidente apostando al diálogo y a la apertura. Para nosotros, los intendentes, hay un factor que es clave y muy útil: Orsi conoce el financiamiento público desde adentro. Estuvo 10 años como secretario general y 10 años como intendente de Canelones. No hay que explicarle desde cero qué es un fideicomiso, una línea de crédito o las urgencias de una obra vial; él ya lo vivió. Por eso ha sido muy fácil conversar con él y que nos entienda de una manera distinta. Lo mismo le digo de su gabinete: con la ministra de Salud Pública, con el Ministerio del Interior, con Transporte, Vivienda o Medio Ambiente... con todos hemos logrado una apertura franca.
-¿Mantiene usted línea directa con el Presidente?
-Sí, tenemos diálogo directo, telefónico. Cuando surge una necesidad o hay algo puntual que tratar, levanto el teléfono y el diálogo está. Trato de no molestar por cualquier cosa, porque entiendo la agenda que tiene, pero la puerta está abierta y eso, para Maldonado, es una garantía de tranquilidad. Yo no pretendo dar lecciones a nadie, pero sí tengo claro que la gente no puede esperar cuatro o cinco años a que los políticos terminen de pelearse. Las elecciones son un momento puntual, pero el resto del tiempo tenemos que trabajar para la gente. Yo seguiré siendo blanco, y el de enfrente será frenteamplista o colorado, pero en la gestión diaria esas banderas no pueden impedir que se arregle una policlínica o se pavimente una calle.