RIVERA

Mató a un ladrón y por la LUC no terminará preso

En la tarde de ayer la fiscal Alciaturi dejó en libertad a hombre que disparó contra un ladrón, amparándose en el artículo de legítima defensa de la Ley de Urgente Consideración.

Patrullero de Policía. Foto: Estefanía Leal
Patrullero de Policía. Foto: Estefanía Leal

Un auto rojo llegó aproximadamente a las 16:00 horas del lunes al hospital de Rivera. Dentro del vehículo iban tres personas. Uno de ellos estaba herido a causa de un disparo. El otro, fue el que lo vio tirado en la calle y decidió ayudarlo. Y el tercero era el hermano del herido. El ingreso del hombre herido al hospital, luego de que el conductor realizara la denuncia, fue el motivo por el que un equipo de investigaciones de la Policía de Rivera comenzó a trabajar para esclarecer qué era lo que había pasado.

El que manejaba el auto rojo dijo a la Policía que él circulaba por la calle Escobar cuando al llegar a Tupambaé, en el barrio Mandubí de la ciudad de Rivera, vio a un hombre herido en la calle y a otra persona a su lado. A raíz de eso decidió darles asistencia y llevarlos rápidamente para que fueran atendidos por médicos.

El hermano del herido, entrevistado por los efectivos que acudieron al hospital, dijo que estaban caminando por el barrio Mandubí y que en determinado momento escuchó un disparo. Según su relato, cuando miró al costado vio a su hermano, de 24 años, herido a la altura del pecho. Según constataron los médicos que lo atendieron, el joven llegó sin vida al hospital.

La Policía sabía que estaba ante un homicidio y entonces comenzaron a hacer diversos trabajos para determinar el recorrido de los hermanos. Una de las primeras actuaciones fue ir hasta la plaza Mandubí, ubicada cerca de donde habían encontrado herido al hombre de 24 años. Según narraron fuentes del caso a El País, el equipo de investigaciones pudo encontrar una “mancha de sangre” en el lugar donde había estado tirada la víctima.

Allí preguntaron a los vecinos si habían observado algo. Alguien dijo que había visto a la persona herida y que, por ser estudiante de enfermería, le dijo al hermano del herido que presionara la herida. Luego llegó el auto rojo y los trasladó hasta el hospital.

Otras personas del barrio dijeron no haber visto nada. La Policía, sin mayor información, comenzó entonces a seguir el rastro de sangre que había en la zona. Las manchas se extendían por aproximadamente una cuadra. También los investigadores empezaron a trabajar sobre las cámaras del Ministerio del Interior que hay próximas al lugar.

En paralelo, un equipo de Policía Científica se centró en la escena del asesinato. El caso cayó en manos de la fiscal de 3° Turno de Rivera, Stella Alciaturi, que dispuso que la Policía buscara al hermano del fallecido para obtener más información sobre lo ocurrido.

Un hombre canoso.

La Policía logró ubicar la casa donde vive una hermana del fallecido y fue hasta allí en busca de elementos para resolver el caso. Allí se encontró con el hermano de la víctima y único testigo del crimen.

Esta vez, el joven aportó más información de la que había dado durante la entrevista en el hospital y brindó, además, una declaración voluntaria. Según indicaron fuentes del caso a El País, este joven de 18 años admitió que él y su hermano fueron a una panadería, que funciona dentro de una casa, para intentar robarla. Agregó que ingresaron por el costado del local y rompieron una ventana. Una vez dentro, siempre según su relato, vieron a un “señor mayor de pelo canoso” con un arma apuntando hacia ellos. Él, dijo, logró esconderse. Pero en cuestión de segundos escuchó un disparo: una bala había impactado en su hermano.

Patrullero de la Policía durante un operativo. Foto: Estefanía Leal
Patrullero de la Policía durante un operativo. Foto: Estefanía Leal

El joven de 18 años contó entonces que cargó a su hermano en brazos y caminó hasta la esquina de Escobar y Tupambaé. Ahí fue que una vecina le dijo que presionara la herida. Ahí, también, fue donde el auto rojo se encontró con los hombres y los llevó hasta el hospital.

Luego de la confesión, la Policía volvió a la escena donde había ocurrido todo y pudo constatar que los rastros de sangre que habían seguido comenzaban en la panadería y terminaban en la intersección donde habían sido asistidos. Los policías también vieron que el local tenía una ventana de madera que estaba forzada, tal cual había manifestado el hermano del fallecido. La ventana, explicaron las fuentes, da hacia el cuarto de la casa donde funciona la panadería y estaba astillada. De ahí, presumen, salió el disparo.

La Policía detuvo al “señor canoso”, como lo describió quien dijo que fue a robar a su comercio. El propietario del lugar, de 58 años, quedó a disposición de la fiscal Alciaturi.

Un giro en el caso.

En la tarde de ayer la fiscal Alciaturi dejó en libertad al hombre que disparó contra el ladrón, amparándose en el artículo de legítima defensa de la Ley de Urgente Consideración (LUC).

El fallecido, indicaron fuentes policiales a El País, “era una persona conflictiva” que “tenía cansados a los vecinos”. Además de dejar en libertad al dueño de la casa, donde tenía su comercio, se dispusieron una serie de recorridas de la Policía en las inmediaciones de la casa porque el hombre, agregaron los informantes, “tiene miedo de sufrir represalias por parte de familiares” del joven fallecido.

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