SALUD

Pandemia de COVID-19 cuadriplica llamadas a la línea de prevención al suicidio

En un país cuya tasa de suicidios está en la cima del podio regional, la llegada del nuevo coronavirus cuadriplicó la demanda respecto al mismo período del año anterior.

Pandemia aumenta demanda de apoyo emocional. Foto: Shutterstock
Pandemia aumenta demanda de apoyo emocional. Foto: Shutterstock

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Desde que comenzó la pandemia de COVID-19, los telefonistas de la Línea Vida de ASSE (0800 0767) tienen cada vez menos espacio entre llamada y llamada. Si bien la afluencia ya era “alta” en un país cuya tasa de suicidios está en la cima del podio regional, la llegada del nuevo coronavirus cuadriplicó la demanda respecto al mismo período del año anterior.

El médico intensivista Víctor Tseng, investigador en la universidad de Atlanta, había dicho que la pandemia tendrá cuatro “olas” que dejarán su huella en el sistema sanitario: la carga de los enfermos de COVID-19, el retraso en la atención a las urgencias de pacientes con otras patologías, la interrupción de las consultas por enfermedades crónicas y el impacto en la salud mental.

Esta última “ola” -incluye traumas psicológicos, ideación suicida y síndrome del agotamiento-, es “la que tiene un alcance mayor y un efecto más duradero”. Y en Uruguay, poco antes de cumplir el primer trimestre de la pandemia, la huella de esta “ola” se empieza a sentir.

Entre el 13 de marzo (“día cero” de la pandemia) y el 19 de mayo, la Línea Vida recibió 1.311 llamadas: 19 pedidos de auxilio cada día, uno cada una hora y cuarto.

Los miércoles hay más llamadas que los sábados, en las tardecitas hay más que en las madrugadas, la quinta parte de las consultas son de “riesgo alto”, los jóvenes llaman más que los veteranos y las mujeres lo hacen el doble que sus pares hombres. Pero a la hora de concretar el suicidio, ocurre a la inversa: ellos se matan más que ellas, y la tasa de autoeliminación en adultos mayores es más alta que entre los jóvenes. En eso, la pandemia no ha cambiado la tendencia. Pero en la frecuencia y la argumentación de la idea suicida “ha habido un notorio cambio”, explicó el psiquiatra Juan Triaca, adjunto a la Dirección de Salud Mental de ASSE.

“Encima con esto que no puedo salir; encima que por esto me quedé sin trabajo; encima que no puedo abrazar siquiera a un amigo…”. La referencia a la pandemia, o mejor dicho a las medidas derivadas de la pandemia, aparecen en las consultas que reciben los telefonistas. Y al igual que con el término “suicidio”, son muy pocos los que logran verbalizar la palabra clave.

En la crisis de 2002, cuando se dio uno de los picos en la cantidad de suicidios consumados e intentos de, “había pasado algo similar: primero ocurre un escenario de crisis y luego, con un efecto delay, se empieza a vislumbrar el impacto en la salud mental”, recuerda Triaca, quien por entonces era psiquiatra del hospital Maciel.

Para el caso de COVID-19, los especialistas aún desconocen si el pico ya pasó o todavía resta lo peor. Ocurre que parte del incremento de llamadas está relacionado a la difusión mediática de las líneas de ayuda. Tanto es así que, en la última quincena de abril, la Línea Vida aumentó la demanda en un 668% respecto a esa misma quincena del año anterior. Pero coincide que en esa fecha se había lanzado un servicio de apoyo emocional que, en caso de ideación suicida, redirecciona la llamada al 0800 0767.

“Uruguay, en términos de suicidios, se parece a esas personas que engordan de golpe, alcanzan un pico, y luego bajan muy pocos kilos para volver a subir. Tras los saltos no se regresa a los valores previos y la tendencia es al alza”, había dicho el sociólogo Pablo Hein. Pero hasta que pase la pandemia, “es difícil saber” de qué magnitud será el nuevo pico por COVID-19 y si habrá tal pico, explicó el investigador.

Hasta el momento se sabe que hay un incremento en la demanda de apoyo emocional. La línea 0800 1920, que el gobierno creó especialmente por la pandemia el 14 de abril, atiende casi 14 llamadas por hora, en su mayoría por síntomas de depresión, de ansiedad o “miedo al virus”.

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