Montevideo mi casa: la calle, mi dormitorio

DIEGO FISCHER

Es una realidad a la vista de todos, aunque no sé si quienes tienen la obligación y los instrumentos para encontrarle una solución quieren verla. El miércoles participé en la presentación de un libro sobre los jóvenes que viven en la calle, cuyos autores son las antropólogas sociales Virginia Rial y Eloísa Rodríguez Lussich y el psicólogo Fabricio Vomero; los tres profesionales de la Udelar. Como la mayoría de los trabajos académicos, tiene un nombre poco taquillero: Procesos de selección social y vulnerabilidad. Varones jóvenes viviendo en la calle; pero muy lejos está de ser un libro aburrido. Todo lo contrario, es un texto sustentado en una investigación seria que se llevó a cabo durante más de dos años y que contiene una gran cantidad de testimonios que revelan una situación tan dramática como indignante.

Según datos oficiales, en 2004 eran 320 los varones de entre 14 y 29 años que vivían en la calle. Tres años más tarde, en 2007, el número casi se triplicó llegando a los 920 adolescentes y hombres jóvenes. La cifra siguió creciendo y al día de hoy no existen datos, pero nada indica que haya disminuido.

El libro se concentra en los varones exclusivamente y muestra las razones por las que estos muchachos han hecho de la calle su lugar para vivir. Contrariamente a lo que uno podía pensar a priori, no todos son oriundos de zonas marginales sino que también los hay -y en una cantidad importante- de hogares de clase media.

En la mayoría de los casos el alcohol y la pasta base fueron los detonantes para que hayan llegado adonde están.

Provienen de hogares en la que no hay presencia masculina. Los autores, que reivindican a la familia como único valor seguro para la sociedad, subrayan que la estructura familiar contemporánea está fragmentada, con un gran predominio del poder materno y donde la autoridad patriarcal está casi perimida. También -casi siempre- y en aquellos jóvenes nacidos en hogares de clase media, la violencia doméstica es una constante y el factor determinante para que abandonaran sus hogares.

Según los testimonios que aporta la investigación, estas personas -en un porcentaje muy alto- carecen ya no solo de la cédula de identidad, sino que ni siquiera están anotadas en el Registro Civil. Por ende no existen legalmente. A estos muchachos los planes del Mides no llegan. Este fenómeno creciente se ha dado en llamarle la modernización de la miseria o el ascenso de un nuevo régimen de desigualdad y marginalidad urbana. Curiosamente en nuestro país comenzó a manifestarse simultáneamente con la crisis de la Enseñanza Pública, se expandió en el 2002 y la irrupción de la pasta base.

"La calle es mi dormitorio", dice uno de los entrevistados y otro señala: "Montevideo es mi casa , porque tengo todo Montevideo a mi disposición…" ¿No habrá llegado el momento de tomar en serio el tema?

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