LA MARCHA DEL CORONAVIRUS EN URUGUAY

La pandemia del COVID-19 se desaceleró, pero sigue en auge y preocupa febrero

Las medidas del gobierno, junto al fin de las clases y el comienzo de las licencias, dieron cierto resultado. Pero los científicos que asesoran a Presidencia dicen que no se les ganó a las gráficas.

Más actividad al aire libre podría mejorar el escenario de la pandemia, pero si se respetan los protocolos y medidas de seguridad. Foto: Leonardo Mainé
Más actividad al aire libre podría mejorar el escenario de la pandemia, pero si se respetan los protocolos y medidas de seguridad. Foto: Leonardo Mainé

Uruguay aún surfea la primera ola del COVID-19. Es una ola de contagios, según coinciden los científicos, en la tercera semana de noviembre creció a gran velocidad. Una ola que para algunos matemáticos empezó a formarse a comienzos de octubre y, para otros, al principio del mes siguiente. En diciembre desaceleró su ritmo de crecimiento, pero siguió creciendo. Aunque se está mirando en un clima de cierta neblina y números que oscilan, parecería que esta ola aún no llegó a la cresta.

Por eso, algunos científicos que asesoran al gobierno, o que han venido siguiendo el ritmo de la marea a puro cálculo, entienden que la situación “es preocupante”. El doctor en Ciencias Biológicas Álvaro Cabana, uno de los integrantes del equipo que realiza proyecciones matemáticas sobre la pandemia en el grupo de científicos asesores (GACH), cree que “los conceptos vertidos en la conferencia de prensa” del pasado miércoles, en la que el presidente Luis Lacalle Pou dio a entender que los uruguayos habían vencido a las gráficas, “fueron demasiado triunfalistas y no condicen con la realidad”.

Esta realidad, según Cabana, “no tiene que mirarse en comparación a las proyecciones hechas a comienzos de diciembre, las que pueden haber sido demasiado pesimistas o incluso erradas, sino en relación a que la pandemia sigue expandiéndose”. Y que podría tener una complicación extra: el efecto fiestas de fin de año.

Porque esta época de brindis y playa tiene, al entender del físico Nicolás Wschebor, exintegrante del GACH que aún colabora con el coordinador del equipo de modelaje, el matemático Ernesto Mordecki, una de cal y otra de arena. Por un lado, hay licencias, hay personas que se van al interior haciendo que se descomprima Montevideo, hay más actividad al aire libre... todo eso podría mejorar el escenario. Pero, por otro, hay festejos y rupturas de las burbujas que complicarían la situación.

Cuando miran por el espejo retrovisor, los científicos coinciden: las medidas de mitigación adoptadas por el gobierno nacional y los departamentales -el fin de las clases, la suspensión de los exámenes presenciales en universidades, las licencias y cierto susto colectivo- dieron fruto. En diciembre la epidemia bajó su ritmo.

La matemática María Inés Fariello dice que esa desaceleración fue notoria en la tercera semana de diciembre, y a partir del 22 de diciembre se vio acompañada “de una reducción de movilidad”.

Ese combo de medidas y sucesos estacionales hizo que las proyecciones que indicaban unos 1.200 contagios diarios para fin de año hayan quedado “exageradas”. Pero, aclara Cabana, de eso se tratan las proyecciones: “La proyección surge de modelos matemáticos que buscan simplificar la realidad, a veces dejando elementos por el camino, y que sirven para entender a qué escenario podrías haber llegado si seguía esa tendencia. No es una predicción. Por eso cuando no se llega a la cifra proyectada, no significa que se haya ganado”.

Ese “juego” de proyectar qué pasará con la ola se volvió, a comienzos de este enero, en un desafío extra. Porque la incertidumbre de las fiestas, la oscilación en la cantidad de test, la crecida de la ocupación del CTI pero a un ritmo más lento, hacen que los científicos no tengan del todo claro si conviene arriesgar una proyección.

El martes se reunirá el equipo de datos del GACH para discutir justamente eso: ¿es viable proyectar?

Los test serológicos desarrollados por UdelaR y el Pasteur, y producidos por ATGen fueron la base para los estudios en Uruguay. Foto: AFP
Test serológicos desarrollados por UdelaR y el Pasteur y producidos por ATGen. Foto: AFP

Wschebor es partidario de ser más cauto. Por eso prefiere hablar del presente y las implicancias que ello tiene. “Lo que seguro no está pasando es que la pandemia se esté extinguiendo. Y eso es complicado para febrero, cuando se retomen las labores y la movilidad retorne a guarismos más parecidos a diciembre. Dicho de otro modo: febrero arrancaría en un piso no deseable”.

La matemática Fariello sitúa a ese impacto incluso antes: con la vuelta a las actividades de la construcción y cuando se empiecen a notar los cambios de burbujas en las fiestas.

Reproducción del virus.

En el glosario epidemiológico que la humanidad tuvo que aprender con el nuevo coronavirus, hay un término que en Uruguay no tuvo tanta prensa: el número de reproducción. Esa cifra a la que los técnicos llaman con la letra “r”, estima cuántas personas contraerán la enfermedad de parte de un ya infectado en cada día de la epidemia. Y para los no entendidos, lo más relevante es si está por debajo o por encima de uno. Cuando es inferior, la epidemia camina rumbo a su control y extinción. Cuando es superior, avanza en su crecimiento.

