Luis Lacalle Pou rompió con meses de silencio este domingo al hablar públicamente ante una multitud de nacionalistas y, en un esperado discurso por los 190 años del Partido Nacional, hizo un balance de su gobierno, reivindicó las decisiones tomadas durante su administración y planteó una reflexión sobre el papel de la política, la autoridad y la libertad.
“Estoy tranquilo, estoy satisfecho, no estoy conforme”, dijo el expresidente al referirse a su paso por el gobierno. Lacalle Pou señaló que su administración tuvo “aciertos” y, como “toda obra humana”, también “errores”, pero remarcó que el objetivo siempre fue “el bienestar de todos y cada uno de nuestros compatriotas”.
En el acto en Plaza Matriz, frente a la sede del partido, el exmandatario buscó marcar desde el comienzo el lugar desde el que haría su discurso. “Hoy llego como militante del Partido Nacional, en el llano, entre ustedes, donde me gusta estar”, afirmó.
También aclaró que no pretendía hablar de su pasado político ni hacer una definición sobre el futuro electoral. “Yo le voy a hablar del día de hoy. No le voy a hablar para atrás y quizás algo para mañana”, sostuvo.
Uno de los principales ejes del discurso fue su preocupación por el tono de la discusión política. Lacalle Pou cuestionó que los debates terminen convertidos en enfrentamientos entre partidos o dirigentes y pidió preservar el respeto incluso en la discrepancia.
“Firme con las ideas y suave con las personas”, afirmó, una frase que presentó como especialmente vigente para la política actual.
“No estoy hablando solo de honestidad, estoy hablando de justicia. Estoy hablando de esfuerzo. Estoy hablando sobre todo de querer”, dijo al referirse a las condiciones que deben tener quienes ejercen la política.
En esa línea, sostuvo que no cree que existan dirigentes bien inspirados de un lado y mal inspirados del otro. “Hay gente bien inspirada en todos los partidos políticos”, afirmó.
Para Lacalle Pou, la política pierde cuando se transforma en “un concurso de egos, el insulto o el agravio”. “Si no podemos resolver las cosas a la gente, por lo menos tengámosle respeto”, planteó.
Inteligencia artificial y una política que debe acelerar
El expresidente también dedicó parte de su discurso a la inteligencia artificial, a la que pidió no abordar únicamente como un problema.
“La inteligencia artificial tiene y debe y puede, y abracémosla, como una manera de acelerar la política y que sea mejor y que se resuelvan antes los problemas”, sostuvo.
Lacalle Pou vinculó ese desafío con las nuevas demandas de la sociedad. Señaló que en un mundo interconectado es lógico que los ciudadanos exijan respuestas más rápidas y afirmó que, si la política avanza más lento que las necesidades de la gente, “no es la gente que tiene que frenar, es la política que tiene que apurarse”.
“La unión nos hará fuerza”
Otro de los conceptos centrales de su discurso fue la unidad, a partir de los lemas históricos del Partido Nacional: “Somos idea” y “La unión nos hará fuerza”.
Lacalle Pou planteó que la unión política no debe confundirse con la ausencia de diferencias y sostuvo que el desafío está en determinar hasta dónde pueden avanzar los acuerdos sin abandonar las ideas y principios.
También llamó a concebir la política como una herramienta para unir al país y no para profundizar divisiones.
“No hay que curar heridas, hay que no lastimar”, afirmó.
Al referirse específicamente al Partido Nacional, sostuvo que sus dirigentes deben mantener la misma dedicación y responsabilidad aunque estén en la oposición. “Los legisladores están gobernando”, afirmó, en el sentido de que también tienen una responsabilidad sobre el país desde su actual lugar político.
La libertad como eje
Hacia la parte final del discurso, Lacalle Pou reivindicó uno de los conceptos centrales de la identidad nacionalista: la libertad.
“Hay una que nos mueve, que nos moviliza, que nos infla el pecho, que nos hace andar por la vida contentos: la libertad”, afirmó.
Pero también planteó una mirada menos ortodoxa sobre ese concepto. Dijo que con el tiempo se volvió “cada vez menos ortodoxo” y sostuvo que no alcanza con hablar de libertad si una persona no tiene trabajo, vivienda, salud o posibilidades de criar a sus hijos.
“La libertad tiene que estar íntimamente vinculada a aquel concepto de que justicia es tratar desigual a los desiguales”, afirmó.
En ese marco, reivindicó el carácter “profundamente humanista” que, según sostuvo, tuvo su gobierno.
Lacalle Pou también compartió una reflexión personal sobre el final de su mandato y la diferencia entre poder y autoridad.
Explicó que el poder es formal y surge de la voluntad popular expresada en el voto, mientras que la autoridad tiene componentes intelectuales, morales y afectivos.
“No se puede ejercer bien el poder si antes no se tiene autoridad”, sostuvo.
Según explicó, esa autoridad no se construye de un día para otro ni mediante acciones destinadas a ser publicitadas, sino a partir del vínculo con la gente y del conocimiento de sus realidades.
“No se puede gobernar un país si no se conoce”, afirmó. Para él, conocer implica haber tenido la oportunidad de mirar a los ojos, conversar, comprender los sueños, las alegrías, las tristezas y las esperanzas de las personas.
Al cerrar, Lacalle Pou habló desde un tono marcadamente personal y recordó sus primeros años como militante en el Partido Nacional. “Bórdenme una divisa que sea bien blanca, que diga Por la Patria con letras anchas”, exclamó, citando los célebres versos de la tradición blanca. Tras la frase, se despidió entre los aplausos de la militancia que gritaba: "¡Presidente, presidente!".