ANA PAIS
Hace casi 40 años, Roberto Anguera salió sorteado para instalar uno de los primeros puestos de venta callejera sobre 18 de Julio. Actualmente hay seis en su cuadra, entre Yi y Yaguarón, y sólo se puede conseguir un permiso allí heredándolo.
Los artesanos callejeros, de todos modos, no quieren un lugar fijo donde armar una carpa. Piden "tan sólo poder utilizar plazas y demás espacios públicos para exhibir y vender nuestro arte", según un volante repartido en los últimos días tras los enfrentamientos con inspectores de la Intendencia de Montevideo, por vender sus productos sin permiso en la calle.
Los incidentes que terminaron con mercadería requisada e incluso funcionarios y artesanos declarando en la Seccional 3ª, desde el jueves evolucionaron a una mesa de diálogo. Ese día, "para que quede claro el ánimo de diálogo de la comuna, el intendente resolvió que por única vez se devolviese la mercadería incautada", contó Carlos Varela Ubal, director de la División Promoción Económica y Gestión Comercial.
Si se tuviese que aplicar una normativa vigente a los "vendedores del paño", sería la de los ambulantes, dijo Varela. Pero el panorama es heterogéneo y aunque hay quienes estarían proclives a acatar ciertas reglas, otros hacen un planteo intransigente y filosófico: "Mi derecho a tirar el paño donde yo quiero", ejemplificó Varela.
"No es un tema comercial, porque ellos pueden estar vendiendo mucho en un lugar determinado y mañana irse para otro. Pero los permisos en vía pública pautan cierta relación de permanencia con el espacio, un horario, una estabilidad mensual con un máximo de faltas, con derecho a licencia y a tener alternos. Pero no todos aceptan este tipo de regulación, quieren ser más libres", explicó.
Además, como ellos reclaman el derecho de trabajar en la calle, otros piden esos espacios para esparcimiento y movilidad. "Tenemos que articular entre dos intereses contrapuestos", dijo Varela.
NORMAS. Susana Rodríguez lleva 27 años como permisaria en 18 de Julio y Cuareim. Todos los días, con calor, frío o lluvia, arma su puesto en una hora. Paga los $ 245 por mes a la Intendencia y vende de todo menos ropa, lentes, cigarros y piratería, como indica la normativa. En su cuadra había otros cinco puestos que caducaron por exceso de faltas o porque el permisario murió y ningún familiar directo reclamó el lugar.
Susana se permite extender el puesto por encima de los dos metros de largo por uno de ancho establecidos, "porque no son tan estrictos", dijo. Los inspectores ya no piden a diario la firma del permisario o alterno, únicos dos que pueden atender el puesto, porque "nos conocen a todos", contó. Hoy pasan falta desde la camioneta.
Por eso, el permisario de un puesto cercano a la Intendencia sigue cumpliendo con el horario pese a que desde hace más de un mes se lo alquila a diferentes personas de mañana y tarde. "Es imposible tener un puesto, no hay permisos. El dueño del lugar es mayor y está cansado, desde el año 75 que trabaja en la calle. Además, hay que invertir para tener una mesa. Ahora él viene, vende garrapiñada un rato y se va", contó Pablo, el arrendatario.
La falta allí es doble: está prohibido hacer transacciones con los permisos de venta ambulante. Y también vender garrapiñada. A diferencia de lo que sucede con la venta ilegal de otros productos, o con la mosqueta, para Varela existe "cierta tolerancia hacia ese rubro", indicó, refiriéndose a la garrapiñada.
"Con los vendedores de paño también había una situación similar. Inspección General les decía que se tenían que retirar y ellos se iban, aunque algunos al rato se volvían a poner. Lo que ocurrió en esta última etapa es que los artesanos optaron por quedarse. Eso obligó a incautar la mercadería y supongo que a nadie le gustará que un inspector le saque lo que tiene a la venta", dijo Varela.
Sobre los procedimientos y los incidentes derivados, el jerarca dijo que "se está actuando por los canales administrativos", de forma independiente a la demanda que los artesanos manifestaron que presentarán ante la Justicia.
Pero, en miras a la próxima reunión, el martes que viene, para Varela "lo más importante ahora es mirar hacia adelante y ver cómo evitamos estas cosas. Y lo mejor es tener pautas claras para quien tiene que cumplirlas y hacerlas cumplir".
Carné no sirve para vender
"¿Para qué nos sirve si no nos dejan trabajar?", preguntó sobre el carné de artesano Juana de Martino, una de las artesanas que vendía en la Plaza Cagancha cuando hace dos semanas los inspectores municipales les requisaron los productos entre forcejeos, insultos y golpes. Según Carlos Varela Ubal, director de División Promoción Económica de la Intendencia, "el carné de artesano te reconoce la condición de tal, no es un permiso para trabajar en la vía pública". Entre sus beneficios está el de ser un reconocimiento hacia el exterior y pagar menos por piso en los lugares habilitados, como la periferia de las ferias. Allí un vendedor ambulante paga $ 140 por piso y un artesano, $ 80. Varela dijo que este año abrirán el segundo llamado a artesanos para expedir nuevos carnés.
"A una galería no voy ni loco"
Unos meses atrás, funcionarios de la Intendencia preguntaron a los puestos de vendedores ambulantes sobre 18 de Julio si se mudarían a locales de galerías o si se jubilarían, en caso de tener la edad suficiente. El censo es parte de un proyecto para reactivar y recuperar la principal avenida de Montevideo, dijo Carlos Varela, director de División Promoción Económica de la comuna. Por eso, explicó, no se están otorgando nuevos permisos.
Cigarro en mano e indiferente a la llovizna, Gustavo Mezzetta dijo que la idea de trasladarse a una galería es "una cosa de locos": "¿Mirá si me voy a ir a encerrar a una galería? Trabajé toda mi vida en la calle, es mi hábitat. Me gusta estar al aire libre, a pesar del frío, del calor". Desde hace 10 años es permisario de uno de los puestos ubicados frente a la Intendencia y no le "serviría" moverse de ahí.
Varela reconoció que "quien está sobre 18 de Julio, difícilmente quiera dejarlo". Entonces, mientras los permisos continúen y para el resto de los lugares, la Intendencia busca "redimensionar y dignificar la tarea del vendedor ambulante", por ejemplo, mejorando los puestos desde lo visual.