DÉBORAH FRIEDMANN
Sentadas en la arena de Playa Verde, un grupo de chicas conversan y se ríen. Van al balneario desde que nacieron y no lo cambian por nada. ¿El motivo? Su carácter familiar, la tranquilidad, la seguridad y que allí se conocen todos.
Esa parece ser la tónica general de los que eligen Playa Verde para pasar unos días de vacaciones. Entre el grupo de chicas hay quienes vienen de Montevideo, de Buenos Aires y de Young. "Es un lugar para hacer buena playa y para estar en familia. Es maravilloso para los chicos", comenta María.
Además, los precios son "apenas más caros que en Montevideo" y los alquileres "accesibles". En la segunda quincena de enero pagaron U$S 700 por una casa.
En el balneario no hay inmobiliarias. Los alquileres se concretan directamente con los dueños o con algunos lugareños. En promedio, en enero una casa estándar se arrendaba entre U$S 800 y U$S 1.500 la quincena. Por estos días los precios bajaron y desde U$S 500 se puede conseguir una vivienda para pasar 15 días de febrero en el balneario.
Para quien llega a Playa Verde, el lugar es más que tranquilo. Niños andando en bicicleta por la calle o jugando a la pelota son parte del paisaje. Se observa al menos un cartel de "se alquila" en cada cuadra.
Sobre las 15 horas, es aún momento del almuerzo, al menos en el restaurante Calvette. De lejos, se nota que varios vienen directo de la playa a comer. Por el Club Playa Verde, recientemente reinaugurado, también hay varias personas.
En enero el movimiento en Playa Verde fue bueno, sobre todo en la primera quincena, comentaron algunos comerciantes del lugar. De todos modos hay quienes se quejan de lo poco que gastan los veraneantes. "Vienen, miran precios y se van. O entran y se llevan dos panes", señalaron en el autoservice La Placita.
Después del 15 de enero los visitantes bajaron notoriamente, salvo los fines de semana, cuando el balneario volvió a recibir más público. "Fue un cambio como que hubiera empezado febrero. Y ahora que ya comenzó febrero bajó aún más", explicó Marcos, del provicentro Calvette. De los últimos años, fue la temporada con "menos argentinos", apuntó.
cambios. El balneario ha ido creciendo. Hay mucha más gente y más construcciones. Los más veteranos en el lugar, como Mirtha Denis, hoy propietaria del restaurante Calvette, recuerda que hace 40 años en Playa Verde había muy pocas casas. "No había casi nada después de la ruta", señala.
El cambio más notorio fue después de la década del 90. "Desde allí se fue modernizando. Es un balneario familiar, con algunas familias antiguas, tradicionales, de quienes van quedando sus sucesores, que siguen prefiriendo Playa Verde", cuenta Denis.
Actualmente el balneario no cuenta con hoteles ni otros hospedajes. "En su tiempo había dos hoteles, el Meirana y el Caraballo, pero de ellos sólo quedan las casonas que los albergaron", señala Denis.
Uno de los mayores atributos del lugar, que le comentan los veraneantes, es que no hay que cruzar la ruta para ir a la playa.
Mariela, Pedro y su familia son de los viejos veraneantes en Playa Verde. Llevan 17 años pasando allí sus licencias. Para ellos es evidente que el lugar ha ido creciendo, pero conserva el encanto de que "sigue siendo un pueblito".
De todos modos, eso también tiene sus contras: faltan servicios, por ejemplo no hay una farmacia, ni médico ni banco ni un liceo. Para todo, tienen que ir a Piriápolis, cuentan varios lugareños, entre acostumbrados y resignados.
Algunos veraneantes señalan que el lugar tiene varias ventajas. Para empezar, después que llegan casi no se vuelven a subir al auto. "Andás en chancletas todo el día. Eso es importantísimo", dice Pedro. Y lo que más resaltan: la tranquilidad y las excelentes playas.
Sus hijas también disfrutan del balneario, aunque con sus 16 y 17 años en sus últimos veranos la movida de Playa Verde no les alcanza. Así que algunas noches por semana se van a bailar hasta Punta del Este.
Otros jóvenes, en cambio, toman la tranquilidad del balneario como un plus en sus vacaciones. Un grupo de chicos de 18 años, en una rueda de guitarra, cuenta que "la gente y la playa" del lugar les es suficiente. Y de noche, optan por juntarse en una casa o darse una vuelta por La Virgen II, y pasar el rato tomando algo y jugando al futbolito o al pool.
El juntarse con los amigos de "toda la vida" es algo que nombran una y otra vez los veraneantes de Playa Verde. Virginia y su marido, destacan la "tranquilidad" y el poder hacer "playa en familia".
"Es ideal para los adolescentes. Tienen amigos desde que son chicos del balneario", cuenta Virginia.
De todos modos, hay quienes notan un cambio en el perfil del balneario.
"No es la misma paz de antes. Hay más casas, más negocios y grupos de jóvenes que se juntan a tomar alcohol en la calle, hacen ruido, y después tiran las botellas para cualquier lado, inclusive adentro de los comercios", comenta una mujer que vive hace 50 años en el pueblo.
Precios, opciones y paseos para veraneantes
Playa Verde está, viniendo de Montevideo, 6 kilómetros antes de Piriápolis. Es en el kilómetro 92 de la ruta 10.
No hay inmobiliarias ni hoteles. En enero los alquileres en promedio estaban entre U$S 800 y U$S 1.500 la quincena. En febrero se consiguen desde U$S 500.
Hay pocos comercios, entre ellos unos tres almacenes, dos locales para comer y un pub. Allí los precios son similares a los de Montevideo.
En la Chivitería Buen Gusto una hamburguesa completa sale $ 55, una milanesa napolitana con guarnición $ 95 y un chivito canadiense $ 80.
En el restaurante Calvette, la especialidad son las pastas, que son caseras. Los ravioles con champignon están a $ 100, las tallarines caruso $ 100 y un chivito a $ 100. La pizza a $ 20 y la muzzarella a $ 35.
Otras opciones gastronómicas por la zona son los restaurantes Terra Nostra (043 - 20408) y Carumbé (043-27093), ubicados en la ruta 73 y el Arroyo Tarariras.
El Club Playa Verde abrió sus puertas nuevamente a fines de diciembre. Allí hay canchas para practicar deportes, una cantina y actividades para niños.
Quienes tengan ganas de pasear pueden ir al Castillo de Piria, (ruta 37 kilómetro 5). Está abierto de martes a domingo de 9 a 21 horas.
Otro lugar para visitar por la zona es la reserva de fauna del Cerro Pan de Azúcar (ruta 37 kilómetro 6), abierta desde las 8 al atardecer.
Los que disfruten de ver lobos marinos y pingüinos pueden ir a la reserva de SOS Rescate Marino, en Punta Colorada.
Decenas de personas van por día al Castillo de Piria
El Castillo de Piria es uno de los lugares más recomendados por lugareños y guías de turismo para visitar por la zona de Playa Verde.
Si decide ir, un consejo: lea algo de su historia antes de visitarlo. Al menos el día en que fue El País no había ningún folleto informativo (por más que se solicitó) ni personal que pudiera explicar la historia del lugar y lo que allí se exhibía. Según la web de la Intendencia de Maldonado, el castillo fue construido entre 1894 y 1897 por el ingeniero Aquiles Monzani.
En la planta baja hay una colección de objetos de los tiempos de Piria, incluyendo documentos, volantes y folletos. En el primer piso hay salas de diferentes estilos. Una de ellas reproduce una habitación del Hotel Piriápolis.