A 50 años de su creación, la Academia Nacional de Medicina (ANM) atraviesa una etapa de revisión y consolidación. En diálogo con El País, su nuevo presidente, el nefrólogo Óscar Noboa, reflexiona sobre los desafíos actuales de la medicina y la salud pública: desde la inteligencia artificial y el cambio climático hasta la salud mental, la desinformación sanitaria y la necesidad de fortalecer la investigación científica nacional.
–¿Cómo describiría el presente de la ANM y el camino recorrido en estos 50 años?
–La ANM llega a un momento de madurez. Es una academia joven para la región y para el mundo: muchas academias fueron proyectos del siglo XIX. Uruguay tuvo varios proyectos de este tipo que nunca cuajaron hasta que en 1974 se aprobó la ley y en 1976 se nombraron los primeros académicos, en una coyuntura muy particular del país, en plena dictadura, con gente proscripta y personas que no fueron nominadas. Hoy es un lugar muy activo. La integran personas que tuvieron una vida profesional intensa y muchos siguen en actividad. Nuestros objetivos básicos siguen siendo los que marca la ley: reconocer a quienes hicieron aportes destacados por su actividad científica, clínica, docente o institucional y tratar de jerarquizar el desarrollo digno de la profesión y de la ciencia en Uruguay.
–¿De qué manera?
–Eso se hace en distintos planos. Por un lado, manteniendo viva la historia de la medicina uruguaya y desarrollando repositorios digitales. Por otro, estimulando la ciencia y la producción de nuevo conocimiento. Ahí aparecen los premios o las becas.
–¿Qué aspectos cree que la ANM, ya madura, debería revisar sobre sí misma y sobre su vínculo con el sistema de salud?
–Puede ser vista como una estructura antigua, por lo que siempre tiene que revisar su vínculo con la comunidad y con las estructuras públicas y privadas a las que la ley la invita a asesorar. Tenemos que preguntarnos permanentemente si estamos asesorando apropiadamente al Ministerio de Salud Pública, al Parlamento o a sectores privados, y también detectar problemas relevantes de salud en Uruguay. También es parte de nuestro rol dar visibilidad a gente que hace cosas muy bien y tiene impacto internacional y nacional.
–Entre las prioridades de su gestión aparecen la recertificación médica, la inteligencia artificial y el cambio climático. ¿Por qué?
–Mi objetivo principal es que la ANM esté viva y que pueda expresar lo que viven sus miembros. La medicina no puede ejercerse sin actualización permanente de conocimientos y competencias. Por eso viene trabajando desde hace años en desarrollo profesional continuo y recertificación médica que, por ahora, está propuesta como voluntaria en Uruguay. El país tiene cierta protección por su larga tradición de formación médica, pero América Latina enfrenta el problema de las llamadas “facultades garage”, instituciones de muy mala calidad que proliferaron en varios países como Brasil. Son hasta una estafa para el que entra en ese sistema. En cuanto a la IA, es un tema que interesa particularmente porque ya está acá y se va a usar más allá de lo que pensemos. Tiene muchísimo potencial. Está hiper demostrado su aporte en el manejo de imágenes, en el apoyo diagnóstico para radiólogos, también para la anatomía patológica. A su vez puede mejorar la consulta médica. Hoy muchas veces el médico mira más la pantalla que al paciente. Con sistemas de reconocimiento de voz e IA, el médico puede conversar y examinar al paciente mientras el sistema genera automáticamente un resumen de la consulta. Eso puede ayudar a humanizar nuevamente el vínculo médico-paciente.
–¿Cree que la dimensión humana de la medicina se ha perdido?
–No soy afecto a eso de que todo tiempo pasado fue mejor. Me parece que hay mucho romanticismo en esa idea y poco de realidad. La gente no accedía al médico en la década de 1950. No veía al médico salvo un poquito antes que al cura. Hoy, Uruguay mantiene en muchas áreas vínculos médico-paciente muy satisfactorios. Por supuesto, hay barreras: cuando el acceso oportuno no se produce o cuando el médico no tiene tiempo efectivo para atender al paciente. Yo vengo de una especialidad, la nefrología, donde el vínculo puede durar décadas. Hay pacientes que conozco hace 40 años. Eso genera relaciones muy profundas. Eso no es lo mismo para la medicina intensiva o la anestesia. Pero el tema del humanismo médico sigue siendo importante y lo hemos discutido incluso junto con la Academia de Letras. En esto hay muchas miradas y es un tema que hay que trabajar. Pero hay cosas buenas y cosas malas. No es que estemos mejor ni peor.
