CRIMEN EN MALDONADO

La mansión del sexo: swingers, sicarios, millones y una muerte

Fiscalía de Maldonado pidió la pena máxima de prisión para cinco personas, entre ellas Lulukhy.

Uno de los presunto sicarios del crimen de Edwar Vaz. Foto: Ricardo Figueredo
Al sicario Marcelo Barboza se le inició investigación del crimen pero aún no tiene pena. Foto: Ricardo Figueredo

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El relato del asesinato del profesor de inglés, Edwar Alexis Vaz, parece extraído de una novela de Raymond Chandler. Al igual que los oscuros personajes del escritor estadounidense, Vaz convivió, pese a estar separado, durante diez años con su excónyuge, Lulukhy Moraes, en una mansión valorada en más de un millón de dólares en Punta del Este.

La casona fue escenario de fiestas swingers. En ellas participaban parejas tanto locales como extranjeras, entre éstas, argentinas y brasileñas. El ingreso a las fiestas tenía un costo para los participantes, como también los consumos que allí se realizaban. Por eso el caso se denominó La Mansión del Sexo”.

Las desavenencias entre Vaz y Lulukhy por los bienes gananciales terminaron en la muerte del docente a manos de sicarios. El viernes pasado la fiscal de Maldonado, Silva Naupp, solicitó la pena máxima (30 años) para Lulukhy y otras tres personas de su entorno por un delito de coautoría de un homicidio muy especialmente agravado por la premeditación y por precio o promesa remuneratoria.

Para el sicario Carlos Alberti, que acompañó al matador de Vaz hasta su apartamento, la Fiscalía pidió una pena máxima por el crimen. Mientras que el albañil Gustavo Silveira enfrentará, en caso de que la Justicia haga lugar, una sanción de diez años como cómplice de un homicidio especialmente agravado por la premeditación y por precio.

Al sicario Marcelo Barboza, que efectuó los disparos mortales, se le inició una investigación. Pero la Fiscalía aún no solicitó su pena a la Justicia.

Litigios.

Para complicar aún más la trama, en la mansión convivía con Vaz el novio de Lulukhy, Mauro Machado, y Leticia Giachino, una amiga de la mujer, que “compró” todos los bienes inmuebles y vehículos que el matrimonio había logrado reunir cuando estaban juntos en 2016.

Dentro del patrimonio Vaz-Moraes se encuentran la sociedad anónima Hentin S.A. (Seven Rent a Car), diferentes vehículos (Toyota Hilux año 2008, Chevrolet Captiva Sport, Mercedes Benz modelo SL 350, e incluso un inmueble ubicado en la Torre Yoo, señala la fiscal penal de Maldonado, Silvia Naupp.

El chalet “Gipsy Queen”, ubicado en el coqueto barrio de Beverly Hills de Punta del Este, fue adquirido siendo un terreno baldío a nombre de la amiga de Giachino.

También existieron cuentas bancarias donde Vaz, Lulukhy y Giachino eran cotitulares. En una de ellas, en su momento, estuvo depositado el dinero de la venta del chalet “Gipsy Queen”, una suma de US$ 1.200.000.

Ese entramado de dinero y propiedades deterioró la relación de Vaz con Lulukhy y Giachino. El docente decidió irse de la mansión tras una fuerte discusión con Machado, novio de su anterior pareja.

Para complicar aún más la trama, existían varias denuncias cruzadas entre Lulukhy y Vaz, pese a que convivían en la misma casa, dice la fiscal en su dictamen.

El albañil, Gustavo Silveira, que realizaba tareas de mantenimiento en la mansión y que luego participó indirectamente en el crimen, declaró en la Fiscalía que escuchaba las discusiones entre Vaz y Lulukhy y agregó que sabía sobre la existencia de juicios cruzados.

El chalet de Punta del Este, que pasó a ser conocido a nivel público como la mansión del sexo. Foto: Ricardo Figueredo
El chalet de Punta del Este, que pasó a ser conocido a nivel público como la mansión del sexo. Foto: Ricardo Figueredo

Testificó que, en reiteradas oportunidades, había escuchado a Lulukhy decir que Vaz debía ir preso y estaba al tanto de que éste pretendía la suma de un millón y medio de dólares.

