Uruguay se encuentra entre los países con mayor cantidad de perros por habitante del mundo. Según los datos del censo de 2023 citados por la Academia Nacional de Medicina (ANM), el país contabilizó 1.448.224 perros con dueño, lo que equivale a un perro cada 2,41 personas. Si se incluyen los animales sin dueño, la relación pasa a ser de aproximadamente un perro cada dos habitantes.
La cifra sorprendió a los integrantes de la institución, que compararon la situación uruguaya con la de otros países. José Pedro Perrier, miembro académico titular y tesorero de la Academia Nacional de Medicina, y exprofesor grado 5 de Clínica Quirúrgica de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República (Udelar), señaló que Uruguay tiene aproximadamente el doble de perros por habitante que Argentina.
“Nos llamó la atención que tenemos muchísimos más perros que todo el resto del mundo que podemos controlar”, afirmó Perrier, quien explicó que la relación entre la cantidad de animales y la población fue uno de los primeros elementos que motivaron la investigación de la Academia.
Ante esta situación, la institución advirtió sobre los riesgos que implica la elevada población canina para la salud pública y destacó la importancia de abordar el tema desde el concepto de "Una Salud", que contempla la relación entre la salud humana, la animal y el entorno.
El planteo surgió a partir de un conversatorio sobre los perros potencialmente peligrosos y de la revisión de información sobre mordeduras, fallecimientos y enfermedades que pueden transmitirse a las personas.
Mordeduras y accidentes, una preocupación sanitaria
Uno de los principales problemas señalados en el documento son las mordeduras de perros, que pueden provocar lesiones de distinta gravedad, secuelas permanentes e incluso la muerte. Los niños aparecen entre los grupos especialmente afectados, debido a que, por su altura, las mordeduras pueden alcanzarles la cabeza y el cuello.
De acuerdo con dos estudios nacionales citados por la Academia, entre 2010 y 2020 se registraron 82 mordeduras cada 100.000 habitantes por año. En otro relevamiento, correspondiente al período comprendido entre 2018 y 2023, la cifra fue de 67 por cada 100.000 habitantes.
Durante la entrevista, Perrier mencionó un registro de 62 mordeduras cada 100.000 habitantes para el segundo período. En cualquier caso, sostuvo que los datos ubican a Uruguay entre los países con mayor incidencia de este tipo de lesiones entre los relevados por la institución.
El médico advirtió, además, que las estadísticas oficiales no reflejan necesariamente la totalidad de los episodios. El registro se construye a partir de las personas que llegan a centros de salud y de las denuncias correspondientes, por lo que quedan fuera aquellos casos que no requieren atención médica o no son comunicados a las autoridades.
“Las mordeduras de perros en Uruguay son obligatorias a denunciar”, recordó Perrier, aunque señaló que muchas no llegan a registrarse. Según explicó, los episodios que ingresan al sistema sanitario suelen ser aquellos que provocan lesiones de mayor entidad.
La preocupación no se limita a las mordeduras. También se registran caídas provocadas por animales, especialmente entre personas mayores, accidentes de tránsito que involucran autos, bicicletas o motos, conflictos entre perros y ataques a otros animales.
Perrier señaló que las consecuencias de una mordedura pueden extenderse más allá de la lesión inicial. “Las secuelas son a veces muy importantes”, afirmó, y mencionó la pérdida de tejido, las lesiones nerviosas y las secuelas estéticas, además de las posibles consecuencias psicológicas que puede experimentar una persona después de ser atacada.
En el caso de los niños, el riesgo es particularmente relevante por la posibilidad de lesiones en zonas vitales. En los adultos, en cambio, las mordeduras suelen afectar con mayor frecuencia los brazos y las piernas.
Enfermedades que pueden transmitirse a las personas
El documento advierte, además, que los perros pueden estar vinculados a la transmisión de enfermedades como la hidatidosis, la toxoplasmosis, la leptospirosis, la leishmaniasis, la sarna y la toxocariasis, así como al riesgo de rabia.
“Todos tenemos perros, todos tuvimos perros. En mi casa siempre hubo perro”, expresó Perrier, quien aclaró que la preocupación sanitaria no implica desconocer el vínculo afectivo entre las personas y sus animales de compañía.
El académico sostuvo que los riesgos van más allá de las lesiones provocadas por una mordedura. Entre los problemas que mencionó figuran enfermedades que pueden transmitirse por contacto con los animales o por prácticas de higiene inadecuadas.
En relación con la rabia, explicó que, ante una mordedura, es importante poder identificar al animal y mantenerlo bajo observación durante diez días, de acuerdo con el procedimiento sanitario al que hizo referencia. Si no es posible localizarlo y controlarlo, corresponde evaluar la profilaxis antirrábica con los servicios de salud.
Por este motivo, la Academia considera necesario fortalecer las medidas de prevención y promover una tenencia responsable que contemple tanto el bienestar de los animales como la protección de la población.
El debate sobre las razas potencialmente peligrosas
Otro de los puntos abordados es la responsabilidad de los propietarios y la discusión sobre la regulación de determinadas razas caninas. El documento recoge datos de una revisión de casos publicados en la prensa uruguaya, según la cual, de 12 muertes por mordeduras de perros con raza conocida relevadas desde 2012, nueve correspondían a perros de raza pitbull.