Desde comienzos de noviembre -salvo el excepcional 31 de diciembre, cuando se situó en 0,98-, ese número reproductivo siempre fue superior a uno. Y lo sigue siendo. Cada 26 días se estarían duplicando los contagios, cuando a principios de diciembre esto ocurría cada 10. Y, de seguir así, dice Fariello, “las clases escolares empezarían en un escenario peor del que acabaron”.

Ahí aparecen las interpretaciones y la política. Uruguay ha sido un destacado en “ganarle tiempo” a la pandemia y que no se sature el sistema sanitario. La primera ola comenzó casi ocho meses después que en la mayoría de los países europeos. No solo eso. Según Cabana, “está claro que el sistema no va a colapsar en febrero, como se proyectaba con la tendencia de hace un mes”. Pero, como la epidemia igual sigue creciendo, “es difícil estimar si esa saturación no ocurrirá solo que un tiempo después”.

Unidad móvil de la IMM para test de COVID-19. Foto: Darwin Borrelli
Unidad móvil de la IMM para test de COVID-19. Foto: Darwin Borrelli

Por más que las vacunas llegaran mañana, los científicos coinciden en que “llevará unos cuantos meses” alcanzar la inmunidad de rebaño. Pasarán varios meses para que se logre vacunar a la suficiente población como para que la comunidad esté protegida.

Esa puja entre “tiempo ganado” versus lo que tardará la inmunidad colectiva hace que tanto Cabana como Wschebor sean partidarios de medidas más restrictivas si se quiere mantener la pandemia bajo control. “La única manera de bajar el crecimiento de contagios”, dice Cabana, “es con medidas más drásticas y el mayor distanciamiento posible”.

Tasa de positividad.

A la relación de cuántos test dan resultado positivo entre la totalidad de análisis realizados se le llama positividad. La clasificación de riesgo de la Universidad de Harvard, que es la que viene siguiendo Uruguay, no toma en cuenta este parámetro. Pero la escala europea sí.

El solo hecho de tener 4% o más de test positivos sobre el total de análisis hace que un país o región entre en la zona naranja. En la última semana, Uruguay mantuvo una positividad promedio de 10,9%. Una semana antes había sido 9,4%. En la primera de diciembre fue cuando se pasó el umbral del 4%.

Lacalle, en conferencia, dijo que “la positividad no es el tema”. El ministro de Salud, Daniel Salinas, complementó que ahora se capta una proporción mayor de positivos, en relación a los test, porque se afinó la puntería.

Daniel Salinas y Luis Lacalle Pou en la conferencia de prensa. Foto: Pablo S. Fernández
Daniel Salinas y Luis Lacalle Pou en la conferencia de prensa. Foto: Pablo S. Fernández

El cierre de las fronteras implicó que se redujera la demanda de test, análisis que, explica el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Isaac Alfie, “en su mayoría son negativos”. También cayó la demanda por el fin de las clases, por el teletrabajo que hace que ante el brote en una oficina haya que hisopar a menos gente, o por la suspensión de las cirugías coordinadas que implicaban un hisopado previo que, también en su mayoría, daban negativo.

“Todo esto configura un escenario de 2.500 a 3.000 testeos menos por día, donde dentro de ellos los positivos son muy poquitos”, calculó Alfie. “De todas maneras, tendríamos una tasa de positividad bastante más alta que en el pasado, pero próximo al 7,5% que es el estándar del mundo de países con buena capacidad de testeo y sistemas sólidos y creíbles”.

El físico Wschebor dice que “es correcto” lo que menciona el director de la OPP, pero advierte que incluso el 7,5% “es señal de que se está testeando poco” y que el comparativo con Europa debe tener en cuenta que “ese continente está casi todo en rojo”.

En Uruguay, al igual que sucedió en Europa, fue creciendo la transmisión comunitaria del virus. Eso redundó en que cada vez haya más infectados que desconocen dónde contrajeron la enfermedad. Si durante casi toda la pandemia eso casos “sin nexo” epidemiológico conocido eran un 15%, a comienzos de enero se sitúa en 38%.

A este combo de “pocos” test y pérdida del hilo epidemiológico, se le suma un ingrediente: las personas que pasan desapercibidas y no son reportadas.

Subreporte sobre el avance del virus.

Una manera de estimar cuántos casos se están escapando en los reportes sería basarse en las cifras de muertes o de CTI. Alguien que infectó y no tiene síntomas, puede pasar desapercibido. Pero difícilmente pase disimulado un fallecido o un enfermo grave.

Tras ajustar los parámetros a la realidad uruguaya y teniendo en cuenta las cifras de ingresos al CTI hasta la primera semana de enero, el neurocientista Daniel Herrera estima que el subreporte sería de un 27%. De cada cuatro infectados, uno no habría sido reportado.

El porcentaje, aunque parece alto, no es mayor que en las últimas semanas. Por eso Herrera concluye que “en base a las cifras del CTI no hay evidencia clara de que se estén escapando más casos que antes todavía, pero hay variables importantes que no están del todo claras e igualmente se podría estar en zona de peligro”.

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