"Se peleaban por respirar": Justicia reconstruyó séxtuple crimen en la cárcel y condenó a siete acusados

El único sobreviviente graficó el escenario como "una guerra"; la jueza indicó que los siete acusados fueron responsables de prender fuego una celda en el exComcar y seis personas murieron por inhalación de humo

Ex Comcar. Giancola estaba preso en el módulo 8, destinado a aquellos reclusos que no están condenados.
Entrada del Complejo Carcelario de Santiago Vázquez, ex Comcar.
Foto: Estefanía Leal

Cuatro de las mujeres que se sentaron en el fondo de la sala estaban allí porque eran hermanas. Había una quinta que fue novia y una sexta que era madre. Desplegando fotos de sus seres queridos, por los que en la tarde del miércoles estaban en la sala de audiencias especiales del juzgado penal de Montevideo, oían con atención las palabras de la jueza Viviana Galletto. Fue ella quien, luego de oír decenas de testimonios en el juicio, resolvió que los siete hombres acusados por la Fiscalía eran los responsables del asesinato de los hermanos, el novio y el hijo de esas mujeres. Los mataron prendiéndoles fuego su celda en el exComcar en setiembre de 2024 y por ese crimen recibieron la pena máxima, 30 años.

"¡A mi hermano le faltaban 10 días para salir!", gritó una de las mujeres. Este homicidio le costó la vida a seis reclusos de la celda 94 del Módulo 4 del exComcar: Facundo Gutiérrez, Richard Bermúdez, Carlos Silveira, Flavio Bernochi, Paulo Méndez y Esteban Martínez. Un séptimo logró sobrevivir, pero sufrió lesiones graves. Se quemó la cabeza, espalda, brazos y respiró muchísimo humo. "En la cabeza tengo quemaduras, no me crece el pelo", contó cuando declaró.

La jueza dio por probada la teoría del caso planteada por la Fiscalía de Homicidios de 4to Turno, compuesta por Andrea Naupp, Laura Menéndez y Gonzalo Cardozo. Esta fue que uno de los ahora condenados tuvo una discusión con una de las víctimas y lo apuñaló. El joven fue corriendo a su celda y alertó a sus compañeros, quienes intentaron bloquear la puerta (que estaba abierta por ser las primeras horas de la tarde) moviendo las cuchetas y sosteniéndola con todas sus fuerzas. En ese momento, varias personas intentaron ingresar y como no podían, rociaron la celda con nafta a través del sapo (orificio en la puerta donde les pasan la comida a los reclusos). Utilizando lanzas de fabricación casera con polifon en la punta, la que prendieron fuego, lograron incendiar los colchones y generar el incendio. A su vez, a través de un boquete (agujero en la pared) que había otros hombres amenazaban con cuchillos y cortes carcelarios para que las víctimas no pudieran salir.

"Estábamos en el medio de la guerra", relató el sobreviviente, que se salvó por haber sumergido una manta en agua, cubrirse la cabeza con ella y escaparse de la celda cuando oyó que afuera ya había silencio. No llegó a ver a sus compañeros porque el humo negro ya era muy denso, pero sí notó que se acercaron a la ventana de la celda y "se peleaban por quién respiraba un poco". Indicó que si bien entre los dos grupos, víctimas y victimarios, había "problemas", "no era tampoco para matarlos así como perros".

Durante el ataque, constató la jueza, los atacantes gritaban "cambio de gobierno". Hay dos teorías sobre el punto. Una sostiene que los atacantes pretendían quedarse con comisiones por trabajo que tenían algunas de las víctima. La otra, que era por el negocio de venta de droga en la cárcel.

La habitación, estiman los Bomberos, alcanzó los 600 grados. En ese momento, había cinco policías para custodiar a unos 800 reclusos. Quienes ingresaron a asistir a los heridos, reconoció la jueza, arriesgaron incluso su propia vida por no tener los elementos necesarios para hacerlo.

Las familias de las víctimas tuvieron diferentes representantes, entre ellos Rafael Silva, Alejandro Neves y Celina Cervini. Los últimos dos defendieron a la familia de Facundo Gutiérrez. En un comentario a El País, expresaron que "detrás de este expediente hay una mujer que perdió a su compañero, un hijo que perdió a su padre y una ausencia que se siente todos los días". Sostuvieron que esperan que este caso "sirva para reflexionar sobre las condiciones en las que ocurrió el hecho", porque tuvo lugar "dentro de una cárcel, bajo custodia del Estado, donde quedó manifiesta una evidente falta de prevención".

La defensa

Los acusados fueron representados por las defensoras de oficio Anaclara Ramírez y Bettina Martínez. Su hipótesis apuntaba a que hubo sesgos en la investigación y que esta tenía defectos que hacían que la única solución posible fuera absolverlos. La jueza entendió que esto no era así, pero sí les dio la razón en que se realizaron algunos interrogatorios "fuera de los cánones establecidos por la ley" (reconocimientos sin presencia de la defensa) pero consideró que esa irregularidad perjudica la calidad de los testimonios. Galletto sí descartó tres declaraciones que se habían tomado sin que la abogada estuviera presente porque entendió que esa medida tan "excepcional" no estaba debidamente justificada en el caso.

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