El juez Marcelo Souto dio la razón a Fiscalía y condenó con nueve años de prisión a un joven de 30 años que mató a otro y golpeó a su novia como consecuencia de una "pelea" entre sus mascotas. La defensa del agresor adelantó a El País que apelará la sentencia, porque entiende que existió un "ataque en grupo" contra su cliente y que debería ser absuelto.
La condena llegó luego de un proceso judicial que duró un año y medio y que comenzó teniendo como fiscal al actual ministro del Interior, Carlos Negro, quien entonces era el titular de la Fiscalía de Homicidios de 1er Turno. Con su salida, quien pasó a ocupar ese lugar fue Sabrina Flores. Las adscriptas Natalia Pereira y Victoria Ghiorsi continuaron en su puesto.
Luego de varias semanas de un juicio que comenzó el 14 de agosto, Souto falló a favor del pedido de la Fiscalía. Por el juzgado pasaron varios testigos para aportar su versión de la historia, así como peritos y otras personas involucradas en la investigación. Finalmente, a solicitud de la defensa, se realizó una reconstrucción de los hechos en el lugar donde sucedió el homicidio.
La pena a la que deberá enfrentarse el hombre será de nueve años de prisión por homicidio en reiteración real con un delito de lesiones personales intencionales. El abogado Iván Almeida indicó a El País que apelará la sentencia, para lo que tiene como plazo límite el 16 de octubre.
Pelea que desencadenó el asesinato
En la tarde del 2 de abril del año pasado, el ahora condenado y su pareja paseaban a sus gatos por el Parque Capurro. A unos cuantos metros de distancia hacían lo mismo una madre y su hija —suegra y pareja de quien luego moriría apuñalado—, pero con sus perros. Según declaró la menor de ellas, al llegar a un área habilitada para soltar mascotas decidieron liberar a su perro más pequeño, un bulldog francés.
En ese momento el animal se dirigió hacia donde estaba la pareja que paseaba con sus gatos. Según la versión de las dos mujeres fue con intención de jugar, mientras que el imputado y su esposa aseguraron que el bulldog mordió a uno de sus gatos. A raíz de esto el hombre pateó al perro, lo que le mereció reproches e insultos de las otras mujeres.
En su declaración ante el juez, el ahora condenado había dicho que se soltaron dos perros y que el más grande de ellos fue quien mordió a su gato, lo que fue mencionado en la sentencia en su contra. "El imputado introduce con su relato situaciones fácticas nuevas, que no fueron percibidas por las testigos incluso ni por su pareja y testigo, propiciando y sosteniendo un relato que considera que mejor lo ubica en los acontecimientos que se generaron, pero en realidad no es así", aseguró el juez Souto.
Las versiones de las partes se distanciaron cada vez más con el avance del relato, pero la Justicia entendió que la más válida, según las pruebas presentadas durante el juicio, era la de Fiscalía. El hombre empujó, tiró y golpeó a la joven dueña de los perros.
Ella llamó a su novio, que hasta este momento no se encontraba en el parque sino en un lugar cercano, para contarle lo que había sucedido. Al llegar este último, habría comenzado una discusión con el agresor. Según relató el guardaparque ante el juez, el que terminó asesinado llegó "desacatado", y al enfrentarse al otro hombre "se trensaron entre los dos". O sea, se tomaron a golpes de puño.
Fue allí que el acusado tomó una navaja —que argumentó llevar "por la inseguridad"— y le asestó dos puñaladas en el abdomen al otro. Si bien la víctima fue llevada a un hospital en el auto de un particular que vio la escena, falleció por la pérdida de sangre.
El agresor huyó seguido de vecinos, quienes luego indicaron a la Policía cuál era su casa. Al ingresar, se encontraron con el hombre realizándose cortes en los brazos. Durante la audiencia de formalización se lo vio con vendas por este motivo.
Condenado dijo haber "temido" por su vida
En su declaración durante el juicio, a la que accedió El País, el acusado afirmó que fue golpeado por la dueña de los perros —pareja de quien luego moriría apuñalado— y que él intentó "sacarla de arriba". Su abogado argumentó que, en todo caso, se trató de una riña, aunque solicitó la absolución asegurando que existió "legítima defensa completa".
La pareja del fallecido declaró haber sido golpeada por el agresor cuando esta lo fue a increpar por haber pateado a su perro. También dijo haber pedido a los presentes que no dejaran ir al hombre para así llamar a la Policía. Mientras se realizaba el interrogatorio, Fiscalía objetó varias de las preguntas del abogado del hombre, entendiendo que se estaba induciendo a una respuesta o que se hacían interrogantes reiterativas.
Por su parte, el acusado manifestó ante el juez haber temido por su vida al momento de llegar el novio de la joven. Al comienzo del conflicto, luego de patear al perro, aseguró haber sido víctima de golpes por parte de una de las mujeres, quien le habría dicho "mugriento, ese perro vale más que tu vida". También dijo haber sido hostigado por otros presentes, lo que para el juez Souto no quedó demostrado.
"La versión alternativa de los hechos que pretende introducir la defensa se basa o respalda casi exclusivamente en la versión del imputado y de su pareja, extremos naturalmente insuficientes y no recomendable desde una perspectiva probatoria", sentenció el magistrado.
No hubo riña ni legítima defensa
Los argumentos en los que se basó la defensa del agresor, que apuntaban a que se habría tratado de un caso de legítima defensa y en todo caso de una riña, no prosperaron. El juez entendió que se trató de un "ciclo progresivo de violencia" que comenzó con la patada del ahora condenado al perro, luego con la agresión a la mujer y que finalmente terminó con el asesinato.
"Los muchachos le pegaban a mi marido así en el brazo, en la espalda, estaban viendo a ver si él reaccionaba, y como mi marido no reaccionaba volvían a hacer lo mismo", declaró la pareja del agresor. Sobre esto, el juez Souto señaló que si bien el hombre y su pareja intentaron hacer ver que estaban rodeados y siendo agredidos, esto no fue así.
"Si pretendemos crear una imagen mental de ese relato, tenemos que pensar en una pareja en una plaza pública, siendo rodeados, agredidos física y verbalmente por muchas personas, en forma permantente y otras que no participaban y solo miraban como los atacaban, situación que como se dirá no se compadece con la prueba diligenciada", relató en su sentencia.
Además, hizo referencia a que en algunos videos presentados por Fiscalía se escucha a la pareja de la víctima insultar al hombre, pero no a otras personas agrediendo. "¿Dónde estaba la 'horda enfurecida'?", se preguntó Souto.
En la sentencia comparó la versión de la parte agresora con la del resto de los testigos, llegando a la conclusión de que se trataba de historias incompatibles.
"No existe ninguna prueba, ningún indicio que haga siquiera pensar que existe una conspiración en contra del imputado, que todos los testigos que no se conocían mienten, que se han puesto de acuerdo todos para mentir y perjudicar al imputado por alguna razón que se desconoce", concluyó sobre la supuesta riña argumentada por la defensa.
Con respecto al planteamiento de legítima defensa, tampoco fue tenido en cuenta. "La defensa no logró probar la existencia de la causa de justificación, sino que, por el contrario, surge plenamente probado las circunstancias que excluyen la causa de justificación alegada", afirmó el juez sobre este punto.
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