La Justicia condenó a seis años de prisión a un hombre que mató de un golpe en la cabeza a su vecino, con el que tenía un conflicto hacía varias semanas. Según reconstruyó la Fiscalía, y surge de la audiencia a la que accedió El País, el fallecido le había robado una garrafa al victimario. A partir de allí, se suscitó un incidente que se dio en varias etapas.
Por ejemplo, el 31 de agosto de 2025, el condenado había presentado una denuncia policial diciendo que la víctima "lo insultaba permanentemente" y le había roto algunos vidrios de la casa. Aunque inicialmente se llevaban bien, al punto de que consumían drogas juntos, el vinculo se quebró a raíz del robo de la garrafa.
En la madrugada del 2 de octubre, se volvieron a cruzar. Sobre las tres de la mañana, el agresor salió de su casa y vio a la víctima frente a la suya, que estaba a pocos metros de diferencia. Así, el primero siguió su camino hacia una boca de drogas y, cuando volvió, tomó un hierro y golpeó a su vecino en la cabeza. Ese único golpe, que la víctima nunca vio venir, le costó la vida. El médico forense constató que no tenía heridas de defensa.
El homicida volvió a su casa y la víctima quedó tendida en la calle. No fue asistida hasta varias horas después, dado que, como era usual que durmiera allí, sus parientes creían que estaba descansando. Sobre las 10 de la mañana, cuando fueron a corroborar que se encontrara bien, notaron que había fallecido producto de una herida en la cabeza, por lo que hicieron la denuncia.
Sobre las 16 horas del mismo día, la Policía fue hacia la casa del condenado y él les reconoció espontáneamente que lo había matado. Incluso entregó el arma homicida y la ropa que utilizó al momento del crimen. De acuerdo a mensajes de WhatsApp referidos por la fiscal Adriana Edelman en audiencia, el hombre le contó a una mujer lo que había sucedido y le había pedido que le "cuidara la casa" si era detenido.
A su vez, del mismo teléfono celular incautado al condenado se extrajo una foto tomada a las 3:13 de la madrugada en la que se ve, a lo lejos, el cuerpo sin vida de la víctima. También se analizaron cámaras de seguridad que muestran al hombre entrar y salir de su casa en las horas en las que ocurrió el crimen, lo que termina por confirmar el relato de los hechos.
Al explicar las condiciones del acuerdo, la fiscal remarcó que el hombre actuó con intención de matar. "La víctima se encontraba de costado, no pudo advertir la llegada del golpe. Fue un único golpe con un hierro en la cabeza, lo que demuestra una voluntad inequívoca de dar muerte", explicó.
En acuerdo con la defensa del imputado, pidió que fuera condenado por un delito de homicidio simple. Se computó como agravante el uso de la fuerza y como atenuante el hecho de que el condenado admitió lo ocurrido y que es primario absoluto.
Su abogado, Gustavo Nasta, coincidió con el relato fiscal. Estos "fueron narrados espontáneamente por mi defendido, quien nunca ocultó la verdad de los hechos", dijo.
La jueza Marcela Vargas controló la legalidad del acuerdo y lo validó, por lo que terminó condenándolo a la pena que pidió la Fiscalía.
El delito y el acuerdo abreviado.
El homicidio simple tiene una pena mínima de cuatro años y una máxima de 18 años. En este caso, la causa se resolvió a través de un acuerdo abreviado. Esto significa que el imputado acepta haber cometido los hechos por los que la Fiscalía lo acusa y renuncia a ir a juicio oral, donde el Estado está obligado a probar la culpabilidad del sospechoso.
Como contrapartida, el imputado obtiene como beneficio una rebaja en la pena. Al negociar la condena, el fiscal puede ofrecer al imputado una rebaja de hasta un tercio del monto que pediría en la acusación si fuera a juicio. El beneficio para la Fiscalía es ahorrarse el tiempo y los recursos que conlleva un juicio oral, cuyo resultado siempre es incierto. Además, evitan que los testigos y víctimas secundarias tengan que volver a declarar, lo que muchas veces es revictimizante para ellos.