POBLACIÓN SIN TECHO

En tres años aumenta un 20% la cifra de personas que viven en la calle

Mides defiende políticas sociales y que no hay niños a la intemperie.

Persona durmiendo en una calle de Montevideo. Foto: Francisco Flores
“Hay un problema con los vínculos y con el género”. Así lo entienden los investigadores. Foto: Francisco Flores.

Aquella madrugada del censo, el 9 de abril, estaba agradable, la temperatura superaba la mínima pronosticada por los meteorólogos -que era de 12 grados- y se ubicaba cerca de los 15. Y entre los 266 voluntarios del Ministerio de Desarrollo Social que se aprestaban a ir a encuestar, la sensación térmica era que se iban a encontrar con mucha población en situación de calle. Los resultados posteriores, tras contabilizar a 2.038 personas pernoctando en las calles y refugios de Montevideo, confirmaron la sensación: hubo un crecimiento respecto al censo desplegado tres años antes. Pero, a la vez, el incremento fue menor al esperado: 23% en cifras absolutas y 18% si se ajusta la metodología para hacerla comparable.

En los 919 kilómetros que recorrieron los encuestadores, un poco caminando y la mayoría en taxis financiados por Naciones Unidas, se encontraron más de lo mismo: hombres, de mediana edad (38 años en promedio), que mayormente habían roto los vínculos con familiares y amigos, varios habían pasado por la cárcel (69%) y por una internación psiquiátrica (40%). Dicho en dos palabras: personas “solas” y “excluidas”.

Unas horas antes de que comenzara el censo, en la noche del 8 de abril, el precandidato a la Presidencia por el Partido Nacional, Luis Lacalle Pou, había presentado su programa de gobierno basado en cinco “shocks”. En el tercero de ellos, el de seguridad, dice que el problema de las personas en situación de calle no se debe al dinero que dispuso el Mides, sino a cómo fue usado.

Un mes y medio después, y con los datos del censo a la vista, el director de Evaluación del Mides, Juan Pablo Labat, contrarrestó: “Lo que se ve, la cantidad de gente que en un momento está en la calle, no permite entender el fenómeno. Hay que ver toda la película: qué es lo que lleva a las personas a terminar en la calle. Y eso no se soluciona con medidas de shock”.

Como ejemplo, dijo el demógrafo, las personas que estuvieron al menos una vez en la calle en Montevideo, en la última década, llenan una tribuna del Centenario: son más de 20 mil. De hecho un 80% de quienes estaban sin techo en 2016, hoy no lo están pero, en su lugar, hay otros y más.

Personas en situación de calle en Montevideo. Foto: Fernando Ponzetto
El 90% de las personas en situación de calle es varón y el 62% está solo. Foto: Fernando Ponzetto.

El responsable del conteo, el sociólogo Martín Moreno, explicó que “esto no se soluciona con más lugar en un refugio o con mover a la gente de zona: el mismo día del censo los refugios tenían 100 camas libres”.

Por eso la subsecretaria del Mides, Ana Olivera, salió en defensa de su cartera: “No estamos asistiendo a un fracaso de las políticas sociales por decir que hay 2.000 personas en situación de calle”. La ministra, Marina Arismendi, lo describió así: “Si no estuviésemos trabajando, y si no nos preocupara cada persona, no estaríamos presentando estos datos en un año electoral”. Y agregó: “Que no haya niños ni jóvenes durmiendo en la calle no es casualidad, es fruto de un trabajo institucional".

Aquella madrugada del censo, los voluntarios y los auditores de Naciones Unidas que los acompañaron no encontraron un solo menor de edad durmiendo a la intemperie. Eso es una diferencia a lo que se veía en los momentos inmediatos a la crisis de 2002, recordó la representante (interina) del Fondo de Población de ONU en Uruguay, Valeria Ramos.

Es que la situación de calle hoy, dijo el demógrafo Labat, no está directamente relacionada a la mejora de los ingresos (económicos) de la población. “Las personas que están en calle no son las más pobres de la población, son las que tienen otras pobrezas (como la ruptura de vínculos)”.

¿Quiénes son?

Son visibles, porque están en las zonas más céntricas donde se mueven los servicios. Incluso varios llevan los chalecos refractarios de cuidacoches. Se lo ve porque tres de cada diez han montado “campamentos”, con sus colchones y sus cajas. Pero son, a la vez, “invisibles”.

Así lo entiende Labat quien, dice, “hay un problema del sistema político”: se busca barrer debajo de la alfombra y “debajo de la alfombra está el Mides y un par de instituciones para atender la situación”.

Lo cierto es que la población sin techo se asemeja bastante a la que se vio en 2016. Casi todos son uruguayos (solo hay 15 extranjeros), la mayoría trabaja -pero en tareas informales- y anda sola por la vida.

Personas en situación de calle en Montevideo. Foto: Archivo El País
Pese a la mejora en la repartición de la riqueza, la cantidad de personas en situación de calle viene en aumento. Foto: Archivo El País.

Pero también existen diferencias respecto a lo observado tres años atrás. Aumentó el nivel educativo: hoy se encuentran más personas que han alcanzado el ciclo básico liceal. También hay más que están cubiertos por el Sistema de Salud y son más lo que alguna vez pasaron por un hospital psiquiátrico, el INAU o la cárcel.

En este sube y baja de variables, hay un dato que llamó la atención de los investigadores: mientras aumenta la ayuda de instituciones que dicen recibir a quienes pernoctan en la calle, cae la colaboración de vecinos.

La Encuesta Mundial de Valores muestra que, en el país de “los más infelices serían los más privilegiados”, los uruguayos han cambiado su visión sobre la pobreza. En los 90 se era pobre por la falta de oportunidades y ahora se es pobre por la falta de voluntad propia: es pobre por “su culpa”. Labat dice que habrá que estudiar si este cambio de valores aplica también a cómo vemos a las personas en situación de calle. Mientras, explica, “hay que comprender que estamos ante procesos sociales nuevos, mundiales, y que recién ahora estamos acercándonos a un diagnóstico”. Para eso el censo.

En tiempos de elecciones “aumentan los asentamientos”

“Cuando se acercan las elecciones, increíblemente, aumentan los asentamientos. Esa es la realidad. ¿Por qué? No sabemos”. Así lo entiende la ministra de Vivienda Eneida De León. Ayer, en Río Negro, la secretaria de Estado dijo: “No es un tema de más gente. No tenemos censo (pero) nos basamos en números reales, en un análisis que se hizo con fotos aéreas, parecería que hubiera crecido en algunos sectores, en algunos departamentos, el número de asentamientos”.

Un asentamiento, según De León, define “a aquel grupo que está establecido en un lugar que no tenga servicios y que, además, es en un lugar público; porque si están asentados en un terreno privado, ni nosotros podemos intervenir. Es un problema grave cuando se fomenta el asentamiento en un terreno privado, que de pronto ni siquiera se le puede llegar con el saneamiento, es una maldad que a veces hacemos los políticos y hablo en plural”.

La ministra explicó que también existe “una cultura que es el hecho de que aquel que nace en un asentamiento, que tiene su territorio allí, se hace su ranchito, se cuelga del agua y la luz y no paga nada”. Y agregó: “Habría que ver un poquito más, yo creo que lo que nos falta es más presupuesto y lo he dicho en mi fuerza política”. El problema se ataca “llevando servicios como luz, agua y dándole certezas jurídicas”, indicó la jerarca en momentos de inaugurar diez soluciones habitacionales en Fray Bentos, para familias de bajos recursos.

(Producción: Daniel Rojas)

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