DIEGO FISCHER
Por qué en una misma dependencia del Estado, aunque en locales diferentes, se puede encontrar empleados educados que responden con amabilidad a las preguntas que uno les plantea o seres indiferentes que hablan a los gritos de temas personales y no se inmutan cuando uno ingresa al lugar en el que deberían estar trabajando?
Viví ambas situaciones esta semana en dos dependencias del Ministerio de Educación y Cultura. La primera fue el domingo de tarde en el Museo Nacional de Artes Visuales del Parque Rodó. Fui a ver la exposición de Pintura Española que se exhibe hasta el 21 de marzo. Hacía tiempo que no iba por allí. Fue muy grato comprobar lo cuidado que está el jardín que precede al museo; el mismo que hace un cuarto de siglo diseñó el paisajista salteño Leandro Silva Delgado. Al entrar, una funcionaria me indicó la sala y me entregó un catálogo con información sobre la muestra integrada por obras de Sorolla, Anglada, Goya, Galofré, Zuloaga, entre otros. Son 25 cuadros pertenecientes al acervo de MNAV. Pese a que la tarde era más propicia para pasear al aire libre o estar en la playa, había bastante gente. Un dato interesante para una ciudad en la que sus museos suelen estar siempre vacíos. Dos jóvenes respondían a las preguntas de los visitantes, entre los que había turistas ingleses y alemanes. Reinaba ese clima especial, silencioso y respetuoso que suele darse en todos los museos del mundo en que no hay excursionistas japoneses mirando las obras de arte a través de una cámara de fotos.
Tres días después visité el Palacio Taranco. Muy distinto fue el ambiente que encontré allí. El magnífico edificio denominado oficialmente Museo de Artes Decorativas del MEC, está celebrando sus 100 años de vida y lo hace abriendo sus puertas para mostrar su extraordinaria pinacoteca y su excepcional mobiliario; todo hecho y traído expresamente de Europa. Es sabido que tanto las obras de arte como los muebles fueron donados al Estado por la familia Taranco en los años 40. Algunos de los cuadros del Taranco son de los mismos autores que se exhiben en el MNAV. Pero hay muchos más y sus salones y el jardín que da a la Plaza Zabala, hacen ineludible visitarlo por estos días. Claro, allí no encontrará a funcionarios amables que lo reciban. Tampoco le entregarán un catálogo y durante el recorrido quizás-como me sucedió a mí- tenga que soportar las conversaciones de varios de sus empleados, que a los gritos ventilaban sus cuitas y las matizaban con chistes festejados con ruidosas carcajadas. Son tan funcionarios públicos como los del MNAV, pero vaya a saber uno porqué son tan diferentes.