Las prioridades de las familias no son exactamente las mismas que hace algunos años. A la exigencia académica y a las posibilidades de continuar estudios dentro o fuera de Uruguay se sumaron con más fuerza el bienestar, el acompañamiento y una formación que no se limite a los contenidos. El Liceo Francés Jules Supervielle lo entendió y por eso busca responder a esas inquietudes a lo largo de una trayectoria que puede comenzar a los seis meses y continuar hasta el final del bachillerato.
Thierry Greco, director general de la institución, resume parte de ese enfoque en una distinción que considera central: "No trabajamos en formar élite, sino excelencia". Y explica que el término “excelencia” no significa trabajar únicamente con quienes obtienen los mejores resultados, sino ayudar a cada estudiante a llegar lo más lejos posible a partir de sus capacidades, intereses y proyecto personal. El marco curricular de la institución es exigente, pero se adapta a cada estudiante y lo acompaña durante todo su recorrido: "La autonomía no significa 'te arreglás solo'. Significa acompañar", acotó el director.
El Liceo Francés de Montevideo pertenece a la red mundial de los liceos franceses en el extranjero (Agencia para la enseñanza francesa en el extranjero). Esta fundamental característica y su vasta trayectoria de casi 130 años le ha permitido adaptarse, transformarse y ofrecer una educación de calidad siempre con visión de futuro y solidez respaldada por su historia.
Idiomas y apertura cultural desde los primeros años
Ese acompañamiento al que hace referencia Greco comienza desde muy temprano. La institución recibe bebés desde los seis meses y, en esas primeras etapas, la experiencia educativa está mucho más relacionada con el descubrimiento, la confianza y el vínculo que a la búsqueda de aprendizajes formales.
"En primera infancia, cuidar también es educar", señaló María Laura Heguy, directora de Educación Inicial y Primaria de Estudios Uruguayos. La alimentación, el descanso, la higiene, el juego o simplemente animarse a probar algo nuevo también pueden convertirse en grandes oportunidades de aprendizaje. El trabajo con las familias es permanente porque, según explicó, conocer las particularidades de cada niño permite acompañar mejor sus tiempos y necesidades.
A partir de allí comienza también un recorrido lingüístico y cultural que se construye de manera progresiva. El español y el francés empiezan a convivir desde los primeros años. No se trata de sustituir un idioma por otro. Los dos pasan a formar parte de la experiencia cotidiana.
En primero de escuela comienza formalmente el aprendizaje del inglés, y más adelante el portugués.Pero, de acuerdo a Heguy, la incorporación de estos idiomas se hace "respetando los ritmos de cada chico y sus procesos de aprendizaje", para que resulte natural y significativo.
Para Greco la clave no está solamente en cuántas lenguas aprende un estudiante. "Se trata de una apertura cultural". Un idioma introduce nuevas formas de expresarse, debatir, ordenar ideas y comprender al otro. La exposición a distintas lenguas busca así generar cierta flexibilidad intelectual, para que cambiar de código, de mirada o de forma de razonar no resulte extraño.
Deporte, cultura y una idea más amplia de excelencia
Las actividades deportivas, artísticas y culturales son parte de la esencia de la concepcióneducativa que tiene el Liceo Francés. Hay fútbol, handball, hockey, básquetbol y rugby. También karate, ajedrez, danza, música y comedia musical, entre otras propuestas. Parte de esas actividades se desarrolla luego del horario de clase y está integrada en la currícula.
"No queremos que se nos reduzca a la excelencia académica", señaló Greco y agregó que el deporte, por ejemplo, puede enseñar bastante más que una técnica o una competencia. Los alumnos practican, pero también aprenden reglas, trabajan en equipo y pueden asumir otros papeles. En algunas experiencias pasan de jugadores a árbitros, permitiendo así el desarrollo en todas las áreas de una misma actividad.
Varias de las propuestas son mixtas. Para Heguy, allí también se ponen en juego valores que la institución busca llevar a la práctica cotidiana, como la igualdad, la convivencia y el respeto. Y, además, agrega: "Buscamos que el bienestar físico y emocional esté muy presente".
El punto de partida de cada una de esas actividades es el mismo: que el deporte, el arte y la cultura también participen en la construcción de personas capaces de relacionarse con otros, cuidar de sí mismas y encontrar espacios distintos para desarrollarse, coincidieron sus directores.
Elegir un camino también se aprende
La orientación vocacional no comienza, estrictamente, cuando un adolescente tiene que elegir una carrera. Antes hay un trabajo sobre la autonomía, el criterio y la capacidad de decidir.
En Secundaria ese proceso se vuelve aún más concreto, acompañado por referentes, profesores y psicólogos, además de instancias grupales e individuales. En noveno año, las pasantías acercan a los estudiantes a ámbitos profesionales y pueden confirmar una vocación, abrir una posibilidad que no habían considerado o mostrarles que aquello que imaginaban era o no lo que esperaban.
Desde la institución educativa trabajan “para que los sueños de los 8 años se conviertan en un proyecto”. Transformar uno en el otro supone conocer qué exige cada elección y poder asumir ese esfuerzo sin renunciar a la ambición: “Eso significa en algún momento enfrentarse a la realidad y decir ‘Si quiero esto, tengo que esforzarme de tal y tal forma’”, culminó.
Ese aprendizaje se construye de manera gradual desde mucho antes. También por eso, el pasaje entre las diferentes etapas de la trayectoria escolar en el Liceo Francés está deliberadamente marcado: desde los primeros años de la primera infancia y a lo largo de los diferentes niveles de la Maternelle, al ingresar en Primaria y, más adelante, el pasaje a Secundaria, cada etapa implica nuevos espacios, nuevas responsabilidades y mayores niveles de autonomía.
Para Heguy, acompañar a un estudiante durante tantos años exige cercanía y conocimiento de sus procesos. "Buscamos acompañar no solamente su crecimiento como estudiante, sino también como persona", señaló. Eso implica que valores como la empatía, el respeto o la aceptación de la diversidad no queden únicamente en el discurso, sino que aparezcan en la vida cotidiana de la institución.