Un adiós breve y multitudinario

Militantes desconsolados tras muerte de Tabaré Vázquez. Foto: Fernando Ponzetto.

LUTO

Cortejo fúnebre pasó por varios barrios; hubo llantos, cánticos y tambores. La familia prefirió acortar los tiempos de la despedida debido a la pandemia.

Primero dos jazmines blancos. Después un par de ceibos rojos. Más tarde un par de hortensias rosadas. Luego el cartel agradecido: “Gracias por tanto Tabaré”. Una bandera del Frente Amplio con su apodo en letras negras: “Taba”. Y las lágrimas, muchas lágrimas. 

La casa del expresidente Tabaré Vázquez en el Prado amaneció en silencio. A las seis de la mañana los uruguayos se empezaron a enterar de lo que había sucedido tres horas antes. El histórico líder del Frente Amplio, el primer intendente de izquierda, el dos veces presidente, había muerto.

De a poco, entonces, cuando empezaba a aclarar, las personas se acercaron a la conocida casona de la calle José de Buchental a rendirles su homenaje. La fachada se convirtió en un improvisado santuario que con el paso de las horas se llenó de ofrendas.

Algunos rezaban, otros se quebraban y lloraban; una madre que llegó a las nueve de la mañana con su hija de seis años, conversaba con ella, le explicaba quién había sido Tabaré. “Con los ojos puestos en la utopía y los pies de la tierra”, decía el cartel que juntas dejaron en la entrada de la casa del exmandatario.

Aunque el gobierno de Luis Lacalle Pou declaró tres días de duelo nacional, dado el contexto de pandemia y la emergencia sanitaria, la familia de Vázquez decidió extremar los cuidados, evitar las aglomeraciones, no exponer por demasiado tiempo a los uruguayos que quisieran despedirlo.

“Tabaré siempre pensaba como médico. Hasta en sus últimas horas. Siempre muy consciente de todo lo que pasaba”, contó a El País uno de sus allegados, y justificó así que el velatorio, que se realizó en Martinelli, haya sido breve y exclusivo tan solo para sus familiares y amigos más cercanos.

Sus familiares llegaron allí a las 10:30 de la mañana. Uno de sus nietos llevó consigo la bandera de su querido club Progreso, el que llegó a presidir y sacó campeón en 1989. Más tarde, ya en el cementerio de La Teja, la colocó sobre el féretro.

Cortejo de Tabaré Vázquez. Foto. Francisco Flores
Cortejo de Tabaré Vázquez. Foto. Francisco Flores

Una zona de exclusión se organizó alrededor de la funeraria, la que despistó a quienes querían acercar sus ofrendas florales, para las que luego se protocolizó una entrada. Las primeras en llegar fueron las del reelecto intendente de Colonia, Carlos Moreira, la del gobierno de Nicaragua, la de la Asociación Española —donde Vázquez se desempeñó tantos años como médico—, la de los trabajadores de Ancap —donde el padre de Vázquez trabajó— y la de Alberto Fernández, el presidente argentino.

Los únicos autorizados a ingresar al velorio, más allá de un círculo sumamente íntimo, fueron el presidente Luis Lacalle Pou, la vicepresidenta Beatriz Argimón y la intendenta de Montevideo, Carolina Cosse. Ellas dos fueron vestidas de riguroso luto.

Desde el gobierno se envió a los familiares el pabellón patrio oficial, con el que fue envuelto el féretro. Este le fue entregado luego, en el cementerio, a uno de los hijos de Vázquez, Álvaro.

Ya sobre el mediodía un grupo importante de gente se empezó a reunir de forma espontánea sobre la Avenida 18 de Julio. Llevaban banderas uruguayas, pero mayormente las del Frente Amplio. Seguían la transmisión desde sus celulares, y empezaron a aplaudir fuertemente antes de que partiera el cortejo.

La carroza hizo una parada frente al palco del Palacio Municipal, allí donde Vázquez debutó en la gestión pública en 1990. “Viva presidente”, era uno de los gritos que más surgía entre quienes fueron a despedirlo.

El llanto de dos señoras que estaban en la explanada era incontrolable. Los gritos, los aplausos, las bocinas de los autos catapultaban la emoción hacia lo más alto. “Dejame tocarlo, por lo menos”, le pedía insistentemente una de las mujeres a uno de los inspectores de tránsito que estaban apostados en el lugar. No le permitió pasar, pero intentó consolarla.

Cortejo de Tabaré Vázquez. Foto. Francisco Flores
Cortejo de Tabaré Vázquez. Foto. Francisco Flores

El cortejo avanzó a paso de hombre por 18 de Julio. Varios acompañaron la caravana a pie, en bicicleta o trotando. “Y ya lo ve, y ya lo ve, el presidente es Tabaré”, empezaron a cantar en un momento, recordando la arenga más sonada de 2004, cuando la izquierda rompió la hegemonía de blancos y colorados en el poder.

