Acompañar a un niño desde sus primeros aprendizajes hasta el egreso del bachillerato obliga a pensar la educación en un horizonte que supera cada año lectivo. En Elbio Fernández, esa mirada de largo plazo se traduce en un proyecto que busca adaptar las herramientas y metodologías a cada edad sin perder un hilo conductor.
"Para ese mundo nosotros damos certezas: certezas en valores, en formación, en respeto, en lo emocional y en lo social", afirmó Enrique González de Toro, presidente de la Sociedad de Amigos de la Educación Popular (SAEP), institución civil sin fines de lucro fundadora del Elbio Fernández. Para el directivo, preparar a los estudiantes para un escenario que cambiará mientras transitan su formación implica brindarles herramientas para construir su propio proyecto personal.
"Tiene que ver con lo profesional, con lo laboral, con lo deportivo, con lo social, pero también con cómo potenciamos todos los sentimientos y las emociones", explicó González de Toro. Esa mirada integral atraviesa las distintas etapas de la experiencia educativa y se expresa de manera diferente a medida que los estudiantes crecen.
Un recorrido que se construye desde los primeros años
En Your Kinder by Elbio, la propuesta toma elementos del enfoque Reggio Emilia, que coloca al niño en el centro del aprendizaje y promueve la exploración, el juego y la curiosidad. "Es la etapa donde lo emocional, lo lúdico y los juegos tienen un papel fundamental. Todos los espacios enseñan y los chicos aprenden", señaló González de Toro.
Por eso, el aprendizaje no está limitado a la clase. El patio, la biblioteca o una pantalla táctil pueden convertirse en espacios donde experimentar, descubrir y construir conocimientos a partir de las propias iniciativas.
La enseñanza bilingüe también comienza desde edades tempranas y se incorpora de manera inmersiva a la vida cotidiana. "Aprenden dos lenguas de forma natural. Cuando se aprende jugando, se aprende más rápido y de manera más distendida", explicó.
Esa filosofía encuentra luego continuidad en los programas del Bachillerato Internacional (IB). El colegio ofrece el Programa de la Escuela Primaria, el Programa de los Años Intermedios y el Programa del Diploma, configurando un recorrido que acompaña distintas edades y momentos del desarrollo.
Para González de Toro, uno de los principales valores de esa propuesta está en la forma de aprender. Los estudiantes deben investigar, contrastar fuentes, fundamentar sus posiciones y construir conclusiones propias. Una capacidad que, entiende, cobra todavía mayor relevancia con el crecimiento de la inteligencia artificial y la disponibilidad permanente de información.
"Hoy el mundo está invadido de información que muchas veces no sabemos si es cierta o no. Tenemos que ser responsables en su uso, evaluarla y formar nuestro propio juicio", sostuvo. En ese sentido, la tecnología ocupa un lugar importante, pero no constituye un fin en sí mismo. "Es una herramienta para trabajar mejor, pero no sustituye el factor y el valor humano", resumió.
Una formación que también se construye con otros
Esa dimensión humana atraviesa también las experiencias que suceden fuera de las clases. El deporte, por ejemplo, forma parte del proyecto educativo por los aprendizajes que genera en torno al esfuerzo, la solidaridad, el respeto por las reglas y el trabajo colectivo.
La institución cuenta con campo deportivo y un nuevo polideportivo único en el país, con 5.800 m2, ubicado a pocas cuadras de su sede, con tres canchas reglamentarias, dos gimnasios y espacios deportivos y sociales. Allí se desarrollan desde actividades de los estudiantes hasta encuentros entre familias y exalumnos. Para el presidente de SAEP, ese sentido de pertenencia, de comunidad, es otro componente central de la experiencia educativa. "Los vínculos que se generan en esta institución son vínculos para toda la vida", afirmó.
La comunidad se extiende así más allá de quienes actualmente transitan las aulas. Estudiantes, docentes, familias y antiguos alumnos participan de actividades culturales, científicas, deportivas, recreativas y comunitarias que prolongan esos vínculos a lo largo del tiempo.
Con 157 años de trayectoria, uno de los desafíos del Elbio Fernández es combinar una identidad histórica fuerte con necesidades educativas que cambian cada vez con mayor rapidez. Es la articulación permanente entre tradición e innovación.
Para González de Toro, preservar ese legado no significa mantenerse inmóvil. "Lo importante es no quedarse en el tiempo, sino recoger ese legado que fue siempre innovar y pensar en el largo plazo", sostuvo. Eso implica actualizar propuestas, capacitar docentes e incorporar nuevas herramientas.
Los resultados del Bachillerato Internacional son una de las referencias utilizadas por la institución para evaluar ese proceso. En los últimos años, el colegio alcanzó 100 % de aprobación en English B, Literatura y Monografía, mientras que en Matemática sus resultados se ubicaron 23 % por encima de la media mundial.
Aunque para González de Toro el objetivo final excede los indicadores académicos. "Queremos que nuestros estudiantes puedan insertarse en el mundo en cualquier actividad, pero con bases sólidas de conocimiento, valores, respeto, solidaridad y libertad para pensar".