Exodo desde Ciudad de la Costa baja los precios de las viviendas

| Casi todas las inmobiliarias de la zona reciben entre dos y tres casas para vender todos los días. La cara inversa del mayor fenómeno migratorio oriental

EDUARDO BARRENECHE

Paraíso alejado del estrés en los 80, infierno con vista al mar en el 2000, la Ciudad de la Costa fue creciendo por la vía de los hechos como parte de las nuevas tendencias urbanas. Trajo consigo un boom inmobiliario, un comercio pujante, pero también trajo sus inconvenientes.

La inseguridad, los problemas viales, la falta de servicios públicos, producto de un crecimiento sin programación, están revirtiendo de a poco aquella intensa corriente migratoria, casi a la misma velocidad en que se fue construyendo.

Cada día, los operadores inmobiliarios de la Ciudad de la Costa reciben un promedio entre dos y tres casas para la venta.

"Ese fenómeno es algo común. Hay mucha gente que quiere vender en la zona. Las pocas ventas que se concretaron no reflejan los valores del mercado", dijo a El País Carlos Adano (62), propietario de la inmobiliaria homónima. Otros operadores de la costa coincidieron con la afirmación de Adano.

Las ventajas de un retorno a Montevideo son varias para quien trabaja en la capital: menor gasto en transporte y alimentación, más horas de descanso y mejor calidad de sus dietas al comer en sus hogares.

Según inmobiliarias de la zona, este fenómeno provoca que se puedan adquirir inmuebles a precios de "gangas", es decir, a un 50% del precio que se pagaría por la misma finca hace dos años.

Los ejemplos abundan: en Montes de Solymar se ofrece a la venta una casa nueva en una esquina de tres dormitorios, barbacoa, garaje, apartamento al fondo, pisos de primera, cerco perimetral y puertas y ventanas con rejas. Su precio es de 23 mil dólares.

En Shangrilá, se vende una vivienda ubicada a dos cuadras de la playa. Es un chalet moderno de dos dormitorios en dos plantas, living, cocina y comedor espaciosos.

La propiedad está ubicada a unas cuatro cuadras de la playa. El dueño pide 10 mil dólares y los 10 mil restante los financia sin problemas.

Otra casa en la zona, de 950 metros cuadrados de terreno y 180 metros edificados, se vendió a 27 mil dólares. Las características de la casa son: tres dormitorios, dos baños, garaje y barbacoa. Hace dos años, dijo Adano, esa casa valía entre 65 mil y 70 mil dólares.

Sin embargo, el operador inmobiliaria destacó que, en este momento, los propietarios ya no están aceptando cualquier oferta a la baja, puesto que "vislumbran que el horizonte" ya no está tan lejano.

"Pero todavía no hay señales de reactivación en la parte de ventas. Aunque sí en los alquileres, ya que no hay casi casas de tres dormitorios para arrendar", expresó.

BALANCE. Residentes de la Ciudad de la Costa, que trabajan en Montevideo, han alquilado sus casas y arrendado en la capital.

"Es que hay una conciencia colectiva de la gente de que está viviendo en un lugar deprimente", dijo a El País el vendedor inmobiliario, Richard Longo.

El "handicap" que otorga la costa en este momento crítico desde el punto de vista económico, según empresarios y vecinos consultados, son varios: inseguridad, calles en mal estado, falta de alumbrado público, impuestos "elevados", transporte "caro" y "con horarios irregulares".

Sin embargo, destacaron que sí funciona la recolección de residuos realizada por la Intendencia de Canelones y reconocieron que hay un incremento del patrullaje policial en la zona. Además, consideraron que la playa fue "cuidada" por la comuna canaria.

Una parte de este grupo de propietarios son los únicos que concretaron sus aspiraciones. La explicación de ello es que hay pocas casas para alquilar en la costa y sus casas fueron muy bien recibidas por el mercado, según coincidieron las distintas inmobiliarias consultadas.

En la costa, hay otro nicho de propietarios que sólo les interesa permutar su finca por otra ubicada en barrios residenciales de Montevideo: Carrasco, Buceo y Malvín. Buscan zonas que se asemejen a los balnearios costeros para mantener su estilo de vida.

Este fenómeno tiene su contraparte: muchas personas de escasos recursos procuran alquilar, por ejemplo, una casa de dos dormitorios por unos dos mil pesos.

En su gran mayoría, son individuos que tienen sus actividades en la costa y no poseen ningún vínculo con Montevideo. Se trata de matrimonios con hijos pequeños, quienes entienden que es mejor criar un niño en una casa de un balneario que en un apartamento montevideano.

Ambos grupos, los que procuran permutas en zonas residenciales montevideanas y arrendamientos baratos en la costa, no logran concretar sus aspiraciones.

"No hay nada para esos dos sectores de la población. El alquiler de una casa de dos dormitorios en los balnearios supera los tres mil pesos. Y no hay venta ni permutas de fincas", explicó la funcionaria de la Inmobiliaria Parquesol, Diana Rodríguez (59).