El paso se agilizó al entrar a Avenida del Libertador, donde se hizo el multitudinario y recordado cierre de la campaña de ese año, cuando el Frente ganó en primera vuelta. Al pasar por el Palacio Legislativo todos los oficiales saludaron el cortejo haciendo la venia. Detrás de ellos las dos banderas, el pabellón patrio y la de Artigas, lucían a media asta. Así lo estarán hasta mañana.

El gentío cada vez fue mayor. Creció en el Prado, volvió a crecer en Paso Molino y se multiplicó por miles en La Teja. En un momento, la tristeza dejó lugar a la alegría, y empezaron a corear su nombre: pero ya no era Vázquez, ni Tabaré, sino “el Tabita”.

Cánticos, aplausos, música en los balcones, carteles de agradecimiento, y muchos claveles rojos rodeaban la carroza. De fondo se oía el tenue sonido de una cuerda de tambores. El ruido cada vez se volvió más intenso, hasta que con el féretro delante, chico, repique y piano se acercaron al auto para dejarle el último toque al pibe del barrio, el pescador, el amante del carnaval, el doctor, el oncólogo, el presidente de Progreso, el socialista, el presidente del Frente Amplio, el intendente de Montevideo y dos veces jefe del Estado.

Luego fue todo intimidad. Hoy Tabaré Ramón Vázquez Rosas descansa en el Cementerio de la Teja, junto a su esposa, María Auxiliadora Delgado, quien lo dejó en julio del año pasado, un día antes de conocer el estudio médico que le diagnosticó el cáncer que lo condujo a su muerte.

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La Teja, un barrio que no lo olvidará

La Teja llora, ríe, no lo entiende, recuerda, queda en shock y vuelve a llorar. Aunque muchos insisten en que ya se estaban preparando y que la muerte “se venía venir”, la confirmación duele en todo el barrio que lo vio nacer.

Duele porque se despide a “un compañero” a un “vecino más” y por eso a muchos, en La Teja, la vista se les empaña cuando recuerdan al dos veces presidente. No lloran a Vázquez, sino a Tabaré, “al hombre del barrio”.

Hace pocos días en el Club Progreso, del que Vázquez fue hincha y presidente, nombraron una sala con su nombre: “Dr. Tabaré Vázquez Rosas”. Pusieron también una placa, y ahora que no está sus vecinos se acercan a ella para llorar y persignarse.

Tres integrantes de la Comisión de Cultura de Progreso están en la puerta en horas de la tarde. Emocionados, cuentan a El País una anécdota: “Cuando arrancó la pandemia hicimos ollas populares, Tabaré vio por el informativo que estábamos cocinando a leña y nos llamó. Nos compró lo que necesitábamos y nos dio las garrafas prontas para que pudiéramos usarlas”.

Algunos sostienen que Vázquez les dijo que una vez superada la enfermedad, volvería a acercarse al club Progreso. Todos, en La Teja, coinciden en que Tabaré no murió, porque su recuerdo, dicen, hará que siga vivo en el barrio.

Lacalle: “Fue un hombre que la peleó siempre”

Luis Lacalle Pou fue una de las pocas personas no cercanas a Tabaré Vázquez a las que se les permitió entrar a su velatorio. A la salida de este señaló: “En la vida es bueno que las diferencias políticas, las batallas políticas, no traspasen lo personal. Y todos sabemos que en alguna campaña puede quedar alguna rispidez, pero en estos últimos tiempos tuvimos la oportunidad de conversar de manera personal; y esto recién lo hablábamos con los hijos”, contó el mandatario. Y agregó: “Uno tiene que agradecer haber conocido a un hombre que la peleó siempre, y esta última batalla que todos suponíamos no podía ganar, la dio con el coraje y la serenidad propias de lo que fue su vida”.

Dirigentes de todos los partidos lo despidieron

El intendente de Canelones, Yamandú Orsi, decidió despedirse a través de un comunicado: “Desde este rincón de la Patria agradezco profundamente a un gran uruguayo que le cambió la vida, las ideas y las pasiones a muchos ciudadanos”. El ministro de Transporte, Luis Alberto Heber, puso en Twitter: “Tuvimos el privilegio de tratarlo mucho y apreciamos su calidad humana, su cordialidad y capacidad para liderar, a pesar de nuestras diferencias”. El ministro de Defensa, Javier García, escribió también en esa red social: “La institucionalidad democrática pierde con Vázquez a un líder clave que la cuidó y respetó. Fue un presidente republicano”. El diputado colorado, Ope Pasquet, señaló en tanto: “Entregó el poder en tiempo y forma. Hizo historia. Mis respetuosas condolencias”.

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