LA MARCHA DE LA PANDEMIA

Del personal de salud, 60% quiere vacunarse contra el COVID-19, 12% no y un 28% duda

La falta de apoyo médico “podría causar un impacto negativo” en el plan de vacunación del gobierno contra el coronavirus, según informe.

Vacuna contra el coronavirus. Foto: AFP
Vacuna contra el coronavirus. Foto: AFP

Una enfermera de Nueva York fue la primera vacunada contra el coronavirus en Estados Unidos. Una colega suya fue la primera inmunizada en México. Un médico fue el primero en Argentina. Salvo en Letonia y Bareín -donde la vacunación es universal-, en el resto de los países se prioriza la inoculación de ciertos grupos. Y el personal de salud es una prioridad.

Uruguay seguirá esa recomendación de la Organización Mundial de la Salud. Hay una razón de servicio: el personal sanitario es el más expuesto al virus y el que más se necesita que cumpla sus labores en medio de una pandemia. Y hay un motivo de convencimiento: los médicos son los que recomiendan (o no) la vacunación a sus pacientes.

La internista Gabriela Ormaechea, integrante de la comisión ad hoc de vacunas contra el SARS-CoV-2, venía escuchando en los pasillos del hospital en el que trabaja que “varios” profesionales de la salud estaban dubitativos sobre la vacunación. Por eso junto a una asistente y un residente de la clínica médica en la que es profesora titular, en el Hospital de Clínicas, diseñó un cuestionario que llegó por Whatsapp a 4.381 médicos y enfermeros del país. Y comprobó su sospecha: 12% no se administrará la vacuna y 28% todavía no ha tomado una decisión.

Aquellos que no se vacunarían o aún no lo saben, constituyen un “porcentaje considerable” que “podría implicar un impacto negativo en la campaña de vacunación”. A esa conclusión llega la investigadora en el informe que elevó a la comisión ad hoc de vacunas, a los sindicatos de médicos y al grupo de científicos que asesora al gobierno.

El sondeo -que no contó con un diseño aleatorio previo, pero si abarcó más del 6% del personal de salud del país- muestra que los trabajadores más añosos, esos que superan los 65 años, son los más proclives a vacunarse (74%). Lo siguen los más jóvenes (menores de 25 años, con 66%). A su vez, los licenciados y auxiliares de enfermería son más propensos a la vacunación que los médicos.

El senador nacionalista Jorge Gandini había dicho que la vacuna contra el COVID-19 debería ser obligatoria entre el personal de la salud. Pero solo algo más de la mitad de los encuestados (53%) está afín.

Más que la obligatoriedad, el informe de Ormaechea y su equipo deja entrever que entre el personal de la salud está habiendo un problema de información. Por un lado, hay una superabundancia de datos, como si fuera un bombardeo constante que “idiotiza” al destinatario. Por otro, hay cierta carencia de información sobre los ensayos clínicos y aspectos científicos de las vacunas.

Entre quienes no se quieren vacunar, el poco tiempo transcurrido en el desarrollo de la vacuna es su principal recelo para inocularse (29%). Hay una cuarta parte (24%) que teme por los efectos adversos. Y una quinta parte (20%) que admite le falta información.

Vacuna contra el coronavirus. Foto: AFP
Vacuna contra el coronavirus. Foto: AFP

Eso sí: a la hora de ordenar los grupos prioritarios para recibir la vacuna, el personal de salud se coloca en primer lugar (nueve de cada diez lo entienden así). Casi una misma cantidad de respuestas reciben los adultos mayores. Lo curioso es que, a diferencia de la medida gubernamental, médicos y enfermeros no ubican a los adultos que viven en residenciales como máxima prioridad (quedan relegados a una cuarta ubicación, por detrás de policías, bomberos y militares).

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