APUESTA. Pero no sólo viviendas se ofrecen a la venta en la Ciudad de la Costa.

En una recorrida por la Avenida Giannattasio desde Shangrilá hasta El Pinar, se ven decenas de locales comerciales que se venden o se arriendan.

En Lagomar hay una gran concentración de comercios. Uno al lado de otro durante unas tres cuadras largas. Supermercados, cybercafés, kioskos, locales de cobranzas, ferreterías, carpinterías, bancos y pañaleras sobreviven a la crisis en un espacio comercial que, en algunos tramos, hace recordar a las calles principales del Chuy, Livramento o Quaraí.

Muchas de las firmas allí ubicadas son sucursales de conocidas empresas de Montevideo que apostaron por la Ciudad de la Costa.

"Aunque las ventas han bajado, las ganancias aún son suficientes para mantener la casa en la zona", dijo a El País el subgerente de la Optica Alcazar, Gabriel Elizalde (30).

Al costado de la Avenida Giannattasio y frente a los locales comerciales, se levantan carpas de lonas de vendedores ambulantes que ofrecen flores, esteras y muebles en mimbre.

Se trata de personas mayores que se quedaron sin trabajo y que buscan un medio de lograr alguna retribución.

Más adelante, ya casi en El Pinar, se observan al costado de la avenida carteles descascarados por el sol, el viento y la lluvia de un barrio parque, que promocionan las bondades de vivir en un espacio abierto, soleado y con seguridad. Los carteles son, ahora, metáforas de la decadencia de una zona.

TRISTEZA. Elisa Pérez (50) es propietaria de la zapatería "La Chispa" y vive en la costa desde hace 19 años.

Pérez sostuvo que la Ciudad de la Costa "se ha venido abajo en todo sentido. Esto hirvió y se apagó demasiado pronto. Las calles están muy mal y el alumbrado es casi nulo. Nadie puede observar el paisaje si percibe que en todo momento está tragando polvo".

Según la empresaria, su familia es un modelo típico de otras que residen en la zona. Sus padres, una hermana y sus dos hijos debieron emigrar como consecuencia de la crisis económica.

"Antes yo era una persona muy alegre. Ahora ya no tengo ni ganas de reír. A muchos le pasa lo mismo. Acá vive una población triste", expresó.

Longo, el operador inmobiliario, llegó a una conclusión similar a la de Pérez.

En una reunión de comerciantes, dijo la propietaria de la heladería "La Farola", Rosario Bernasconi, se estimó que unas tres mil personas se fueron de El Pinar en estos últimos dos años. Bernasconi dijo que el transporte es uno de los elementos claves para quien vive en la Ciudad de la Costa.

"El boleto es caro para quien trabaja en Montevideo. Y cuando esta persona saca cuentas, descubre que le resulta más barato alquilar en la capital que viajar todos los días", explicó.

Noemí de Da Silva, una ama de casa de 69 años que vive en Solymar Sur, coincidió con la empresaria y subrayó que el boleto de ómnibus interdepartamental "es caro". En mi balneario, agregó, "las frecuencias son escasas. hay que esperar un ómnibus durante una hora para ir a Montevideo. Es que las empresas no respetan los horarios".

Datos

En la Ciudad de la Costa viven actualmente unos 100 mil habitantes. Se trata de la única zona del Uruguay que sufrió una explosión demográfica en los años 80 y 90, configurando el mayor crecimiento de población en una misma zona de toda América.

El "boom" de la costa canaria comenzó a mediados de la década del 80 cuando miles de montevideanos la eligieron como zona de residencia. El argumento principal era escapar al estrés de las grandes ciudades y aprovechar las potencialidades naturales y de servicios inmobiliarios más baratos y de mejor infraestructura que ofrecía la zona.

La Ciudad de la Costa comprende los balnearios ubicados entre el arroyo Carrasco y el arroyo Pando, antes del primer peaje de la ruta Interbalnearia. La máxima distancia a recorrer son los 34 kilómetros que separan a El Pinar del Centro de Montevideo. La cercanía con la capital fue otro de los argumentos para que se diera la corriente migratoria interna.

Aunque en cada balneario se destaca su centro comercial, en Lagomar se concentran la mayoría de los comercios de la zona y también los servicios públicos.

Inundados

Otro mal endémico que tiene la Ciudad de la Costa es la falta de drenaje natural, ya que la cota (inclinación del terreno) es muy escasa, lo que convierte a la zona en altamente inundable.

El director de Obras de la Intendencia de Canelones, Eduardo Pereyra, admitió que los terrenos se inundan ante la menor lluvia y ello provoca destrozos en los pavimentos de las calles. Uno de los objetivos de la comuna es que los drenajes se construyan junto con la rambla costanera y la colocación de unos 40 kilómetros de cordón cuneta en los balnearios de Shangrilá y City Park, así como la reparación de todas las bajadas a la playa. Salvo la rambla, esta obra se detuvo por falta de recursos.

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