–¿Por qué el cambio climático ya no puede pensarse como algo ajeno?
–Porque afecta directamente la salud. El concepto de “Una Sola Salud” muestra la interrelación entre la salud animal, vegetal y humana, y el cambio climático está generando problemas mayores en ese sentido. Ya vemos desplazamiento de enfermedades tropicales asociado al aumento de temperaturas y también episodios extremos como sequías e inundaciones. En Uruguay vivimos algo muy concreto con la sequía de 2023 y el impacto sobre la calidad del agua en Montevideo. Es un dato que hay que tener presente porque está afectando en forma de episodios bruscos, pero también porque va afectando la calidad de nuestros recursos. Además, la propia actividad médica genera efectos ambientales. Los hospitales liberan residuos con altas cargas de medicamentos y antibióticos en las aguas servidas. También preocupa mucho el crecimiento de la anticiencia y de falsas medicinas. Hay personas que promueven tratamientos sin evidencia y llevan a pacientes a abandonar terapias oncológicas o tratamientos de enfermedades crónicas. O incluso que promueven medicamentos de una manera irresponsable, aunque sean vitaminas u oligoelementos, porque pueden ser tóxicos para el individuo. La medicina puede equivocarse, pero su principio básico sigue siendo “primero no dañar”.
–¿Qué aprendizajes dejó la pandemia de covid-19?
–La pandemia fue una tragedia, pero también mostró el valor de la ciencia. Eso permitió respuestas rápidas y concretas. Durante la pandemia, por ejemplo, investigadores uruguayos demostraron rápidamente que los pacientes trasplantados respondían peor a las vacunas. Esa información llegó enseguida al Ministerio de Salud Pública y permitió revacunarlos antes que en muchos otros países. Eso tuvo impacto directo sobre la mortalidad. Podríamos haber aprendido más, seguro que mucho más, seguro que hay oportunidad perdidas, pero quedó claro lo que aporta el conocimiento.
–¿Qué temas entiende que deberían estar más presentes en la agenda sanitaria del país hoy?
–Uruguay tiene buenas discusiones sobre algunos aspectos de la salud, pero a veces estamos demasiado atrapados por la coyuntura. La ANM tiene que acompañar esa coyuntura, sí, pero también tratar de pensar temas de largo plazo. Hicimos reuniones con distintos actores para repensar qué cosas precisa hoy el Sistema Nacional Integrado de Salud, que cumple 20 años y claramente necesita revisar y modificar algunos aspectos. Ahí aparecen preocupaciones como la accesibilidad y la equidad, especialmente en la incorporación tecnológica y de medicamentos de alto costo, tratando de que el acceso sea lo más justo posible. Uno de los problemas de fondo es que el recurso de amparo también puede volverse inequitativo: acceden más fácilmente quienes tienen mayor formación o más recursos económicos. También preocupan situaciones como las infancias judicializadas. En el Pereira Rossell, por ejemplo, hay niños que permanecen internados por problemas judiciales y no estrictamente médicos. La ANM también acompañó toda la discusión sobre el final de la vida. No tuvo una postura única, porque entendió que era una cuestión que debía resolver la ciudadanía y el sistema político. Lo que intentó fue contribuir para que esa discusión se diera de la mejor manera posible, haciendo recomendaciones al Parlamento y ahora reflexionando sobre la reglamentación. No tenemos vocación de “hacer agenda”, sino de generar ámbitos tranquilos para pensar lo que está pasando. Y hay temas que preocupan muchísimo, como la salud mental.
–Recién comienza su presidencia. ¿Qué le gustaría haber logrado cuando termine este período?
–Primero, celebrar bien los 50 años. Pero, sobre todo, me gustaría que la ANM estuviera un poco más cerca de la gente y pudiera contribuir a que algunos temas claves del país se reflexionen y se resuelvan de la mejor manera posible. Y hay algo que para mí es central: entender que sin ciencia nacional y sin investigación de calidad no hay buena medicina. La medicina no consiste solo en repetir lo que se hace en otros lados. Necesita reflexión, tanto para el paciente individual como para la comunidad. Creo que Uruguay tiene capacidades para desarrollar investigación clínica de calidad, incluyendo ensayos con medicamentos de frontera. Y no se trata de estar “en la punta del conocimiento” por prestigio, sino porque esos estudios bien hechos mejoran el sistema de salud, controlan mejor lo que se hace y permiten que los pacientes accedan a tratamientos de calidad. Uruguay tiene capacidad para hacer investigación seria, ética y de calidad. Y vale la pena que la haga.