ANDRÉS LÓPEZ REILLY
Unos 15.000 de los 210.000 árboles que pueblan las veredas de calles y avenidas de Montevideo deben ser extraídos por encontrarse en mal estado. Las cuadrillas municipales no dan abasto para esa tarea: la Intendencia llamó a licitación.
La ciudad está repleta de árboles añosos. En algunos casos tienen entre 80 y 100 años. Cuando fueron plantados no existían los grandes edificios ni los servicios de telefonía, gas y agua que hoy "corren" bajo las veredas de Montevideo.
"Muchos árboles se han secado por la cantidad de obras de tendido subterráneo, que lesionan sus raíces y al tiempo los matan", explicó a El País el director de Áreas Verdes de la Intendencia, Mario Lázaro.
Estos árboles secos son los que más peligro generan, ya que son más vulnerables a los temporales y vientos fuertes, que pueden derribarlos.
"La zona más preocupante es Pocitos y Punta Carretas, donde hay una cantidad enorme de edificios y cuando se hacen obras destrozan toda la parte subterránea y los árboles también. Por 21 de Setiembre es impresionante. La gente que vive en esas zonas exige que le saquen un árbol porque va a hacer un edificio, abrir una entrada de garaje o porque le molestan las ramas que tocan los balcones", explicó el jerarca.
Por otra parte, hay lugares en los que preocupa la antigüedad de las especies plantadas. "En el Comunal 3 hay muchos árboles viejos, por la zona de General Flores, Goes, Justicia y Domingo Aramburú. Ahí hay gran cantidad de árboles añosos, las veredas son angostas y hay muchos negocios. Y esos comercios también tienen exigencias: para guardar un camión, para poner un cartel, o porque se agrandan o se modifican. Y es lógico. Hay que estar mirando si se podan o si se sacan", añadió Lázaro.
Con cada árbol extirpado, muere una parte de la historia de cada barrio, de cada cuadra. El hueco se vuelve a llenar, aunque para muchos ya no es lo mismo.
"Cuando se recambia un árbol se pone otro más pequeño, de entre 4 y 6 años, que se saca del vivero municipal, ubicado en Toledo Chico. Hay lugares en los que no se puede poner árboles adultos porque no hay espacio, por la cantidad de servicios que hay para los edificios que ocupan mucho espacio debajo de la vereda", explicó el director de Áreas Verdes de la Intendencia.
INTERFERENCIAS. Las canalizaciones subterráneas de los servicios públicos y los cables aéreos coliden muchas veces con los árboles de la ciudad, que no siempre se podan con la frecuencia debida.
"Nuestra tarea en el servicio de Áreas Verdes es procurar que esas interferencias sean las mínimas, y cuando se produzcan, arbitrar las mejores soluciones conciliando los aportes positivos de la presencia del árbol con los elementos que lo limitan. Las intervenciones necesarias para el buen mantenimiento del arbolado son las podas masivas por zonas, planificadas año tras año. Esto permite reducir los riesgos de caída de ramas y árboles, así como interferencias aéreas con focos, cables y edificaciones", explicó Lázaro.
"La frecuencia e importancia de los problemas causados por los árboles va de la mano con la densidad de plantación y de población, y con el grado de urbanización de cada zona. En este sentido, se destacan los barrios de Pocitos, Cordón y Reducto", entre otros, complementó el jerarca. Por otra parte, la Intendencia debe hacer tratamientos sanitarios al arbolado -esencialmente con fumigaciones- necesarios para controlar las especies afectadas por elementos patógenos.
VARIEDAD. En Montevideo se recambian unos 2.000 árboles al año. Con el tiempo, se han ido introduciendo nuevas especies. Las dominantes son Paraíso (23%), Fresno (20%), Plátano (11%) y Tipa (6%), pero también hay arces, olmos, jacarandaes, parasoles, catalpas, tilos, robles, nogales, árboles de los 40 escudos y eucaliptos, entre otros. Últimamente, se han plantado algunas especies indígenas como Ibirapitá, Lapacho y Francisco Álvarez, que "son muy vistosas y se han adaptado muy bien al espacio urbano".
Hay muchas razones que justifican y han motivado la utilización histórica del árbol en la trama urbana, como la regulación de la temperatura, la atenuación de los ruidos, la mejora de la calidad del aire y el notorio aporte ornamental, que va desde las formas y los colores de su tronco, hasta los cambios del follaje -con las variaciones estacionales-, las flores y el perfume que en algunos casos desprenden.
La cifra
2.000 Es la cantidad de árboles que cada año son "recambiados" en la ciudad: retiran uno en peligro y plantan uno joven, de 4 a 6 años.