En la investigación se estableció que el mal vínculo entre Vaz y los involucrados (Lulukhy, Machado y Giachino) era conocido por los familiares del docente e, incluso, por el hijo en común del matrimonio disuelto. Juan (nombre falso) residía hacía un tiempo con su padre y no en la mansión.

Juan declaró a la Fiscalía que su madre en varias ocasiones le dijo: “Te vas a quedar sin tu papito”. Al igual que lo expresado por el albañil y otra empleada de “Gipsy Queen”, el adolescente dijo que Lulukhy le trasmitió que quería ver preso a Vaz.

Sicariato.

El desencadenante del homicidio podría haber sido un juicio que estaba próximo a presentar Vaz contra Lulukhy y Giachino de nulidad, simulación y daños y perjuicios respecto de los bienes como la mansión, el apartamento, la sociedad Hentin (Seven Rent a Car) y dinero depositado en cuentas bancarias.

Es obvio que ese juicio era perjudicial para Lulukhy, su novio y Giachino. Y a partir de ahí se pergeño el crimen. Comenzó a planificarse a través de contactos personales. Machado buscó entre sus amigos a las personas que lo podían ayudar a ejecutar el plan. Descubrió que Matías Guarteche, un amigo de varios años y socios de negocios en ventas de muebles, podía ayudar.

Por su parte Giachino adquirió los chips telefónicos utilizados por Silveira y Guarteche el día del asesinato. A su vez el grupo “contrató” a dos sicarios de Montevideo, Carlos Alberti y Marcelo Barboza, para ejecutar el homicidio de Vaz. Silveira habría oficiado de chofer.

Vaz y su pareja, Malvina S. vivían en un edificio ubicado en la calle Lavalleja y Solís.

Silveira detuvo su Volkswagen Gol a la altura de la parada 41 de la Playa Mansa. A los pocos minutos llegó Guarteche manejando un auto marca Geely, que le habían prestado. Del auto descendieron los sicarios Alberti y Barboza. Ambos se subieron al Volkswagen Gol de Silveira y se dirigieron hacia el apartamento donde vivía Vaz con su pareja.

Al llegar al lugar, Alberti y Barboza se bajaron del Gol. Alberti tocó el timbre del apartamento. Atendió Malvina. El sicario se presentó como el novio de una amiga de la hija de Vaz. El docente salió de su casa para atenderlo. En forma simultánea, Malvina decidió escuchar la conversación de su pareja y el desconocido a través del portero eléctrico. Oyó un mínimo intercambio de palabras y luego los disparos.

Vaz recibió un tiró en el cráneo. Otro disparo impactó contra el frente del edificio.

El matador percibió $ 7.000

Luego de ultimar al docente Edwar Alexis Vaz, los sicarios Marcelo Barboza y Carlos Alberti corrieron unos metros en dirección a la calle Sarandí de la ciudad de Maldonado y se subieron al Volkswagen Gol del albañil Gustavo Silveira,

Este trasladó a los dos sicarios hasta la parada 41 de Punta del Este. Allí los espera Mathías Guarteche, amigo de la pareja de Lulukhy Moraes.

Guarteche trasladó a los dos sicarios hasta Montevideo en un auto Geely. En tanto que Silveira se retiró por Ruta Interbalnearia tomando Camino del Marítimo rumbo a Camino Lussich. Allí se descartó del celular utilizado por los autores materiales del crimen para concretar el encuentro.

Cuando Guarteche llegó a su casa ubicada en Montevideo, le entregó a Barboza la suma de $ 7.000 por disparar a Vaz y a Alberti le dio $ 3.000 por acompañar al sicario hasta el apartamento del docente.

El abogado de la familia Vaz, Martín Etcheverry, dijo a El País que está conforme con el pedido fiscal, ya que éste solicitó penas rigurosas para los autores intelectuales y materiales del asesinato.

Y agregó: “Presentaremos pruebas y colaboraremos lo máximo posible para que se llegue a una resolución de máxima condena para los culpables”.

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