LA LUCHA CONTRA EL COVID-19

La vacuna contra el coronavirus estaría “en 12 o 18 meses”

Investigadores trabajan en tiempo récord para encontrar una vacuna contra el COVID-19. Científicos uruguayos podrían sumarse a la búsqueda de la inmunización.

Laboratorios: hay más de un centenar de proyectos para una vacuna. Foto: AFP
El desarrollo y fabricación de una vacuna contra el COVID-19 demandará US$ 2.000 millones. Foto: AFP

El mundo espera que un simple pinchazo ponga fin al COVID-19. Pero esto parece un imposible, al menos en el corto plazo. Los proyectos de vacunas más avanzados demorarán, “si todo sale bien”, entre doce y dieciocho meses para convertirse en millones de dosis efectivas y seguras. Y, en el mejor de los escenarios, son pocas las chances de que esas inyecciones hagan desaparecer el virus: la humanidad solo ha erradicado las infecciones de viruela y peste bovina.

Pero ahora, aprovechando “la fase de pánico”, se necesita “una celeridad sin precedentes” para encontrar una vacuna que dé “cierta inmunidad”, dijo el viernes David Robinson, subdirector del departamento de desarrollo de vacunas de la Fundación Bill y Melinda Gates, la organización del multimillonario dueño de Microsoft que financia algunos de los 100 proyectos en curso (solo la décima parte ha avanzado a ensayos en fases experimentales).

Durante las pandemias, como la de COVID-19, suele repetirse un ciclo: primero el pánico y luego el abandono del tema, explicó Robinson en un seminario virtual del Banco Interamericano de Desarrollo. Este péndulo pánico-abandono, que se ha visto en los brotes de ébola, SARS y el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio, “hace que en un momento haya una presión muy grande por encontrar una vacuna, están los recursos, pero el brote termina antes y la investigación queda por el camino”, dijo en ese mismo seminario Melanie Saville, directora de desarrollo de vacunas de la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI), fundación creada con fondos públicos y privados, en 2017, para evitar “estos parate” posteriores a cada pandemia.

Científicos uruguayos, probablemente estarán participando de un proyecto para la creación de una nueva vacuna financiado en parte por la fundación CEPI.

Búsqueda de una vacuna contra el COVID-19. Foto: AFP
Búsqueda de una vacuna contra el COVID-19. Foto: AFP

Porque según Saville, en la emergencia actual “conviene que haya varios proyectos corriendo en paralelo”. ¿Por qué? “En la fase de ensayos, en las que hay 11 vacunas, el desgaste es muy grande y no todas superan las pruebas”. Y, en el caso de que en esta carrera contra reloj se llegue a una única vacuna, “nada asegura que con un solo tipo de vacuna se alcance la producción a gran escala que se requiere y que la misma sea inocua para poblaciones específicas, como las embarazadas”.

Los cálculos de CEPI estiman en US$ 2.000 millones el costo del desarrollo de la vacuna contra el COVID-19. Pero más allá de costos (y beneficios, porque una vacuna podría hacer repuntar las economías), Saville es de las que sostiene que además de la velocidad y la escala, en este tipo de vacunas importa “el acceso”.

El científico brasileño Marco Krieger, de la Fundação Oswaldo Cruz, señaló que “sería un gran logro llegar con una vacuna para el año que viene”. Pero este logro se vería opacado, “si solo una parte del planeta tiene acceso”.

Uruguay es uno de los líderes regionales en la cobertura general de vacunación: “las vacunas universales, esas que son parte del carné, tienen más del 95% de cobertura y, si un año cae del 94% ya se encienden las alarmas”, contó el profesor titular Alejandro Chabalgoity, del departamento de Desarrollo Biotecnológico de Medicina.

Él, quien junto a otros científicos uruguayos está esperando el visto bueno del Ministerio de Salud para dar inicio con el ensayo clínico que vincula la vacuna de la BCG con el combate al COVID-19, cuenta que Uruguay “suele ser pionero en la adquisición de nuevas vacunas cuando ya están probadas y en el mercado”. Fue lo que aconteció hace menos de una década con la nueva fórmula para el neumococo: se licenció en 2010 y ya en 2011 se estaba repartiendo en el país.

Por eso, dice, “nada hace pensar que el confinamiento haya variado las campañas de vacunación, incluso en el caso de la gripe la mejoró”, se aplicó un millón de dosis.

¿La vacuna del COVID-19 será obligatoria? Chabalgoity explicó que la obligatoriedad de las vacunas está relacionada con factores epidemiológicos. “Hay veces que conviene una inmunización puntual, ante un brote, y otras que son universales”. Incluso, explicó, “todavía no sabemos si la vacuna del COVID-19 será de una o dos dosis, si se genera una inmunidad que perdure o es más breve como la de la gripe”.

“El cuerpo podría generar la vacuna”
Tapabocas en la rambla de Montevideo. Foto: Francisco Flores.

Las vacunas hacen que un porcentaje de la población adquiera los anticuerpos que le dan inmunidad frente a la infección de un patógeno. Aunque no se alcance la totalidad de la comunidad, el solo hecho de que haya un número importante de vacunados reduce la circulación del virus y eso ya funciona como “efecto protector” de quienes no pudieron vacunarse.

Pero, para fabricar una nueva vacuna pueden pasar años e incluso décadas. Una de las demoras mayores es la búsqueda de las proteínas derivadas del material genético del patógeno y que luego se inyectarían. Pero, en COVID-19, los científicos intentan que se pueda adelantar un paso: en lugar de las proteínas, inyectar el ARN que es material genérico que da lugar a la producción de la proteína.

De ser efectiva, “el cuerpo humano funcionaría como una fábrica y podría terminar generando su propia vacuna”, explica el científico Alejandro Chabalgoity, profesor del Departamento de Desarrollo Biotecnológico de la Facultad de Medicina. “Si en lugar de la proteína inyecto el gen, hace que las propias células produzcan las proteínas y se gana en tiempo y costo”. El primero de estos ensayos ha pasado con éxitos las pruebas clínicas preliminares. El proceso fue tan acelerado por la realidad de la pandemia que pasó directo a la fase de experimentación con humanos sin pasar por animales.

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