Enfermeras uruguayas duermen cuatro horas por día, resignan vida familiar y trabajan agotadas, según estudio

Una investigación muestra un escenario de sueño insuficiente, fatiga sostenida, dificultades para sostener hábitos saludables y una creciente tensión entre las exigencias laborales y la vida familiar.

Paciente en hospital.
Enfermera sosteniendo la mano de un paciente en el hospital.
Foto: Freepik.

Las largas jornadas, el trabajo nocturno, los turnos rotativos y el multiempleo están dejando una marca profunda en la salud física, mental y social del personal de enfermería en Uruguay. Así lo advierte una investigación en curso liderada por el docente e investigador de la Universidad de la República Ignacio Estevan, doctor en Ciencias Biológicas y profesor de la Facultad de Psicología, que analiza cómo la denominada “calidad del tiempo de trabajo” afecta el bienestar de estas trabajadoras. Los primeros resultados muestran un escenario de sueño insuficiente, fatiga sostenida, dificultades para sostener hábitos saludables y una creciente tensión entre las exigencias laborales y la vida familiar.

El proyecto comenzó el año pasado y ya lleva realizadas más de veinte entrevistas a auxiliares y licenciadas en enfermería de distintos departamentos del país. Algunas fueron presenciales y otras virtuales, y constituyen la base de una investigación que continuará este año y el próximo con cuestionarios y mediciones objetivas del sueño, la actividad física y la exposición a la luz mediante dispositivos portátiles.

Según explicó Estevan a El País, el interés es estudiar de qué manera los horarios alterados de trabajo —que modifican los momentos de descanso, alimentación y actividad— terminan impactando en la salud y en la vida cotidiana de quienes sostienen uno de los servicios esenciales del sistema sanitario.

Un primer avance de ese trabajo fue presentado recientemente por la licenciada en psicología Virginia Zanotta en su tesis de grado, a la que accedió El País, que analizó en profundidad seis de esas entrevistas y obtuvo calificación de excelente. Allí se constató que todas las participantes tenían multiempleo —cinco de ellas con dos trabajos y una con tres— y que en todos los casos la superposición de horarios, los días libres no coincidentes y la necesidad de hacer más horas para lograr un salario suficiente terminaban subordinando toda la vida cotidiana a la lógica laboral. “No tenés vida. Necesitás hacer demasiadas horas para tener un sueldo digno y te perdés la vida”, resumió una de las enfermeras entrevistadas.

Entre cuatro y seis horas de sueño

El estudio detectó que las trabajadoras duermen habitualmente entre cuatro y seis horas por día, es decir, por debajo de las recomendaciones internacionales para adultos, y que muchas además tienen dificultades para conciliar el sueño luego de guardias intensas porque permanecen “sobregiradas” o mentalmente conectadas con el trabajo aun después de terminar la jornada. Ese descanso fragmentado y escaso deriva en agotamiento físico, irritabilidad, migrañas, aumento de peso, alteraciones en el humor y sensación de fatiga crónica. “El turno nocturno es el que más afecta el sueño y el más desgastante”, señaló Estevan, quien además adelantó que en otro trabajo aún no publicado del mismo grupo encontraron que el turno nocturno y el muy matutino son los que más recortan la duración del descanso.

Pero los efectos no quedan solo en la esfera biológica. La investigación muestra que la organización horaria también golpea con fuerza la vida familiar y social. Las enfermeras relatan ausencias reiteradas en cumpleaños, fiestas tradicionales, reuniones escolares, paseos de fin de año y actividades con hijos o pareja. El turno vespertino —de 18 a 24 horas— aparece como el más perjudicial para la vida social, al punto que una entrevistada lo definió como “un cortador de la vida social”. Varias de las participantes describen sentimientos de culpa por haberse perdido etapas del crecimiento de sus hijos, y otras hablan directamente de aislamiento. “Te vas quedando sola”, expresó una de ellas durante las entrevistas.

Enfermera.jpg
Enfermera.
Foto: Commons.

Estevan explicó que este fenómeno responde a lo que la literatura internacional denomina mala calidad del tiempo de trabajo, un concepto que no se limita a cuántas horas se trabaja sino también a cuándo y cómo se distribuyen esas horas. “Hace décadas se investiga cómo el trabajo en la noche, en horarios rotativos y la irregularidad en los días de descanso tienen un impacto muy fuerte en la salud, el bienestar, el desempeño y la accidentabilidad”, señaló. En el caso de enfermería, agregó, esa afectación se potencia porque se trata de un sector altamente feminizado, con una carga adicional de tareas de cuidado no remuneradas y con una alta frecuencia de multiempleo: según datos del censo nacional de 2013, más de un tercio del personal tiene más de un trabajo, aunque el investigador sostuvo que algunos relevamientos lo ubican por encima del 40%.

Complicaciones en autocuidado

La tesis de Zanotta también identificó que las jornadas extendidas y la fragmentación horaria dificultan incluso acciones básicas de autocuidado. Las trabajadoras reconocen que muchas veces no tienen tiempo para cocinar, hacer mandados, practicar ejercicio o simplemente sentarse a descansar. La alimentación saludable queda supeditada a la planificación extrema o a la ayuda de parejas y familiares; la actividad física se vuelve esporádica y utilizada más como estrategia de supervivencia mental que como hábito consolidado; y el sueño pasa a ser una variable que constantemente se negocia con la necesidad de estar presentes en la familia. Cuando el cansancio se vuelve insoportable, dicen, deben elegir entre dormir o compartir tiempo con sus seres queridos.

Ese agotamiento acumulado también tiene consecuencias dentro del trabajo. Las entrevistadas relatan menor tolerancia, dificultades para concentrarse, irritabilidad con compañeros y sensación de no contar con la lucidez suficiente para tareas asistenciales complejas. Una de ellas advirtió que trabajar mal dormida no es comparable con equivocarse en una tarea administrativa, porque en enfermería implica interactuar con pacientes y tomar decisiones que requieren atención sostenida. Para Estevan, este es uno de los puntos más sensibles del proyecto: no solo está en juego el bienestar del trabajador, sino también la seguridad y la calidad de la atención.

Sueño.jpg
Persona durmiendo.
Foto: Pixabay.

Próxima etapa

La próxima etapa del estudio buscará cuantificar con mayor precisión estos efectos. Durante este año se aplicarán encuestas a una muestra más amplia de personal de enfermería y en 2027 comenzarán las mediciones objetivas mediante relojes de muñeca capaces de registrar sueño, actividad física y exposición lumínica, además de diarios de alimentación y rutinas cotidianas. El objetivo, explicó el investigador, "es producir evidencia robusta para que la calidad del tiempo de trabajo sea incorporada como una dimensión central dentro de las condiciones laborales del sector salud".

“Nos interesa que se conozcan estos impactos y que se incorpore la organización temporal del trabajo como un aspecto de las condiciones y el medio ambiente laboral que también debe ser atendido y mejorado”, concluyó Estevan. Mientras el sistema sanitario necesita cobertura las 24 horas del día, la investigación pone sobre la mesa el costo silencioso que esa exigencia tiene sobre quienes sostienen la atención: menos sueño, menos tiempo propio y una vida permanentemente acomodada a los relojes del hospital.

Enfermera prepara una dosis de una vacuna contra el coronavirus. Foto: AFP
Enfermera prepara una dosis de una vacuna.
Foto: AFP.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

dormir

Te puede interesar