La Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Uruguaya (CEU) decidió dar un paso crucial en el proceso de canonización de Jacinto Vera, el primer obispo de Uruguay. Llevarán a Roma la impresión de los documentos sobre su vida.
En la última reunión celebrada en Florida, entre los días 11 al 17 de abril, los obispos de la Iglesia Católica decidieron dar un paso importante en el proceso de canonización de monseñor Jacinto Vera, primer obispo uruguayo y recordado por su obra fundacional en el país. Según explicó ayer el secretario de la institución, monseñor Heriberto Bodeant, se trata de la impresión de una "extensa documentación" sobre la vida y obra de Vera, que será presentada ante el Vaticano para hacer posible un "avance significativo" en el camino.
Desde fines del siglo XIX comenzó el proceso para canonizar al obispo, pero desde ese momento nunca se avanzó. "Para nuestra Iglesia, pequeña y sin muchos recursos, esas cosas dependen mucho de que alguien tome sobre sus hombros la tarea de reunir información", apuntó el secretario de la CEU. Quien asumió desde hace un tiempo la tarea fue monseñor Alberto Sanguinetti.
El proceso en este paso consiste en la publicación referida a la vida de Vera. Ello permite luego de un examen por el organismo especializado en Roma, determinar si tiene lo que se llama técnicamente en la Iglesia "virtudes heroicas", es decir, "alguien que vivió la fe, la esperanza, la caridad en un grado notable", detalló Bodeant.
Jacinto Vera tiene en este momento el título de "Siervo de Dios", que es alguien cuya causa de beatificación y canonización se ha introducido y ha sido aceptada, porque había méritos para ello. "Pero en ese primer paso nos habíamos quedado", reconoció el secretario de la Conferencia Episcopal.
El segundo paso, luego de validada la documentación, permitiría reconocer a Vera como "venerable", un escalón superior al actual.
"Luego de ello lo que se necesita, literalmente, es un milagro", contó Bodeant. Es decir, que haya un hecho que puede ser atribuido a su figura y no tenga explicación natural. Ese milagro vale si sucede a partir de la declaración de venerable.
Luego de ese estatus se habilitaría la beatificación, con el mismo proceso de validación por medio de un milagro, para llegar, entonces sí, a la canonización.
MEGAMINERÍA. Otro de los temas importantes que analizó la CEU en su asamblea de Florida fue la megaminería. Luego de recibir la visita de dos legisladores del Partido Nacional (Miguel Otegui y Eber da Rosa) para recibir información del acuerdo multipartidario, la Iglesia incluyó en su declaración del 1° de mayo, dirigida a los trabajadores en su día, un pedido al gobierno de "reforzar" el monitoreo y fiscalización sobre grandes proyectos de inversión agroindustriales y mineros, "pensando en el cuidado de nuestros recursos naturales y en las relaciones laborales". "Hace poco Aratirí mostró los lugares denunciados, y nosotros mirábamos allí la cantidad enorme de proyectos, y eso toca a la vida de la gente y en ese sentido nos toca", relató Bodeant. Predios de Diócesis del interior (Florida y Durazno, y la de Melo, Cerro Largo) serían afectadas por el predio que pretende utilizar Aratirí.
Finalmente, los obispos intercambiaron sobre la polémica por la calificación de "flaco gil" a Jesús por parte del ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro. Bodeant se lamentó por el mensaje erróneo que quedó luego sobre el perdón concebido en el catolicismo.
Jacinto Vera, primer obispo de Uruguay
Jacinto Vera (Desterro, Santa Catalina, Brasil, 1813-Pan de Azúcar, 1881) fue el primer obispo de Uruguay y el verdadero organizador de la Iglesia Católica oriental. Durante la dictadura de Lorenzo Latorre (1876-1880) el papa León XIII creó la Diócesis de Montevideo y el 8 de enero de 1879 Vera fue designado como su primer obispo. Se ordenó sacerdote en 1841 y fue designado teniente cura en Guadalupe (actual Canelones). Participó del Ejército Nacional en tiempos de Manuel Oribe. En 1858 fue electo diputado por Canelones pero no asumió la banca. Al producirse el fallecimiento del vicario de Montevideo, José Benito Lamas, se produjo un largo conflicto entre varios aspirantes a sucederlo, y Vera fue incluso denunciado penalmente por el sacerdote Castro Veiga. Pero el respaldo de la Compañía de Jesús y del delegado papal Marini, que residía en Paraná, llevó al Papa Pío IX a designarlo como titular de ese cargo, pese a la oposición del presidente de la República, Gabriel Antonio Pereira. En 1860 se opuso a la municipalización de los cementerios puesta en vigor por el presidente Bernardo Berro.
Berro ordenó su destierro a Buenos Aires y el cierre lacrado de las puertas de la Curia Eclesiástica. Poco después los buenos oficios de Florentino Castellanos permitieron un acuerdo y Vera regresó a Montevideo, pero este incidente fue utilizado como pretexto por Venancio Flores para su revolución de 1863-1865 contra el gobierno de Berro. Vera falleció abruptamente el 6 de mayo de 1881, mientras se hallaba en Pan de Azúcar. Sus restos fueron sepultados con gran pompa en la Iglesia Matriz de Montevideo. "Su funeral fue un acontecimiento que mostró a una sociedad muy conmovida. Jacinto Vera tuvo su exilio, su enfrentamiento con autoridades y todo su aspecto polémico, pero sin embargo, mucha de la gente que lo combatió dio el reconocimiento a una figura muy especial", comentó ayer el secretario CEU, Heriberto Bodeant.