DATOS QUE PREOCUPAN

Tasa de suicidio en Uruguay crece a nivel de la crisis de 2002 y duplica el promedio mundial

La Organización Mundial de la Salud se había trazado un objetivo: para 2020, las tasas de suicidios de los países debía descender hasta llegar a los 10 casos cada 100.000 habitantes. Pero Uruguay duplica la cifra de la meta y, por consiguiente, el promedio mundial.

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Crecen los casos de autoeliminación y cifra se asemeja a la crisis de 2002. Foto: Shutterstock

Hubo un momento de la historia, a comienzos del siglo XX, que a Uruguay se lo comparaba con las grandes potencias europeas. Por entonces, surgió la frase: “Como el Uruguay no hay”. Pero esa excepcionalidad, que a veces es festejada, trae sus malogros: el país registra una tasa de suicidio de 20,25 muertes por autoeliminación cada 100.000 habitantes -el doble del promedio mundial y el doble del objetivo que se había trazado la Organización Mundial de la Salud para 2020.

No parece tratarse de una epidemia pasajera o de una casualidad. Más bien, dicen los técnicos, consiste en una tendencia que dice más de los uruguayos que lo que los propios uruguayos dicen. Desde que comenzó el milenio, la tasa de suicidios jamás estuvo por debajo de 15 cada 100.000.

“Uruguay, en términos de suicidios, se parece a esas personas que engordan de golpe, alcanzan un pico, y luego bajan muy pocos kilos para volver a subir. Tras los saltos no se regresa a los valores previos y la tendencia es al alza”. Así lo define el sociólogo Pablo Hein.

Y las cifras que se publican hoy, en el marco del Día Nacional de Prevención del Suicidio, confirman lo que señala el experto. En el último año hubo un crecimiento de la tasa de suicidios dado que se contabilizaron 24 casos más de fallecimientos por este motivo.

El crecimiento del suicidio en Uruguay “está concentrado en la mediana edad y sigue habiendo valores muy altos entre los más mayores”, explicó Hein. Esto diferencia al país de un fenómeno mundial: el aumento del suicidio en adolescentes.

¿Por qué pasa esto en Uruguay? “Estamos en una sociedad que excluye más a la gente, que fija pruebas constantemente y en la que los vínculos están frágiles”, dijo el sociólogo. En los países europeos, contó, “existe una exclusión más asociada a lo económico, pero no se nota tanta diferencia por edades… en Uruguay, en cambio, al veterano se lo aísla”.

Tanto es así que las mayores tasas de suicidios se concentra entre los jubilados. Y afecta más a los hombres que a la mujeres: una relación de siete a tres.

Este tipo de conductas, intrínsecas, están por encima de factores climáticos u otras variables que a veces se asocia a conductas suicidas. En este sentido, “parte del problema en Uruguay es que no se habla del suicidio”. Hein recuerda que “hace un año el Ministerio de Salud dijo que se debía hablar más del tema y, sin embargo, durante este año se habló poco y nada”.

El médico forense Guido Berro señaló que el tema es “tabú” incluso dentro del ambiente médico. Y puso un ejemplo: las muertes por suicidio superan en cantidad a las que son a raíz de accidentes de tránsito, pero “de eso no se habla”.

El personal de la salud tiene, en promedio, más autoeliminaciones que el resto de la población. Según Berro, es “la más alta de todas las profesiones, incluso supera a la de los policías o militares”.

Trastornos psicológicos, el estrés, la presión, casos de denuncias por parte de pacientes, el fácil acceso a medicamentos, son tan solo algunos de los aspectos que fueron mencionados como posibles disparadores. O son, al menos, la explicación a que en este sector se duplique la tasa de suicidio.

Y otra vez aparece el miedo a hablar y al qué dirán: muchas veces un médico, que dedica su vida a cuidar y curar a los demás, no se anima a ser atendido por miedo a manchar su reputación o ser mal visto por su compañero, dijo Berro.

Los técnicos insisten en que el suicidio, al menos para el caso uruguayo, no está relacionado a la imagen del uruguayo como un ser “gris”. Según Hein, cuando ocurren más suicidios es en diciembre, durante las fiestas, porque “obligamos a brindar con la familia a gente que no tiene familia o que los vínculos estás rotos”. Esa, concluyó, “es una muestra de las cargas sociales”.

En América Latina, solo Guyana tiene una tasa más alta.

"La exclusión de la vejez"

Uruguay es el segundo país más envejecido de América Latina, solo superado por Cuba. Pero, a diferencia de lo que sucede en países europeos también envejecidos (como Francia o España), aquí “el viejito está solo”, dice el sociólogo Pablo Hein. Esto explica, según él, que de cada 100.000 uruguayos de entre 70 y 80 años, 36 se quitaron la vida el año pasado. Es una tasa muy similar a la de los mayores de 80, pero muy distinta a los menos de 40. Entre los jóvenes, la tasa ronda los 20 puntos.

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