ELECCIONES

La campaña se ensucia con bots y noticias falsas

Ocho políticos hicieron denuncias por “enchastre” en redes.

Al menos dos páginas de Facebook compraron anuncios para difundir una publicación apócrifa sobre Luis Lacalle Pou.
Al menos dos páginas de Facebook compraron anuncios para difundir una publicación apócrifa sobre Luis Lacalle Pou.

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El engaño cuesta poco, demasiado poco. Con cada voto a su favor, un partido político gana US$ 7 dólares; un dinero que no alcanza siquiera para una mención publicitaria en radio, pero que sobra para comprarse un ejército de 1.000 cuentas piratas (y robotizadas) en Twitter. O, lo que es lo mismo, 1.000 bots dispuestos a compartir información falsa. Bienvenidos a una campaña electoral sucia.

El Departamento de Delitos Informáticos investiga las denuncias de, al menos, ocho políticos -vinculados a la actual contienda electoral- que se han sentido afectados por información falsa que figura sobre ellos en redes sociales -fake news al decir del presidente Donald Trump. Y ninguno de estos casos ha sido resuelto hasta el momento.

Los peritos informáticos comenzaron a investigar hace tres días, por orden de la fiscal Brenda Puppo, la falsificación de un capítulo del libro biográfico de Luis Lacalle Pou. Hubo alguien -o algunos- que se tomó el tiempo de redactar una historia apócrifa, basándose en aquel rumor de que el senador atropelló a una persona. Ese mismo alguien -o un otro- creó una cuenta falsa en Scribd -una plataforma de internet para publicar documentos-, se hizo pasar por el autor original del libro (Esteban Leonís) y comenzó a propagar la información fraudulenta.

Pero la historia no termina ahí. Ese mismo alguien -o algún otro- abrió al menos dos cuentas de Facebook. Una de ellas es “Uruguay Hoy”, creada el 14 de marzo, y que se dedica a republicar noticias del diario El Observador y, entre ellas, difunde informaciones falsas. La otra es “El Sol del Sur”, que hace exactamente lo mismo, pero con noticias de El País.

Ambas páginas tienen menos de 65 seguidores cada una. Cualquier información que ellas publican las leen, en promedio, dos personas. Literal, así lo indica el algoritmo de Facebook. ¿Cómo es posible, entonces, que estas dos páginas hayan sido las principales artífices de la viralización de las fake news sobre Lacalle Pou?

Con un poco más de dinero de lo que uno se compra el ejército de 1.000 bots -con US$ 31 o cuatro votos y medio- es posible financiar una publicidad en Facebook que alcance a una multitud. Tanto “Uruguay Hoy” como “El Sol del Sur” compraron, quitaron y volvieron a comprar varios posteos. Antes del cierre de esta edición habían activas tres de estas publicidades: basta entrar a la “biblioteca de anuncios” de la red social o fijarse en la información de “transparencia de la página” que figura en el menú de la derecha.

Es que el propio Facebook creó un espacio de transparencia tras el escándalo de la trama rusa. Este fenómeno que parece novedoso en Uruguay, ya es una vieja historia en las campañas electorales de otros países.

“Nuestra estrategia incluye remover cuentas falsas a menudo usadas para divulgar este tipo de contenido, reducir la distribución de contenido inauténtico y ofrecer a las personas más contexto sobre las noticias que consumen. Sabemos que todavía hay mucho por hacer y estamos constantemente investigando reportes sobre el abuso de nuestras políticas”, dijo a El País un portavoz de Facebook quien, además, confirmó que la red social “ya está investigando” el caso de Lacalle Pou.

Para el director de la consultora Radar, Alain Mizrahi, la denuncia penal iniciada por Lacalle Pou refleja “que los políticos uruguayos no están entendiendo lo que sucede en el mundo”. Aquel episodio que había vivido el precandidato del Frente Amplio Óscar Andrade, de quien falsificó una historia de su hija quinceañera, “fue solo el comienzo de una catarata de desinformación que vamos a ver en la campaña”.

Ayer mismo el precandidato colorado Ernesto Talvi tildó de “falsa” la información de un audio de Whatsapp en que se invitaba a un acto suyo en la sede partidaria a cambio de dinero.

El propio Mizrahi ha sufrido el intento de distorsión de sus encuestas de intención de voto que se completan por internet. La primera vez que lo notó “fue en las elecciones Departamentales de 2015, cuando desde Rocha había un montón de usuarios en la madrugada apoyando a un tipo que no tenía siquiera chances de ser edil”. Ese modus operandi lo volvió a detectar otras veces, por lo general involucrando a militantes que comparten el link de la encuesta.

Milicia

Desde que comenzó el año, unos 75 mil usuarios únicos conversaron en Twitter sobre alguno de los principales candidatos a las internas partidarias de Uruguay. Y entre ellos hubo un promedio de 250 cuentas piratas que, claro está, “no siempre son las mismas”. Así lo señala Carlos Álvarez, quien ha liderado este monitoreo con su empresa uruguaya Idatha, especializada en análisis y procesamiento de datos.

Los forenses de internet, esos que investigan cómo se comportan las cuentan truchas en las redes sociales, dicen que los bots tienen una apariencia similar: suelen ser anónimos, tienen una actividad muy alta en un momento determinado y amplifican a algún usuario o tema para marcar tendencia -como si fueran un loquito que con su megáfono repite siempre el mismo discurso. Pero en Uruguay, dice Álvarez, “por ahora son pocos”... se parecen más a una milicia que a un megaejército.

Auténticas sorpresas

El equipo de Idatha notó que desde “hace un par de semanas se cuadruplicaron las conversaciones en Twitter” en referencia al precandidato blanco Juan Sartori. Son 8.000 las cuentas que hablan -bien o mal- del multimillonario. Según el especialista Carlos Álvarez, “en parte puede deberse a un posicionamiento del político, a la coyuntura, pero no deja de ser un pico inaudito”. ¿Eso significa que está contratando bots? “No lo sabemos”. Martín Silva, jefe de redes de Sartori, niega cualquier asociación a fake news. Idatha también comprobó que la cuenta del colorado José Amorín Batlle publica entre 300 y 400 tuits por semana, lo que, según Álvarez, lo convierte en “un superusuario”.

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