Absolvieron a taxista que trasladó a un asesino y lo esperó; Fiscalía había pedido 10 años de cárcel

La jueza dio por probado que e l pasajero cometió el homicidio, pero concluyó que no se demostró que el conductor conociera el plan ni hubiera acordado colaborar.

Juicio a Moises Martinez
Absuelto. La jueza entendió que quedó probado el vínculo entre el homicida y el taxista, pero no que este último conociera el plan.
Foto: Darwin Borrelli/Archivo El Pais

Fiscalía había pedido 10 años de cárcel para un taxista acusado de trasladar al autor de un homicidio, esperarlo mientras se producía el ataque y retirarlo del lugar. Luego de varias audiencias de juicio, la jueza Penal de 44to Turno, Sol Bellomo, resolvió absolverlo.

La magistrada entendió que no se logró probar que el conductor conociera las intenciones del pasajero ni que hubiera existido un acuerdo previo entre ambos. Esa duda impidió condenarlo como coautor de un homicidio agravado por el uso de arma de fuego.

El fallo sí consideró probado que el hombre que viajaba en el taxi fue quien minutos después mató de siete disparos a la víctima. También concluyó que el conductor lo conocía, que lo llevó hasta las inmediaciones, lo esperó durante ocho minutos y volvió a recogerlo después del crimen.

La sentencia, dictada el pasado miércoles, dispuso la absolución del acusado y el cese de la medida cautelar de prisión preventiva que pesaba en su contra.

El asesinato ocurrió próximo a las 7:00 del 27 de diciembre de 2024 en un pasaje de Casabó. La víctima recibió siete disparos efectuados con una pistola nueve milímetros. El arma no fue encontrada y el autor material continúa sin ser identificado.

Un compañero le había entregado el taxi al acusado sobre las 2:00. El vehículo permaneció en su domicilio hasta las 6:46, cuando, según Fiscalía, salió después de que el conductor recibiera una llamada.

Cuatro minutos más tarde realizó una breve detención en la calle Etiopía, en el barrio Casabó. Como no hubo otra parada, la acusación entendió que allí subió el futuro homicida. A las 6:53 el taxi se detuvo en la calle Ucrania y el pasajero, que vestía ropa oscura y llevaba gorro, descendió y caminó hacia un pasaje.

Una cámara cercana registró el sonido de siete disparos en poco más de 20 segundos. El hombre regresó al taxi y el conductor adelantó levemente el vehículo para que subiera.

La defensa del taxista cuestionó que el pasajero fuera el homicida. Según sus cálculos, habría tenido que recorrer más de 100 metros en siete segundos para llegar desde la escena hasta el taxi, “una velocidad superior a la de un récord olímpico”. También puso en duda la precisión del único testigo presencial, que declaró con identidad reservada.

La jueza reconoció falencias en el relato de este último, aunque entendió que la descripción que brindó de “un hombre armado, vestido de oscuro y con gorro”, la dirección en la que lo vio retirarse y las cámaras permitían concluir que se trataba del pasajero.

Luego del crimen, el taxista y el otro hombre continuaron unos 50 minutos hacia Canelones. Pararon en una oportunidad para que el pasajero fuera a un quiosco. En otra parada descendió el taxista, se acercó a la puerta trasera, dialogó con él y, después de ir a otro quiosco, “pareció entregarle algo”. Esas interacciones llevaron a la jueza a concluir que ambos se conocían.

Boca

Para sostener que no había sido un viaje común, Fiscalía presentó las declaraciones de antiguos compañeros y empleadores. Un extaxista afirmó que frecuentemente encontraba al acusado en una boca de drogas de la calle Viacaba, vinculada a personas conocidas como “los Mellis” y a un hombre apodado “el Sicario”, quien según le habría contado el acusado, “mata como loco”.

El testigo sostuvo que el acusado realizaba viajes para ese grupo, transportaba distintas cosas, sabía que sus integrantes estaban armados y le pedían hacer recorridos con el fichero apagado. Sin embargo, reconoció que nunca vio armado a su colega.

Antiguos empleadores lo describieron como un trabajador irregular, con “recaudaciones muy inferiores a las habituales” y que “permanecía durante horas en el Cerro y Casabó”. Una administradora dijo que lo despidió después de encontrar droga en el vehículo.

Fiscalía llegó a sostener que buscaba trabajo en taxis para disponer de vehículos con los que facilitar las actividades de la boca y que manipuló el fichero para ocultar el recorrido. No obstante, el taxi no tenía sensor automático. En su caso, los viajes debían registrarse manualmente, aunque el GPS permitió reconstruir sus movimientos.

Absolución

La jueza entendió que esos elementos permitían presumir que el acusado mantenía contactos para realizar determinados traslados, pero no demostraban que conociera que su pasajero tenía el plan de cometer un homicidio.

Entendió que las pruebas sobre esos vínculos eran insuficientes. Por un lado, solo el extaxista declaró que el acusado frecuentaba la boca donde estaban “los Mellis” y “el Sicario”.

Además, una supuesta relación entre la persona asesinada y “los Mellis” surgió de un policía que dijo que la madre del fallecido le había contado que su hijo estaba siendo amenazado por ese grupo. Como la mujer no declaró en el juicio, la magistrada señaló que se trataba de “un testigo de oídas de otra testigo de oídas”.

La jueza Bellomo determinó que no apareció ningún mensaje ni acto que probara una coordinación previa. Señaló que en las imágenes no se ve al pasajero con un arma y que tampoco podía presumirse que el taxista hubiera escuchado los disparos, ya que podía tener las ventanillas altas o si escuchaba música con volumen fuerte.

La sentencia también descartó que el taxi se hubiera dado a la fuga a alta velocidad, como había sostenido Fiscalía, y señaló que no se observaban indicios de una huida. Dos testigos vinculados al sector taximetrista declararon durante el juicio que un pasajero puede pedirle a un taxista que lo espere para después continuar el viaje, aunque no suele ser lo más habitual.

Para la jueza, que el conductor conociera al pasajero no permitía concluir que supiera sus intenciones.

Esa duda llevó a que finalmente el taxista fuera absuelto, pese a que el fallo dio por probado que trasladó al autor del crimen, lo esperó mientras se produjo el ataque y continuó el viaje con él.

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