Perrier explicó que la discusión llegó a la Academia a partir de un comunicado elaborado por académicos de veterinaria y medicina que analizaron fallecimientos ocurridos por ataques de perros. En ese relevamiento inicial, correspondiente al período entre 2012 y 2015, ocho de los 12 fallecimientos —el 66%— habían sido provocados por pitbulls.
El académico también mencionó datos de Brasil, donde, según la revisión que realizó la institución, los pitbulls aparecían vinculados a una proporción importante de las muertes por ataques de perros registradas en los últimos años.
A partir de estos antecedentes, la Academia plantea considerar restricciones para determinadas razas y evitar la reproducción de ejemplares existentes en el país que, según su valoración, han demostrado capacidad de provocar ataques graves o mortales.
Perrier señaló que la institución revisó la legislación de 21 países y encontró que todos ellos establecían prohibiciones para los pitbulls. Según indicó, en 16 de esos países también estaban prohibidas otras razas, entre ellas el dogo argentino, el fila brasileño y el tosa japonés.
Sin embargo, el académico reconoció que existe una discusión entre los especialistas sobre el peso de la raza en el comportamiento de los animales. Un documento firmado en 2018 por la Facultad de Veterinaria de la Udelar, la Sociedad de Medicina Veterinaria del Uruguay y la Academia Nacional de Veterinaria sostiene que la raza no es un factor determinante de la agresividad canina y que intervienen otros elementos.
Perrier coincidió en que la educación, el cuidado y las condiciones en las que se cría a un perro son factores relevantes. Entre otros aspectos, mencionó la importancia de no separar a los cachorros de su madre antes de las ocho semanas, educarlos durante el primer año y evitar el uso de la violencia.
También advirtió que un perro puede atacar si se siente amenazado, está dolorido o interpreta una situación como una agresión.
No obstante, sostuvo que, desde la perspectiva de la protección de la salud humana, discutir restricciones para algunas razas podría contribuir a reducir la mortalidad, aunque no necesariamente eliminaría las mordeduras.
“Al prohibir una raza no vamos a evitar seguramente que hayan mordeduras”, afirmó. Sin embargo, consideró que limitar la reproducción de determinados animales podría reducir la posibilidad de ataques con consecuencias fatales.
La propuesta de la Academia contempla que quienes ya tengan animales de esas razas puedan conservarlos, pero que se establezcan medidas para evitar su reproducción y el ingreso de nuevos ejemplares al país.
Falta de fiscalización y normas de tenencia responsable
Para Perrier, uno de los principales problemas es la distancia entre las normas vigentes y su aplicación efectiva. Uruguay cuenta con una ley de tenencia responsable de animales, pero el académico cuestionó la falta de controles sobre su cumplimiento.
“Hay una ley en Uruguay de tenencia responsable de perros, pero yo, en realidad, lo que dice la ley y lo que veo en la calle no condicionan”, señaló.
Como ejemplo, mencionó que los perros de gran porte deberían utilizar bozal en determinadas circunstancias y que los propietarios deben recoger los excrementos de sus animales, obligaciones que, según afirmó, no siempre se cumplen.
Perrier consideró que la tenencia responsable también implica una conducta de respeto hacia otras personas y hacia el espacio público. En ese sentido, relató una experiencia en Barcelona, España, donde un colega llevaba una bolsa para recoger los excrementos de su perro y una botella de agua para limpiar la orina del animal.
El académico sostuvo que este tipo de prácticas refleja una conciencia colectiva de cuidado del entorno que, a su entender, debería fortalecerse en Uruguay.
La Academia también puso el foco en la necesidad de avanzar en la discusión legislativa. Perrier indicó que en abril de 2025 se presentó un proyecto de ley sobre tenencia responsable de perros, con especial atención a los potencialmente peligrosos, que hasta el momento de la entrevista no había sido tratado en la Cámara de Diputados.
La institución considera que los antecedentes reunidos justifican discutir medidas más estrictas para prevenir ataques y proteger a la población.
Un llamado a tomar medidas
En sus conclusiones, la Academia Nacional de Medicina sostiene que la cantidad de perros por habitante, la presencia de animales vagabundos y la tenencia responsable requieren una consideración urgente por parte de las autoridades.
La institución reclama medidas legislativas orientadas a controlar la población canina y reducir los riesgos para las personas, sin dejar de lado el bienestar animal.
Perrier aclaró que el pronunciamiento de la Academia no tiene carácter vinculante para otras instituciones, sino que busca aportar información y conocimiento a la discusión pública. También manifestó la disposición de sus integrantes a comparecer ante el Parlamento si son convocados para exponer los resultados de su trabajo.
- Una mujer se encuentra internada en CTI tras ser mordida por un perro pitbull de un familiar Avanzan proyectos de ley para mayor regulación de razas “peligrosas” de perro, pero se descarta prohibición Academia de Medicina señala que ley de eutanasia “debe respetar autonomía del sufriente y libertad del médico”